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Hugo RAMOS QUINTERO
Nacionalidad:
Colombia
E-mail:
hugoramo_54@hotmail.com
Biografia

HUGO RAMOS QUINTERO

No es un poeta de academia, ni un versificador a la moda, ni un concesionario de metáforas lastradas, ni de oropeles importados de algún ultramarino continente, para lectores anémicos y trasnochadores despistados. Su poesía es sencilla, transparente y fluida. Su estilo sin rebuscamientos, es el de alguien que camina erguido y de cara al sol, como lo hicieran sus antepasados, que todo lo dieron – incluida la vida – por su derecho a ser libres, incontaminados, y auténticos.
Hugo es polifacético: pedagogo, agricultor, historiador y poeta, si que también hombre cívico, dinámico promotor cultural, patriota desvelado y ejemplar padre de familia y en la república de las letras se le conoce por sus dos libros anteriores: UN HIMNO A LA ESPERANZA Y PASIONES, los cuales fueron calurosamente acogidos, por los lectores que tienen una noción clara de que la poesía –cuando lo es- debe tocar el alma y estremecer las fibras del espíritu.
La poesía no es algo de lo que se pueda prescindir impunemente. Alguien que tenía por qué saberlo dijo lapidariamente: “ La poesía, es la única prueba fehaciente de la existencia del hombre sobre la tierra ”, para significar que todo cuanto la humanidad haya hecho de grande, de noble y de perdurable, lleva el sello sin sombras de la poesía. Cuando alguien nace, cuando alguien triunfa, cuando alguien ríe, cuando alguien sueña, cuando alguien llora, cuando alguien muere, es la voz del poeta y sólo ella, quien puede expresar lo fausto del acontecimiento, o lo inenarrable de la tragedia. 
En SENDEROS 2004, Hugo Ramos demuestra palmariamente que las vivencias y los padecimientos personales y los del humano entorno, lo afectan sensiblemente y que al poeta que hay en él se le agiganta la voz y el estro se le engrandece para gritar su esperanza y avizorar horizontes de redención amorosa, allende las horrendas tragedias que entenebrecen el tortuoso camino de la patria y de la humanidad contemporánea.
Poeta es el que es capaz/ de hacer que los otros sientan/ que la vida es un poema/ que al alma debe orquestar.
Poeta es el que al andar/ suelta a sus sueños las riendas/ y asume que son sus piernas/ dos alas para volar.
Poeta es quien ilumina/ la senda del que camina, / con su lámpara ¡infinita!...
Y en alas de una metáfora/ escala cualquier montaña, / para cumplir una cita.

JOSÉ TRINO CAMPOS.


NIÑA Y MUJER

“...A mi hija Lilia Patricia...”

El tiempo traspasó las fronteras
Y te cambió, pequeña.
Dejaste atrás los juguetes,
Los personajes imaginarios,
La lonchera de colores,
El juego bullicioso
Y la sonrisa ingenua
De esos labios de niña.

Ya no juegas como antes
En las piernas de papi,
Ni a los árboles subes
Para robar los nidos.
No pides que te cuenten
Fantásticas historias
Pues las forjas tú misma
Entre la fantasía
De un mundo que a tus pies
Te mostrará la gloria
De nuevos horizontes.
Tu cuerpo no es el mismo,
Tu voz se maduró sonriente
Entre tus bellos labios
Y tus juegos cambiaron,
Son de fiesta,
De modas, sin piñatas.

Ya no llegas temprano,
Tus intereses de ayer,
Están en otra parte.

Tus padres ya no te importan tanto,
Mientras que tus amigos
Son todo para ti,
Tu presente y futuro,
Tu quehacer, tu ironía,
El juego del amor,
Lo bello y la utopía,
Un mundo diferente
A lo que fue el ayer,
Porque eras una niña
Y hoy, una bella mujer.



A MI PADRE

“Si en el infinito preguntan por tus versos, puedes decir que los sembraste aquí”

De paso por el sendero de la nostalgia,
he vuelto para verte y dialogar contigo.
Recordar a tu lado
todo aquello que nos juntó en la vida.
Alegrarme con tu sonrisa,
jugando con el verde paisaje de tus ojos
bajo la nívea bruma de tus cabellos octogenarios,
con la huella del tiempo.
Pero, no te encontré,
te habías marchado para siempre...
Recordé entonces,
que al lado de tu lecho,
te di el último beso sobre esa frente cansada,
sudorosa, tibia y moribunda,
con el calor final de tu existencia.
No volvería a verte.
No sentiría ya más
el mensaje ahogado de tu cuerpo deshecho.

