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Bella Clara Ventura
Nacionalidad:
Colombia
E-mail:
beclave@hotmail.com
Biografia

Bella Clara Ventura

Embajadora Itinerante de Poetas del Mundo

Sus funciones son:

1. Llevar el mensaje de Amor y Paz del  Movimiento Poetas del Mundo (PPdM) a través del planeta.

2. Trabajar en coordinación con el Secretario General en la búsqueda de un mundo mejor.

3. Proponer el ingreso de nuevos poetas en calidad de “Miembros” de Poetas del Mundo.

4. Ofrecer la fuerza de su palabra y ponerla al servicio de la humanidad..

5. Apoyar el esfuerzo poético de los poetas del mundo en su misión diplomática por la paz en el mundo, la JUSTICIA [única para todos], la IGUALDAD [efectiva entre todos los habitantes de la tierra], la LIBERTAD [la verdadera, no la artificial], el DERECHO de los pueblos a existir y vivir en paz y la preservación del medio ambiente.

Santiago de Chile, 05 julio 2018 

 

Bella Clara Ventura tiene los ojos más lindos que uno puede imaginar. Pero en el verde nemoroso - y por eso a veces azul y a veces celeste como el Cielo - que demarca la extensión de su mirada, no sólo los mortales podemos extasiarnos - y declararnos bobos por ella para toda la vida - sino, fundamentalmente, convencernos [por que hablan por si solos; y solos por eso se descubren] que su propietaria - aunque el dueño de su corazón y de sus ojos nadie lo imagine - es una escritora y poeta extraordinaria. Judía, de madre mexicana y padre sudafricano, nació en Bogotá [Colombia].
Pero para llegar a ella no hay que hacerlo, a través del velo de las alegorías hieróticas y místicas de los antiguos dogmas de su pueblo. Su
literatura no tiene el sello de las escrituras sagradas, ni ha sido reproducida de las ruinas de N�nive o de Tebas o puesta sobre las carcomidas piedras de los antiguos templos y esfinges de Asiria o Egipto. Tampoco la ha extra�do de las p�ginas sagradas de los vedas o de los antiguos libros de alquimia. Su potencia creadora puede hacer palidecer a los tiranos o derrumbar imperios con su genio. Manda a los elementos y sabe el lenguaje de los astros. Y aunque no puede dar a su antojo el para�so o el infierno, o presumir que es due�a del amor o el odio, ha conseguido en la �ltima d�cada situarse en una posici�n de excelencia dentro del panorama de la literatura hispana. Poeta con diez
libros publicados, entre poemarios y antolog�as, novelista con cinco
obras de gran �xito editadas, directora y productora de cine, laureada
en varias justas, Bella Clara ha recorrido el mundo llevando su palabra a los rincones m�s selectos del Planeta. No posee la l�mpara de Trismegisto, ni el manto de Apolonio o el bast�n de los patriarcas, para tener la raz�n ilusionada por la ciencia, la posesi�n completa de s� mismo, que a�sla al sabio de las corrientes instintivas o el socorro de las fuerzas ocultas y perpetuas de la naturaleza. Pero su grandeza viene de un Dios que la copa y la beneficia. La suya es una literatura que rompe ataduras y sortilegios, que se entrega a si misma para homenajearse; que es como una di�spora de numerosos colores y sabores, que se da con una autenticidad que en el mundo pareciera ser una especie en peligro de extinci�n. Leerla es encontrarse con una vitalidad que es, a la vez, ayuda para el desvalido, catapulta de amor para el que muere, como un mensaje de fe para el que alza sus manos hacia el Cielo pretendiendo una bendici�n que lo llene de Dios y de esperanza.. 
Desde su Almamocha [novela], pasando por Di�spora y Asombro [Poes�a], Lo que la vida quiera [novela], Hechizos del Bosque [Poes�a], Hu�sped de la Luz [Poes�a], A lo lejos [Poes�a], Armando Fuego [novela], hasta Magias y retablos [Poes�a] entre otras obras, Bella Clara ha demostrado ser un caso �nico en su g�nero dentro de la literatura latinoamericana. Creadora de un estilo propio, que no es mancillado por el adjetivo in�til, que no se afana en eufemismos vanos, ha ingresado con el pie derecho a un territorio que siempre fue vedado injustamente para las damas creadoras, pero que ahora las reconoce en ellas y se congracia con sus maneras y sus formas. Su Obra, reconocida en Suecia, Estados Unidos, Puerto Rico, M�xico, Brasil, Ecuador, Uruguay, Per�, Cuba y Francia, es relativamente nueva; pero retumba como una voz autorizada de antigua data, publicada por importantes sellos como
Oveja Negra y se apresta a caminar el camino de un reconocimiento total que ni ella misma seguramente so��, pero que es un paso justo a su calidad y potencia creadora, y a esa b�squeda, muy suya, de definiciones que retumban como campanas de Iglesia en nuestros corazones.

