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Oscar Portela
Nacionalidad:
Argentina
E-mail:
Biografia

HORROR VACUÍ
POR OSCAR PORTELA


a Luis Arias Manzo

Aunque tu verano, tiñas con tus olores y tus lluvias,
Lenguas de fuego, océanos de sueños, retornos de aleluyas,
Deseos y osadías de ser más, siempre más que la nada
Que diluye en trivial hastío las formas de existir, los ditirambos,
Los sonidos y rizas de una vacía juventud profana,
Viene hacia todo aquello que aparece, el horror de la nada,
El vacuo resplandor de las delicias, y la caída, y la torpe en el
Abismo de los años que pasan junto a ti, como el río, que llevas
En el alma y no repite sino el nunca más, la no revocatoria,
La libertad y el mal que se agazapan, para mostrarnos sus feroces zarpas.
No hay poesia acá, ni música salvifica, ni órganos que rasguen
La aletea del abismo locuaz , con que la nada oculta sus designios:
Horror vacuí, trivial desierto que crece en nuestras bocas,
Ya llenas de cenizas como cantos, de sirenas, tritones y de endriagos,
Aquellos mismos que un día no lejano, serán nuestras mortajas,
Sin que nada, pueda evitarlo nunca, la paz, la paz, anterior a la huella,
Y a toda violencia que lo trivial incuba y lo vacuo en arena de desierto
Convierte sin que nunca huella alguna, hable de la presencia de un pasado.

Oscar Portela
Corrientes- Argentina
Enero 2006


IFidelidad
a Susana Canevaro

Me has llamado, inaudible era entonces
el soplo de tu voz, mi nombre un arabesco
grabados sobre \'pindoes\' y \'lapachos\',
florecidos duraznos o moras y laureles
y yo acudí a tu encuentro, todo inocencia el
fatal destino, y desde entonces,
en cárceles oscuras y desiertos,
en radiantes salas, solo, oscuro,
volé hacia tí sin que nada ni nadie
se opusiese al encuentro. Deje todo por tí.

Más tú exhalabas en mi yerta boca
el aliento inmortal que no perece, y
que al final deste camino incierto,
en corona de espinas tranformado,
se hacen uno-conmigo!

Nada se opuso a la virginidad del verbo
que ha venido de celestes regiones,
se aposentó en mi oído, y en idos tiempos
cantaron ruiseñores!

¿ Ha llegado ya el tiempo de la ceniza y el vacío ?

¿ Que mas podría yo ofrecer questa carne
que mancillé en tu nombre y el deseo de Ser
Alma Inmortal, diciéndose los nombres
que tú dictabas, en sueños y vigilias ?

Todo está dicho ya. El cementerio de palomas
frente al tranquilo mar se extremece
y te nombra. Y no temo el final.

Sobre tormentas volé hacia tí. De sepulcros
volví por tí y el rito se ha cumplido.

¿ Que misteriosos hados pusieron en mi cuna
la flamigera espada, que hiere y que golpea?
Bien, la ténue despedida,
sin truenos ni relampagos, se cumplirá en silencio,
pues silencio eres tú, y silencio soy yo.

Sin despedidas, en nombre de los muertos
que cumplieron tus ordenes
y se entregaron sordos a tus dones y escarnios
yo te digo hasta pronto.

Tal vez, tal vez, ya descarnado el cuerpo
en aras de tus alas, vuelvas a mí otra vez
transfigurada. El tiempo a terminado.

Y si de nuevo me llamas por mi nombre
y me dictas endechas no cantadas aún,
el pasado engañoso, pueda ser revocado.

El momento de partir a llegado.
En nombre de tus fieles me despido de ti
y del carnal recinto que me asfixia.

Eterno es todo devenir. Y eso eres tú.
dador de mundos y de ángeles.
Poesía bellísima.

