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Robert Jara Vlez
Nacionalidad:
Perú
E-mail:
Biografia

Lejos, lejos la nostalgia te mata.

No hay como la quincha
No hay como la sangre. Allí todo dolerá menos que a la distancia

El desaguadero del corral será un rió de libélulas

las moscas huyen al olor del floripondio

El arrocito blanco viene con chupe de camarones

¿Cómo es que oigo risas fidedignas cuando me traes sonrisas leves
distancia
cómo es que fabricas esas humitas esas chancacas con la pena ?

I
El arado quedóse atrás, añorando surcos, morenas trenzas que jamás se besan. Azucarados labios que exhalan aromas y memorias. La añoranza grafica surcos en la tierra.

Alforja aliviana en hombro rudo, en hombro callo, al sol, a trote. El grano saborea porvenires de raíces. La tuza, muerde lutos nocturnos, se ufana con las ollas, coronta, con la leña.

El grano revienta, revienta. Poncho verde silba zampoñas, silba. Un sudor se obesa, el jolgorio se preña. Dientecitos de leche. Hum, humitas, cantan barrigas al sol, al sol, amarillear, amarillito, diente de oro, olorcito a tamal.

Ya no hay trenzas, ni labios morenos. Un maíz olvidado aguaita el arado oloroso.

II
El sol cae de mi pupila en húmeda nostalgia. El adobe con sus ojos telarañados, con sus ojos de folklórico silencio no deja que se cuele una risa... Y fiestea: no ve más en mí adobe que me desmoldo y que no vengo de su gavera, aunque añoramos lo mismo, ese gente, esa tierra...

Añicados huacos, cántaros y paicas, murmuran en un olvido. El maicito solea en el seco lomo de las cañas. Huele a chicha, a tierra guardada. Mamá despioja los granos, pensativa. La tarde me pelea. Los cayos, los callos tienen la edad de la azucarada nostalgia.

III
Madrugamos cantos de gallos.

El campo es rajado, herido, sin queja. La fiesta relincha. Yunta, ojo de río, aroma colgado en la historia matutina. Plañe en pleno pulmón de la faena. Yuntero sin coca, sin chicha. El sol rasguña más rudo que a las once.
Yunta: !hermosura de poncho moreno, mil bíceps cabríos para el barro, sastre de ojos en madrugada venidera!

Ojea yugo madera, madera nunca santa, madera soberbia en cachos obsoletos. Yunta, clavo\'e yuntero, yugo bueno.

Silba, braman... canta, braman... piensa, braman.

IV
Cabecean los gallos, de pie, en el horcón del chamizo. La ollita de barro es vaho de comida. Mamá atiza la candela, la sangre. Papá, en su adobe, en su nuca, chaccha y afila su pala. Tejen y destejen memorias. Con su cuchara de palo, mamá, prueba la sazón colectiva.

La olla queda grande, muy grande; pero ya no conmueve. Comemos nomás arrocito que humea. Leves sonrisas a lo lejos se cuelan.

Junto al candil, en adobes, en pacas, en lo que se pueda, nos juntamos y desfilan la chacra, los muertos, la era chupada, la cosecha ilusoria, el nadie sabe para quien trabaja. El silencio suda demasiado. Mamá ronca, y pienso en lo mucho que ha muerto mientras juguetea la noche en la calle.

El gallo negro canta su hombría. recuerdo que de niño preguntábale a mamá si el gallo era negro debido al humo de la cocina: cojudito, el gallo es negro de pena.

5am: los candiles pierden su encanto nocturno.

V
Mamá mientras llora mastica un trozo de pan, un poco de arroz, un poco de sopa. Y siempre, desde siempre, alguna lágrima húndese en su boca.

Ve hijito, anda, juega. No, mami, no quiero. Ve, afuera están jugando a las escondidas. No. Yo quiero estar contigo. Ve con tus hermanitos...

El fuego lento garabatea sombras largas en los pálidos adobes, en la quincha. El viento afuera le soba la panza a la noche. El jacarandá es un rondero de la ranchería. Un perro ráscase las pulgas, gangosamente ladra., su ojo opaco alumbra como ojito de muerto. Yo no quería ser invadido de tumulto. Yo no quería ver más la ciudad que desfallece a lo lejos. Yo no quería, o yo no podía, dejar de ser un guaco melancólico. Mis hermanitos se escondían de las sombras, o quizá del viento. Afuera el ampay no era más que un pretexto.

VI
El sol pellizca al gallo. Y el murmullo del maizal llega a orear las sabanas de mil retazos, arcoíricas, que la escasez cotidianamente ha zurcido.
Mi cintura implora más oscurana pero el tragaluz avanza a la alborada. No papá, haragán de mierda, no. Mi pecho retoza con el aroma del arado, pero mi panza añora engordarse de hojas pa´ no temerle a la alborada venidera. Mi cintura arde, papá, como arden los pajonales. Mujo como toro con yugo, frotado, fajado... Giro en la pampa como las lechuzas la cabeza. Respiro la canción del algarrobo que ha crecido al pie de nuestra guaca.

biografia:
Robert Jara Vélez

Nace en Guadalupe-Pacasmayo-Perú [nov/69]. Se gradúa como Físico Matemático [Universidad Nacional de Trujillo, 1996]. Publica el poemario casero Cantata al Silencio [1996] El \'98 viaja a Puerto Rico, donde realiza una maestría en Ciencias Físicas, y completa estudios doctorales en Física Química. Publica en Singuayuco, en El Sótano 00931, en Tonguas, en Los rostros de la hidra [antología], en Edición mínima [edición tradicional]; en Salsapaca, Revista voces, Club de libros, Ciberayllu, Puente Aéreo, Gambito de peón, No-retornable [edición cibernética]. Es miembro del colectivo literario puertorriqueño El Sótano 00931, del grupo literario Namul, del centro cultural Runakay, y de la Asociación Internacional de Músicos Andinos [AIMA]. Trabaja, desde los \'90, por el rescate y revaloración de la identidad cultural de su pueblo. Es webmaster de la página oficial de El Sótano 00931 [www.elsotano00931.com]; y de la página no oficial de Guadalupe, un tributo hilvanado desde el sinsabor del autoexilio [www.geocities.com/guadalupe_digital/] Actualmente reside en Perú, donde ejerce la docencia universitaria.

tonko@hotmail.com

 

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