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Rosario Orozco
Nacionalidad:
México
E-mail:
Biografia

Tu silencio

Una noche en que la luna crecía,
llegas tarde por cierto,
una llamada, ¿sabes quién es?
No, pero imagino,
no importa, lo que sientas
allá quedará intacto,
es sólo compartirnos por el placer,
por Venus
por Nezahualcóyotl
por las incontables lunas de deseos mutuos,
sales del cuarto, mío es el desconcierto
regresas,
no espero explicaciones
tocas mi espalda,
vas presuroso al encuentro
de marinas profundidades,
acaricias mi poesía, tu flor del amor
me predices,
iluminemos esta noche,
con el deseo y el verbo
una noche complicada, dijiste,
de una y mil formas y contenidos
calzamos la corteza del límite,
fui hoguera,
y tú, antorcha en la oscuridad del camino,
una flor renace muy muy dentro de mi
fue tocada por tu flecha,
soy de él, pensé,
como si posesión y sexo fueran indisolubles
[lindo paradigma aprendido de la moral burguesa]
serás mi luna en el desierto,
fuego y río incontenible,
la ausencia y tu silencio hoy me carcomen,
llegarán mis dedos a la reserva de tus manantiales,
eres de mi, en la pasión del pensamiento
el placer se vuelve recuerdo,
la esperanza renovará las creencias absurdas e inconexas
de renacer en la esencia de tu ser, de tu palabra…
gracias amor, por tu silencio,
por tu ausencia que no es, porque vas y eres en mi ser,
desde antes de aquella noche
cuando la luna crecía…

Vicio

Este vicio mío de pensarte
me arroja a dejar en palabras esto que lees,
por las noches te he sentido conmigo,
como si fueras desde siempre,
mis sentidos resucitan en la esfera del deseo,
de ser contigo en la perpetua agonía de los que mueren
porque así lo eligen, cada instante, amor,
cada noche en que estás entre cuatro paredes de silencio,
llegas a explorarme, investigador hambriento del conocer
te dejas sentir cuando acaricias despacio mis torres
para abrirlas
y buscar mi cereza roja que ansiosa te espera
poco a poco se irgue
para sentir el deslizar de tu lengua
por mis pliegues blancos,
me gusta tocarte y sentir tu cabello,
los vellos de tu barba como dulces alfileres
en la espesura de mi vulva
que pronto estallará
entre gozosas humedades de lluvias saladas,
elixires para tu boca.

Una vez conseguida la ansiada muerte pequeña,
subes mis montes deslizas tu mástil
en mi cueva que te espera todavía
entre los estertores de vaivenes
que suaves recorren mi cuerpo,
soy contigo una vez más,
siento la violencia sensual de tu vientre,
toco entonces tus nalgas para variarnos amor,
quiero también poseerte
y gozar de tu ascención en todo su esplendor,
mis caderas se unen a los movimientos rítmicos
de esta danza sin fin, así
cabalgaremos al vacío, al eterno precipicio
del encuentro sublime de dos almas unidas
en la energía amorosa de dos cuerpos.

Quiero contarte…
Para Elisa Iñiguez

Quiero contarte, sobre cómo nos fuimos quedando acá en tu ausencia,
el tiempo pasó y no alcanzó para agradecer las enseñanzas que me diste sin decir,
en el silencio de la reflexión.

Me hablaron de ti cuando ibas acariciando el sueño americano, desafiando familia, hijos, entorno. Ahí aprendí a guiarme por mis instintos. Tus cartas llegaban invadiendo de alegría los ojos de mamá. Las leía despacio como queriendo encontrarte en cada letra, buscándote en cada palabra, sabíamos de duros trabajos, de familiares abusivos y tus amistades en el job.

Fuiste con ellos sí y los conociste entonces desde dentro. Te ayudó ser como eras, defendiste tu origen ante la pregunta inquisitoria del border patrol, Américan?,
No Mécsican, respondiste dos o tres veces ante el desconcierto del vigilante gringo.

Tu regreso significó alegrías duraderas en viajes de risas y tardes de lotería porque entonces nos reencontramos con la felicidad que a nosotros se acercaba y la hacíamos nuestra en la sencillez del rancho en la ciudad.

Extraño también tus alteñas palabras, las leyendas y mitos cargados de sabiduría, entonces supe de serpientes traicioneras que asaltaban pechos amamantadores y dejaban rojos lunares en la boca de los escuíncles descuidados por mamás dormidas.

Mitos de cristeros, haciendas perdidas en nombre de ¡Viva Cristo Rey!, convertidas luego en chozas de pobreza, campos sembrados y en el cielo siempre ajena, la luna rechoncha, presagio de regeneraciones.

Ahora aquello es abandono, soledad, porque en La Capilla de Milpillas City, los hombres se van puro Norti,
y se subliman en pintores que regresan para buscar dónde mojar su brocha, decías,
dejando desolado el pueblo y a las mujeres en espera del amor que luego, nunca regresa.

Añoro tu presencia como llama del hogar, fuego de Prometeo, brasa alegre que perdura a través de tus enseñanzas, plantas, pájaros y limpieza.

Todo se ha vuelto recuerdo, tu risa, tus regaños, en tiempos que fueron buenos y santos, con tu cobija portadora del amor maternal para todos los tuyos.
Te extraño.

biografia:

Rosario Orozco
. Lic. en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. Actualmente cursa la maestría en Linguistica Aplicada en la misma Universidad, ha participado en diversos encuentros de poetas internacionales y nacionales, ha publicado el poemario: Variaciones y alas de la sin razón, en varias revistas nacionales y del extranjero. Dirige la revista Va de Nuez Literatura y Artes, desde 2005 a la fecha.Ha sido antologada en los poemarios: Mujeres poetas en el pais de las nubes en 2006 y 2007, en la antologia Sentimientos editada por el H. Ayto. de Nogales, Sonora.

maram2525@hotmail.com

 

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