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Gustavo Solrzano Alfaro
Nacionalidad:
Costa Rica
E-mail:
Biografia

Fijeza de los trenes

Hazme humano, oh noche, hazme fraterno y solícito.
Sólo humanitariamente es posible vivir.
Sólo amando a los hombres, a la acción,
a la trivialidad del trabajo.
Solo así -¡ay de mí!-, sólo así es posible vivir.
Sólo así, oh noche, ¡y yo nunca podré ser así!

Álvaro de Campos
“Apuntes”


-I-

Me vengo fijando desde hace mucho.
Doy vueltas,
acaricio cada contorno de piedra y sal,
y yo me fijo y no hay nada.
Nada que pueda hacerme sentir de otra manera.
De otra forma menos ligera y tranquila.
¿Te has fijado?
Mira cómo puedo quedarme:
fijo en un punto,
en un punto sin salidas ni senderos,
sin otra aspiración que quedarme sentado,
esperando,
hastiado de mí mismo,
como una estatua, un lecho,
un árbol sin ramas ni raíz.
La fijación se me vuelve una angustia
y la angustia una apatía
y la apatía empieza a enojar mis manos
y mis manos también se quedan mudas,
fijas y absortas,
moderadas y abiertas.
Deambulo por estas calles
con los pitos de los carros
queriendo fijarse
en mis oídos.
Y me quedo fijo de nuevo:
fijación siempre.
La fijación no es un instante.
La fijación es toda la vida.

-II-

¿Por qué te quedas en el portal de mi puerta?
¿Por qué no entras y platicamos de nuestros hastíos?
Ya no puedo soportar más verte ahí
de pie, esperando,
solapada en el umbral de mi puerta,
cavilando mi defunción,
tomando medidas
para el traje que habrás de hacerme en la mañana,
vestido de encajes como el de la niña muerta.
Y mamá llama a todos a comer.
Y todos comemos
y nos vamos de nuevo a jugar.
Y el cartero insinúa palabras
que se quedan en ciudades
donde mis manos juegan a ser niñas,
y niños que pronto descubren
la delicia del hastío,
y entonces viven para él,
se alimentan de él y lloran con él,
y penetran a solas
los lugares donde yo estuve hace mucho.
Vamos, entra,
¿no ves que me canso de hablar solo?
La puerta,
tu figura carmesí
en la sombra de mi puerta.
No entras, tienes miedo,
todos tenemos miedo:
las personas que buscan
el calzado de su medida en tiendas equivocadas,
los señores apurados
que no saben que el tren hace mucho ha partido
y que la estación de tren fue clausurada
por unas manos ilustres
y por eso el tren nunca más regresa,
y sus esposas se quedan esperándolos
al otro lado,
sin saber que nunca llegarán
porque el tren fue clausurado hace mucho.
Y sus hijos ya son grandes y van a la escuela
y la maestra les habla de la historia de los trenes
y los niños no saben
que esa es la historia de sus padres;
de las personas que buscan trajes a su medida
en las tiendas equivocadas
porque el tren fue clausurado.
Y los niños ya son abogados y arquitectos,
y tienen en su puerta una mujer indecisa.
Y uno de esos niños, ahora grande,
convertido en abogado y arquitecto,
levemente susurra, cada vez más audaz
-porque ahora ya es grande y fue a la escuela y creció solo-
susurra a la mujer,
a la mujer detenida en el umbral de su puerta:
Por favor, entra, ¿no ves que triste y solo que me siento?
¿No quieres entrar?
¿Prefieres quedarte ahí en el umbral de mi puerta?
Y la mujer les responde:
Me vengo fijando desde hace mucho,
y ser el instante -efímero y eterno-
es lo único que puedo darte.
Y entonces el muchacho, ahora grande,
compra un tiquete para el tren de las doce,
pues ha olvidado que su maestra le hablaba
de que habían clausurado los trenes.