Oscar Portela
10 de mayo del 2005


pindó, lapachos, arboles de la región en lengua guaraní

ELEGÍA
A Alicia Dujovne Ortíz, en la lejana Francia

Toma de mí lo que va a desaparecer,
tómame, vigílame como desapareciendo,
fiel vacío de un perfume extinguido,
pura ausencia abismada en lo innombrable,
︽h! vacilante sombra en el crepúsculo,
vacíame en la memoria de mí,
en el abismo de mi propia locura.
Toma de mí lo que se dicta,
la profecía de un pasado que viene
de lo no acontecido y llama con la fuerza
del fuego, su pabilo entre ruinas,
los simulacros y fantasmas grabados
en lo profundo
de mi llagada lengua. Toma mi voz para
dejarme, los nombres que me dicto,
tu sombra enturbiándose entre
sombras, toma otra vez mi voz, mi cuerpo,
la fría mortaja de la memoria,
y levanta el líquido de las horas
para escanciarla en tu cansada boca,
luego olvídame, vacíame, escándeme.
Yo hice tu alma a imagen de mis dudas,
alma mortal, poesía.

COMO VELETAS

Solísimas, traídas y llevadas
Hacia ninguna parte, señalando
La Nada, la herrumbre, la Soledad,
El infinito viento de la tempestad
De un tiempo que todo rayo
Convierte en nada, nada, nada...
Así nuestra alma, chirríate, como una
Veleta solitaria, de una plaza
Insomne, abandonada, de un templo
Con voces apagadas y con umbrales
Pálidos y cirios consumidos,
Así las huellas marcando un ángulo
Dirigido como triste Veleta
Hacia el rumbo de vientos
Que abren preguntas acerca del
Destino, mientras Vosotras Veletas,
Como insomnes testigos, abandonadas ya
Como serán las huesos del mortal,
Custodiais las costumbres, las horridas
Horas de la vida, sus secretas penurias
Y el agua que, como a vosotras, solitarias
Veletas nos conducen
Hacia las últimas moradas, las soledades
Últimas que nos pondrán a salvo
De la feroz incuria del vivir.

Oscar Portela
Nov 2005. Ctes. Argentina.


biografia:

Memorias
por Oscar Portela
A Mariela Mioni


\'Abandóname infancia, Oh descíframe tus enigmas!\', grito del desesperado que no tiene respuesta, alarido sin eco golpeando contra la nada de la desmemoria y dispersión de los limites, que se hacen sombra, junto al viandante de la poesía. No me abandones infancia, que no tendría techo ni resguardo, aunque de tus oscuras fauces, broten ángeles y demonios.

Cuando el insomnio hiere los párpados, y la amannesis de la escritura -borrar las huellas, borrar las huellas, no ser sino el Otro de uno Mismo!-, pasar ligeramente, sin moradas, por la gran Estancia del Mundo, antes de que caiga la noche, yerra la cuestión del doble olvido y este vuelve una y otra vez en forma de madre, padre, hermanos, tíos que son padres y las imágenes siguen cavando huellas en los ojos ya casi secos de tanta lágrima derramada en el camino: sobre esto y no otra cosa, he escrito durante décadas; la imposibilidad del duelo, de cerrar las heridas, y de los radiosos daimones de la suerte vuelvan a sus guaridas, esto y sólo esto y no otra cosa. Y luego el desamparo convertido en fiesta del asfalto, la dorada adolescencia, el mito de esa aurora primordial que me alejaba sin saberlo, de las grandes y dulces aguas de las inmensas lagunas de mi pueblo, Loreto -más olvidado de si mismo, que esta sombra que aquí firma-, de las fosforescentes márgenes de los esteros bárbaros, de los corredores de la casa que Don Ignacio Portela y Delgado construyó allí nomás [como en la novela \'Los Tumultos\' de Maria Granata] junto a los viejos ranchones de mis bisabuelos o chosnos, y de mi madre Marina -que aun cuida y cuidará de mi- o de mi silencioso y casi ausente padre, Modesto Ignacio [ \'Roquiño\'] Portela Molina, [\'Roquiño\', porque para sus tías galegas se parecía a un San Roque pequeño], pero años que traían consigo temblores y desconocidas cadencias, nuevas imágenes, en esta ciudad que ahora, en esta navidad del 2005, silenciosamente se derrumba, como se derrumbaron hace siglos milenarios imperios.