Carlos Garrido Chal�n 
Poeta peruano, abogado y Periodista nacido en Zorritos [Tumbes - Per�] en 1951. 
Premio Nacional de Poes�a 
'Patrimonio Cultural Vivo de la Naci�n'

ARBOL Y TIERRA

Es mi padre
el �rbol que me habita,
mi madre, la tierra.
Desde la cuna los mimos del padre
enramaron mi esp�ritu.
La tierra me cobij� los sue�os.
Ambos plantaron en m�
ilusiones de ni�a grande,
flor de todos los roc�os
bebiendo sus aguas.
Me hicieron fuerte como las ra�ces.
Al �rbol pertenecen.
Y a la tierra mis anhelos
de paz certera entre mis semejantes.
Ech� el tronco a la vista,
situada en las alturas
hacia cielos m�s azules
con soles de mi propiedad.
En la base secreta me dej�.
Florec�.
Me dieron la madurez,
hu�sped de la savia.
Recuerdo de la hija iluminada
del �rbol y de la tierra.
Ambos elementos me siguen,
como se persigue la vida
hasta la l�pida.
Sobre la cual brotar� una piedra.
Dir� que fui jud�a
con hojas y frutos
de la Tierra prometida,
que no es otra sino el Planeta,
anfitri�n de mis pisadas,
similares a las de mis hermanos de habla diferente
y mirada de abierta redondez
a mis abrazos,
despojados de sangre ajena
bajo el canto de otros gallos.

RENE VILLAR

Alto y espigado,
ni�o jam�s dejaste de ser.
So�abas con un mundo de versos,
lejano de guerras y violencias.
Ibas de encuentro a encuentro
bajo el deber del hallazgo
de otras voces
parejas a las tuyas
en su af�n de quebrantar
la met�fora del odio.
Sensible como hombre de palabra
re��as
con los seres de poca monta,
de miseria humana
porque tu condici�n de poeta
te sit�a entre los grandes.
Con tu partida
dejas el vac�o de quien
supo alargar el verbo hasta la tumba
donde depositar� una piedra
a mi manera,
jud�a en esencia,
portadora de las mismas ense�anzas
de Job
hu�sped de las escaleras
con sue�os de altura.
Hoy, en la luz logras sitio de honor.
Mora en tu sepulcro.
Brillos emanan de tu memoria,
Inmortal en el recuerdo de aquellos
que estrechamos tu mano.
Tu alma gigante vuela.
La atisbo posada en una nube
largando gotas de alegr�a por una labor cumplida.
La tuya en la huella de la ausencia
vencida jam�s ser�.

BELLA CLARA VENTURA desde COLOMBIA



ALMA EN ROCAS

Quiero ser reconocida
En mis rutas
De clavelina esencia.
De la m�sica sacar mis geograf�as
De agua y sol
Cuando el fuego medular
Que contienen mis venas
Estalle en el aire.
Fluido art�stico,
Celestino de mis pasiones
Donde creo la marcha de las piedras
Para ofrendarle al cielo
Mi presencia.
Tan humana como la del vecino,
Aquel que me rinde el homenaje
Al sentir mi imagen y mis sombras
Ubicadas en las nubes.
Desgajo palabras en las lluvias,
Forman el roc�o de la tierra.
Renace la flor de todos los tiempos
Hecha p�talo de sabidur�a
En el casco de mi coraz�n.
Sangrante cuando escucho las noticias
De otros fuegos,
Los tiros que desangran la Tierra,
Mi planeta favorito,
herido de muerte por mis hermanos
con el alma en rocas
y el cuerpo en desamparo
cuando el disparo es su propio boomerang.

TRAVIESAS GEOGRAFIAS

Como nunca
anoche le hice el amor
en estallidos de luces y estampidas.
Brind� el orgasmo a todos los hombres
que le hacen da�o a las mujeres.
En son de perd�n
para empezar el a�o con
borr�n y cuenta nueva.
Lo sutil dibuj� en
el cruce de manos apretadas,
en el beso encendido de una pasi�n
de colores en fuego,
en caricias de traviesas geograf�as,
y en abrazos de universo
en la piel erizada
que nos convid� en rojo vivo
al fest�n de la carne.
Reviv� su aliento sin distancia.
Lo sab�a sin ojos
pero con mirada.
Sin cuerpo
y sin embargo con presencia.
Eras t�, Dios m�o,
a mi alcance
fundi�ndome en ignotos prop�sitos
para un nuevo a�o
que avecina su nariz
con las aromas,
divinas esencias
que todav�a se riegan en mis para�sos interiores
mientras tu Voz
delinea mis m�ritos,
de ser mujer para olvidar desenga�os
y propuestas no cumplidas.
Soy mujer en el hurac�n de tus gemidos.
Dama de coronas me hago
en tus brazos.
Viento c�lido en el eco de la entrega.
Camino hacia al altar.