-III-

Hasta este punto llega mi hastío.
Hasta sus propios y desnudos límites de asfalto.
Solo sirvo para escribir que escribo,
para decir lo hastiado
que estoy de mí mismo.
Yo quisiera volver al mundo,
eso es todo lo que quiero.
Mundo, lejanía que se pierde.
No me encuentro,
no te veo, no veo a nadie,
y la estación del tren está vacía.
¿Qué me pasa?
¿No será todo producto de estas líneas
que no saben tampoco donde detenerse?
A veces solamente quisiera descansar,
sin estar obligado a escribirlo todo,
a pensarlo todo y a exprimirlo todo.
Palabras vacuas como todas las palabras.
Profetas de otros lugares
que a veces mi vista quisiera conocer,
pero si los conociera,
lo conocería todo y lo sabría todo,
y entonces el hastío sería otro.
El hastío de serlo todo
para siempre y hasta siempre:
dios seguro de lo que debe hacer.
dios al borde del pecado y siempre bajo control,
comprando en las tiendas correctas,
tomando el tren en punto
porque los trenes no estarían clausurados.
Y entonces podría decirte de nuevo:
¿Quieres entrar,
o prefieres quedarte al borde del camino,
dónde el mundo ya no es mundo
y mis manos no lo alcanzan,
dónde el hombre está perdido
y sus pasos no se escuchan?
¿No vas a entrar?
Y tu voz no me responde
y me quedo solo a la orilla del mundo,
y nadie me espera al final de la estación,
y yo pregunto por qué los trenes tan vacíos y tan quietos
y el mío que no llega,
y tu piel que se aleja,
y yo me quedo fijo, esperando,
como si algo estuviera a punto de ocurrir,
pero nada pasa
porque los mundos fueron clausurados desde siempre.
Y yo fijo, mirando la estación, tu figura,
mi propia fijeza al borde de los cielos.
Y nada ocurre,
y todo gira y permanece como si algo nuevo
estuviera por fin a punto de ocurrir.
Pero todo quieto,
y nada.
Nada pasa por el mundo.

Gustavo Solórzano Alfaro
De “La múltiple forma del delirio”


biografia:
Gustavo Solórzano Alfaro
[Costa Rica, 1975] es escritor, filólogo, editor y profesor.
En la Universidad de Costa Rica estudió Filología Española y obtuvo una Maestría en Literatura Latinoamericana.
Desde 1993 ha participado en recitales y ha organizado actividades culturales y artísticas, tanto en la escuela de Letras de la Universidad de Costa Rica como en los centros culturales de México y España,la Alianza Francesa, las Torres del Colegio de Costa Rica y la Galería D´Adriano, todo ello en su país.
Formó parte del Círculo de Escritores Costarricenses de 1993 a 1997. En el año 2000 fundó y editó la revista de teoría y crítica literaria y de artes Fijezas, de la cual se editaron dos números. Se ha dedicado a la carrera docente, como profesor de lengua y literatura, y actualmente se desempeña como editor filológico de la Dirección Editorial de la EUNED.

Obra

Poemas y ensayos suyos han aparecido en medios impresos y electrónicos en España, Italia, Estados Unidos, México, El Salvador, República Dominicana, NIcaragua, Costa Rica, Perú, Venezula y Brasil. Ha publicado dos poemarios: Del sudor de tus ojos [San José: Líneas grises, 1994] y Las fábulas del olvido [San José: EUNED, 2005]. Este último fue seleccionado como Libro de Poesía del Año 2003 por la editorial. Recientemente, ganó el Certamen Permanente de Poesía de la Revista Nacional de Cultura, n.º 54, por su poema “Fecundidad” y el poeta brasileño, Antonio Miranda, tradujo tres poemas de Solórzano Alfaro al portugués.
Próximamente, la editorial de la Universidad de Costa Rica [EUCR] lanzará su tercer poemario, \'La múltiple forma del delirio\'.

gsolorzano9@gmail.com

 

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