Principado sí, coronas -o coronas de espinas que no se sienten-, porque el corazón estaba preocupado por laudar el rosa del lapacho –¡tonteras!- y predicar en el desierto su bitácora de agonías y danzas en torno de la muerte y el amor. Y Eros, hermano de la muerte, o la muerte sosteniendo a Thanathos, sobre su regazo, así lo veo ahora, ya ansioso por “lo vivido y encontrado”. Y luego aquellos padres míos en Buenos Aires, insustituibles, tan padres como mis padres que todo me brindaron, Amalia Lucas y Sigfrido Radaelli, Ricardo Mosquera Eastman [El Don Gualterio y Mendiburu y de las Casas de “A la sombra del buho\', de esa otra inmensa sombra iconográfica, que me cubre desde hace muchas décadas, de ser todo misterio, todo musa, ángel, duende, llamada Luisa Mercedes Levinson, y mi Ana Emilia personal, y mi Graciela Maturo, maestra de ceremonias de ingreso a la gran literatura, y la casta de filósofos amigos con Mario Casalla a la cabeza –aunque esto viniese después-, y el mundo de la traidora política –siempre hay un demos sin cracia-, y sus constantes asechanzas y las amistades particulares que se esombrecen durante el duro viaje, de un alma que no encuentra posada ni cuerpo en esta tierra baldía [ah Trackl, Artaud, Eliot] y mis iconos del cancionero popular –nunca olvidarlos y la “Patética” de Beetovhen, y sus sonatas, e Igmar, Visconti, Dreyer, Wyler, Tarkovki, Wajda, Kawalerowicz, que siempre estarán en los tres éxtasis del tiempo, en el pasado, hoy, y mañana, en clinica desierta de la memoria.

Tantos, tantos amigos perdidos a lo largo de los años y no dar vuelta la mirada hacia atrás, pues el hada blanca de la poesía, me dice, ahora, en que yo, Oscar Ignacio Portela Bofill, soy tío abuelo y padrino de Julieta Portela Jantus y de mis otras sobrinas nietas, Abril y Delfina, y hermano de mis hermanos, Raul Antonio, y Humberto Guillermo con sus tres hijos en volandas [pues el pájaro amarillo es mío] –nadie lo olvide, estoy aún aquí, entre ustedes, no sé por qué ni para qué, pues mañana deberé escribir otro e-mail a mi hermano virtual José Dasilva Navia, y nadie debe esperar en este mundo, menos la muerte, que, como el nihilismo, proyectado sobre nosotros, confunda sombra y cuerpo a escuadra en mediodía, para volvernos humo que se disipa en el crepúsculo.

POEMAS TRADUCIDOS AL ITALIANO:

COME DOVREBBE ESSERE

Tutto è finito: così dovrebbe essere.
Si fece cosi justizia. Soli negri
Nei suoi posti e il vento già
sparge le ceneri che guardavano le urne
della memória. Polvere sono ora
disperse tra frammenti delle ore
a occhio visto e torrenti di lacrime
In infinite notti illuminate per gelide stelle
In crudeli incubi che ritornano a me
E quel lupo, che affila i denti
dell\' estate, dove amori torbidi
incendiano l\'anima
confinata in lacune, in imagini barbare
E specchi d\' illusioni che riflettono
le ore, sempre indigenti
di tempo sepolto
Cosi dovrebbe essere: adesso che solo, che molto solo
faccio rime com gli spettri del sangue
che vengono di sotterranee orme
com spettri e anime, penso che le
domande non furono contestate
e che invano tutto fu: nemmeno l\'orrore m\'aspetta
libero sono di abbandonare il campus
che l\'angelus attinga cuori amati
confinati, sepolti fra vivi e morti
ombra tra ombre: fumo dell\'essere
Tuttavia mi inquietano l\'indigenti
frecce del destino
Oh, io, Oscar Ignácio Portela
sucessione discontinuata, bivaco di guerre
inconcluse, porto appena con me
la fame dell\'infinito, la parola assoluta
e l\'inerte abbandono della sorte impervia
come dovrebbe essere.

