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Patricia Gutirrez-Otero
Nacionalidad:
México
E-mail:
Biografia

CONCIENCIA I

¡Cómo aqueja el vacío las riberas
cuando el río ya no llega y no besa
las playas anegadas por su ausencia!

Buscan los labios de las tercas olas
el impetuoso cuerpo apasionado
y lamen su recuerdo acariciando
su exigua huella en un vacío cauce.

La soledad inagotable del mar
es un lamento que a la noche preña.

¡Ah, razón razonante, que doblega
el fluido correr y lo encapsula
en metálicos tubos de cemento
de dura rectitud bien orientada!

¿Y los dos cuerpos que anudó el deseo
sin preguntar por qué ni para qué?

Si el río se lamenta, muere el mar,
aunque en temibles noches se subleva,
memoria huracanada que arrodilla
lo pequeño y le muestra su medida.

¡Mira!, se eleva y juega un viento alado.

Patricia Gutiérrez-Otero
27 de febrero de 2002


CONCIENCIA II

Viento,
aire huracanado o brisa,
hincha las velas,
arrástralas a altamar.

Sopla,
consolador de naves encalladas
en las arenas bajas de las bahías,
junto a ballenas agonizantes
y conchas rotas hace mil años.

Se encrespan las aguas,
los marinos se desperezan,
planean bajo las gaviotas,
se eleva un papalote ya sin cuerda.

Hincha el velamen,
Paráclito,
la madera anhela aguas hondas, sin fondo,
donde nadan anguilas fluorescentes,
peces iluminados por luz propia.

Empuja,
aliento,
arranca el ancla oxidada.

Patricia Gutiérrez-Otero
27 de marzo de 2003.


CONCIENCIA III

A Alfredo Hurtado

Hay razones del corazón que la razón no conoce
Blaise Pascal

Rauda oscuridad usurpadora
que me deja desnuda, sin asidero,
recién nacida que un arcaico mundo espera.

En esta tiniebla tan poblada
me quema el brillo de tu ausencia, luz,
y mi negra retina se expande, amorosa,
mas sólo la acogen
los brazos negros de la noche
y su voz inaudible que murmura:

“¡Ámame!, en mí nadarás hasta la fuente.
Soy bella, deja que acaricie tu piel desnuda.
Azabache soy, mas hermosa,
en mí aprenderás
la cifra de la muerte y la vida.”

Triunfo efímero de la luz que vencida cede
y me deja arrastrar por el vértigo.

Me sedujiste, noche, y me dejé seducir;
negra soy ahora, como mi retina negra,
como tu profunda realidad que nadie ve
y que la luz esconde para que Moisés no tema.

Presurosa oscuridad invasora,
abrázame, pues, y llévame hasta el fondo,
al lugar del torrente, de la caída,
del vuelo inexplicable sobre un mar fosco.

¡Ah, negrura de marfil, luz de ébano,
que negra yo, en ti me pierda!

Patricia Gutiérrez-Otero
9 de enero de 2002.


Cayó el alfil ante la reina negra,
la playa sucumbió ante Neptuno,
se arrodilló ante Dios el caballero.

Palpitante, la orla del vestido
delataba el latido de tus venas.
Él retorcía sus inquietas manos
balbuceando palabras sin sentido.

Los muros, uno tras otro, caían,
se colmaban los fosos,
descendían las lanzas,
al ardor del sol se abría la llanura.