Ya no escucharía los cuentos de hadas,
las historias de misterio,
los relatos picarescos,
ni las leyendas de los beatos ricos,
del duende y la llorona,
del pollo de tierra bajo la luna llena,
sentado sobre tus rodillas mientras saboreaba un guaro
en las noches de fatiga después de la jornada.
Quise mirarte de nuevo
con el machete campesino
recorriendo la estancia,
o bajo los cafetos jugando con la roja alegría de la cosecha.
Te busqué en la cocina,
en la despensa, en fin en todas partes,
pero no hallé las nasas de tu pesca,
el viejo rifle de tus cacerías,
ni el fiambre jornalero en el fogón,
después de que llegabas de la hacienda.
No estabas ya conmigo,
como en aquellas noches
cuando rezábamos el rosario para soñar un verso.
Cuando derramabas lágrimas
al pie de la camita de tus hijos enfermos,
o de mi madre a quien te fuiste a acompañar por siempre.
Cuando esperábamos ansiosos,
la llegada del mercado los domingos,
la molienda trasnochada con la briosa carrera de la yunta,
la rocería con la fuerza jovial de tus ancestros.

No estabas conmigo...
tuve que recurrir a los recuerdos
para verte reír a carcajadas,
y hablar de tantas cosas:

De tu infancia campesina, por ejemplo,
del poco tiempo de escuela,
de tus años de parranda,
de viajes y romances.
Del jornal que te humilló en silencio,
del hogar que con sacrificio
supiste construir con hidalguía,
de la burla que en muchas ocasiones
tuviste que arrastrar por la pobreza,
por la honestidad,
por la probidad de tus principios.
Me parecía verte de nuevo,
en el borde del lecho de juncos y costales,
desenvolviendo la madeja de los recuerdos,
para narrarme tus viajes,
las novelas leídas, de Vargas Vila,
Rivera y de Cervantes,
o el relato de Reinaldo Aguirre,
que quemaste una tarde,
después de confesarte con el cura del pueblo.
Me pareció verte llegar con su vestido nuevo,
de la fiesta del Curpus,
de San Juan y Sanpedro,
de nochebuena y de Semana santa,
de las ferias y fiestas,
del bazar de la escuela,
y del convite fiestero de los lunes,
cuando a arreglar camino te invitaban.

Un día enfermaste... Verdad?
Sí y fue en una mañana de noviembre,
con el frío del invierno
y los sollozos del páramos dormido.
Ya no fuiste lo mismo,
se marchitó el brillo de tus ojos
y el timbre de tu voz se fue a otro mundo.
Tus manos olvidaron el surco,
tus pasos detuvieron la marcha.
tus abrazos más lentos y sin fuerza,
me enseñaron a sentirme solo,
y aquí estoy con mi diálogo incompleto,
osando descubrir en el silencio,
el mensaje genial de tu silencio,
que dialoga conmigo en todas partes,
pues el silencio tuyo es un lenguaje
que me habla y entiendo,
sobre el campo mortal de los recuerdos
y la nota crucial de la nostalgia.



NO LLEGASTE

A Odila Camacho Ariza.

Quería compartir contigo,
Ese momento especial
Y no llegaste.

La tarde lluviosa de la fría ciudad
Renunció a las estrellas
Y se entregó a una noche oscura
Sin tu presencia.

El recinto callado
Te reservó un espacio.
Una silla vacía
Se cansó de esperar
Y el alma del poeta
Dejó caer sobre la fronda pálida
De una noche sin luna,
La caricia de un verso
Para tocar tu oído
En el más profundo de todos los silencios.

Quería compartir contigo,
Ese momento especial
Y no llegaste.



FELIZ CUMPLEAÑOS

A mi hijo Edgar Eduardo

Cumples hoy
Un año más de vida,
Hijo del alma,
Amigo fiel,
Confidente de sueños y desvelos,
Heredero ideal de mi eterna alegría
Y compañero incansable
De mis cuitas teñidas de nostalgia.

Cumples hoy
Un año más de vida,
sobre el lecho del tiempo,
que se resiste a cambiar
el ayer infantil de tus pisadas,
sobre la arena inquieta
que arrulló al despertar cada mañana
tus rondas y tus juegos
y la danza diáfana de tus pupilas,
que al jugar con tus labios de fiesta,
le hicieron un paisaje de leyendas
a tu alma de niño,
por el camino de la vida.

Cumples hoy
Un año más,
En el hogar que te arrulló la cuna,
Y quiere regalarte un paraíso,
Una existencia plena de esperanza,
Un huerto de ilusiones,
Un camino silente
Donde la musa del amor
Te enseñe siempre
A marchar con la mirada altiva,
En busca de los triunfos reservados,
Para las almas nobles
Como la tuya, hijo,
Que quiere a cada instante
Forjar senderos donde el amor
Conciba en cada amanecer
Un concierto infinito de canciones...

Que cumplas muchos años,
Y que cada momento
Sea una oración entretenida
En el seno de nuestros corazones,
Hijo del alma amigo y compañero.


 

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