CIRCOLO VIZIOSO

E così, qui stiamo. In un non \'stare\'
E cosi, qui e dove,
Se non conosciamo la direzione?
Soli de albe ácide
Crepuscoli vuoti
Notti ripetute come onde
del mare e la stessa ricerca
per stretti sentieri - le stesse cinture senz\' ali
asfissiate per la passione dell\' assoluto -
lo stesso sterile eratico godimento
e lo spasimo que comunica
con le pulsazioni di vita
al destarsi de un sogno circolare
come di un uccello predatore
sulla sua preda e passa il tempo.
E passiamo noi, lo stesso
Istante e allora, qui stiamo
A nessuno luogo siamo andati
- l\' angolo muto e \'muto\'
treme sotto la mano
la spalla
ma le tue gambe , le tue ansie di volare
la tua spaventosa sete
che è la sete del vampiro
che desidera essere l\' Altro,
raggiungersi a se stesso
e essere ceneri
levate per il vento - lui stesso
essere che del niente fa, spazio cósmico e morata
domandasi: e allora, qui stò,
immobile davanti all\' eternità
e al vuoto del tempo
que non redime né l\'amore
né lo spavento, né il vuoto
più fondo que il vuoto,
fin qui siamo arrivati
e da qui eravamo partiti
Soltanto i marfilinei denti
Sono luminosi riflessi
Di iridiscenti lune
Que oggi dissanguano domande
Come quella que dice:
E cosi, que facciamo oggi
Fratelli?
Fin qui siamo arrivati.

ACQUE CRISTALLINE
Oscar Portela - luglio di 2003

[a Zoe Arroyo]

Un mormorio di cristalline acque
odo nel mio cuore: sotto di me
cuore di bambino e príncipe dei
verdi prati che percorrevo
col mio cavalo bianco, con il
quale attraversavo i sogni
dei cieli più torbidi
o dei desiderii più azzurri,
aldilá, dell\' eredità perduta,
la vera pátria che alle volte ritorna
a gemere in me,
già detronizzato, e morto il mio cavalo
ma l\' acque pure, cristalline,
suonano nell\' udito e miei canti,
lanciati adesso per l\'angelo
che di lontano, mi dice, continua
l\' ode della vita, il ponte
che conduce da questa porta stretta
all\' ampio cielo che solcava
certa volta e già con me
anche se io lo ignori. Così mi dice
Zoe, e malgrado le foglie dell\' autunno
io continuo.

LEGGEREZZA
Oscar Portela [Marzo/2004]

Lievi come la spuma
del mare-amore, lievi
come il soffio aureo
dell\' alito che insuffla
vita al deserto
dello spirito:
lievi come la gioventù
lievissima, senza la croce del
passato che lapida
i nomi e sopra
al quale corre il mare,
né gli occhi ombrati
per il sole lanciati
fino al futuro
lievi, cosi cosi lievi
come l\'istante
che fugge
senza che nessuno lo avverta
lievi, lievi, lievissimi
fra spasimi agonici e sogni
che promettevano estasi
e aure, dove giacere
desnudati e purificati
lievi, lievi, lievissimi
stiamo, stavamo
durante alcuni istanti
qui, in questo mondo
mentre il sole cadeva
sopra la arida terra
riempiendosi de ombre
Qui, qui, lievi, lievissimi.

Traduzione: GILDA PERLINGIERI SIMONINI
Nasceu em Nápoles, Itália, em 07 de maio de 1923. Formada em Magistério em La Spezia, vive em São Paulo, Brasil desde 1948, onde constituiu família e se dedicou, desde então, ao ensino da Língua e Cultura Italianas como também ao trabalho de tradutora. É grande apreciadora da leitura: poesias, romances, biografias, tanto em português quanto em sua língua de origem.

 

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