Patricia Gtz-Otero
19 de agosto de 2004


A Frank Loveland

Mi niña, de ojos grandes y melancólica tristeza,
que se agazapa en niño y ataca con maledicencia, humor, picardía.
Mi niña que el regazo busca, el aplauso, el deseo, el servicio.
Niño que muestra los puños del intelecto y goza las palabras y apuesta por la anarquía.
Niña de cien rostros, niño de mil caras,
seres sufrientes como el gusano y la mariposa,
y como la noche y el día, y la gata y el gato que la pasión une y desgarra.
Niño de mil imágenes.
Niña de mil sombras.
Naciste al compás de la aurora,
y un hada madrina, malévola, cambió los planes del cosmos.
Me sufro en ti, como callada testigo de una afrenta y de un sortilegio:
te llevo como uno lleva la sombra de lo que pudo ser.
Mi niño, mi niña, que no eligió ser lo que era, y es lo que es con gallardía y pena.
Ay, y lloro contigo, y contigo me desgarro y me desangro: sangre de mi sangre, luz de mi aliento, llanto de mi cuerpo.
Te amo como se ama la palma de la propia mano
llena de caminos que se cruzan y entrecruzan,
que definen y permiten.
Mi niño, mi niña, que no son míos, de quien yo no soy.

A Javier Sicilia

Como agua prisionera
de un dique inamovible
-nadie ha visto la grieta
oculta bajo helechos-,
como el ave encerrada
en una jaula estrecha,
como el grito que ahogan unos labios
y el llanto en la garganta,
ardiente y calcinada,
en donde se abre un hueco
que nadie y nada llena,
como audaz trapecista
que por amor suspira
y suelta, ay, la mano
tendida en el vacío,
así y más y más
se extiende el mar de tus palabras muertas
que enamoraban ruidos
y en mi oído ordenaban
el mugir extraviado de los toros,
de las aves, el canto amenazado,
aletear de palomas en la urbe;
palabras que volaban sin pudor
del amado a la amada
y el canto de la amada hacia el amado;
la incesante pregunta, la anhelada
respuesta; la presencia sorprendente
de los ruidos del mundo
en la alegría dicha,
en los goces pedidos,
en la voz refrescada por mi río.

La palabra es un lazo
entre seres prohibidos.
Tú lo sabes, Jean-Pierre,
igual que Salomón,
igual que cada amante de la historia
excepto el que cedió
su derecho a las leyes,
y al amor encerró en un monasterio
y al que todo lo pide abrió las puertas.

¿Quién me robó la voz de tus palabras?
¿Quién encerró los mares
tras prudentes murallas?

Oye de la marea el cruel bramido
que golpea el corazón de Ámsterdam.
¿Has mirado esas noches turbulentas?
En las olas del mar triunfa Eloísa.

Patricia Gutiérrez-Otero
1ero de mayo del 2002


Biografía:
Patricia Gutiérrez-Otero

Breve biografía o líneas de vida:

Me llamo Patricia Martha Gutiérrez-Otero López. Mi madre triunfó sobre mi padre para que el nombre romano precediera al judío.

Nací casi junto con la Revolución de Cuba, pero en la metrópoli más grande del mundo o, por lo menos, de Latinoamérica: le llamaban la Región más transparente: ahora el smog la cubre con una capa grisacea, aunque aún la rodean magníficas montañas y dos volcanes enamorados: el Popocatepetl y el Ixtaccihuatl.

Mi búsqueda me sacó de México y, con mi mochila, llegué a Europa. Durante 13 años vivi, viajé y estudié allá, la pasión por saber y por el Otro me llevó a entregarme a la teología. Al regresar, caí, por accidente o por destino, en la ciudad donde Malcolm Lowry escribió su famosa novela Bajo el volcán, lugar de la eterna primavera donde estuve otros 13 años, ahí tejí lazos de amistad e inyecté mi sangre en una bella revista, hija de un gran amor: Ixtus, fundada por Javier Sicilia, de ahí salí con mi soledad, mis hermosas heridas y siendo ciudadana mexicana y subdita, ya, del rey de Bélgica.

Desde hace un año vivo del otro lado del volcán, de los volcanes, del Popo y de la mujer dormida, que cubren con su tamaño la amplia superficie de sus alrededores. Puebla es otro mundo: mi refugio, la Universidad donde trabajo y los textos que leo, traduzco y escribo [la revista Siempre! me abrió sus puertas desde hace muchos años].

Las letras me acompañan desde mi infancia: novela, poesía, y, poco a poco, la teoría teológica, filosófica, literaria y demás. Las letras son el mar en el que nado; mi océano: Dios.

pgutierrez_otero@hotmail.com

 

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