EL HOGAR

Me propongo ordenar la casa.
Meter en la terraza la Tour Eiffel
para ver desde arriba la ciudad.
Colocar el Chimborazo en la alcoba,
que derrame su lava sobre mi cuerpo
bajo el silencio de los p�jaros.
Introducir las Cataratas de Iguaz�
en el ba�o,
limpieza de mi mundo interior
mientras las aguas purifican mis vuelos.
Al lado de la sala, situar los jardines japoneses,
recibiendo de su arte
el mensaje de la naturaleza.
Cobijar las habitaciones con cuadros famosos,
y recordar que cada pincelada
me acerca a su autor
desde Rubens hasta Picasso,
con la Gioconda de espejo frente a los ojos.
Llevar a la cocina la reconstrucci�n del Templo,
que los alimentos sepan a la saz�n de Dios.
En el sanalejo dejar� el Muro de los Lamentos,
pared de llantos y gemidos,
recuerdo de los d�as que se forjan con el esfuerzo.
Al corredor le cae bien el Triangulo de las Bermudas.
Al pasar dejar� en su centr�fuga fuerza
los dolores de la vida.
En el cuarto de los ni�os,
el mundo de Hanzel y Gretel
vestir�n la alcoba de sue�os.
En el altillo El Big Ben marcar� las buenas horas.
Dejar� para el zagu�n el Arco del Triunfo.
Las sombras de la Historia habitar�n el s�tano.
Uno que otro fantasma barrer� su mirada
sobre muebles y objetos de todas las �pocas.
El Taj Majal
en la habitaci�n de hu�spedes
a fin que recree sus afanes en tapetes volantes.
En el sal�n habr� la visita de las ruinas de Grecia,
donde sentar� los bienes de una civilizaci�n
que a�n reina.
Plat�n y S�crates alumbrar�n la tertulia.
Y en la entrada habr� un puente,
el Golden Gate que une dos lugares
como t� y yo en el Universo.
Ser� hogar de encuentro y de hallazgos
mientras ordeno esta bendita casa.

DESTINO

Dicen que un viejo amor
ni se olvida ni se entrega...
Un viejo amor
renace como capullo
a la distancia.
A medida que se acerca
florece
con novedades.
En las ramas,
prendido a un �rbol
de viejas sinton�as
con ra�ces tan profundas
como el recuerdo.
Dadivas del destino.
Ponen nuevamente en contacto
a dos seres
que por alguna circunstancia
a�n no estaban
listos para armar su historia.
Dos almas navegan el inconsciente,
en busca de un faro,
brillo de otras experiencias
bajo las corrientes
de un oc�ano de luz.
Cuando la ma�ana sabia
hace su arribo,
un viejo amor
se estrena cada d�a
como milagro del Cielo
en la Tierra.

EL LLAMADO DE LA ENTREGA

A riesgo de parecer
atrevida,
quiero hacerle el amor a Dios.
Anhelo acariciar sus infinitos,
palpar sus humedades,
penetrar los oc�anos
al secar sus sudores.
Estar presente en su lecho de sue�os.
Y albergar su coraz�n en el m�o.
Ser luz de sus ojos,
cuando al o�do me murmure
que me ama.
Deseo reconocer en su voz
el llamado de la entrega.
Aplaudir con ambas manos
en alto
la belleza de su geograf�a,
amplia como el Universo
que me regala cuando suspiro.
Me unjo de sol con
el beso ardiente
de la mejor pasi�n.
Me deja seca,
desierta
como las arenas mansas
que callan la agon�a.
Quiero hacerle el amor a Dios
a riesgo
de ser atrevida.
Mis toques ser�n de sabios murmullos
y de dulce proximidad
sobre la Energ�a,
Hu�sped de un nuevo estado de conciencia
donde Dios me hace suya.



NAUFRAGIOS

Desde una mirada traidora,
me rebusco el equilibrio
de mis ojos,
balanza de sue�os y olvidos.
La vista se escapa del afuera.
Regresa con la calma,
vestida de ignotos sabores,
mandarinas dulces y limones de primavera.
Recorre el mapa interior
con pupilas de aventura,
versos de cabo roto
a la deriva.
Forman vanguardia de miradas.
Reclama el clima del yo,
Aniversario de toda una vida.
Se atiene a los fantoches,
fantasmas
Cuando la imagen se despoja
De San Benitos
Y el cuerpo de la vista
Se hace instrumento de
Naufragios interiores.


AYACUCHO

Te haces tierno,
Ni�o de ojos negros,
grandes como el alma,
tez de indio de los ancestros.
Sombrero de pariguana
abre alas,
alaza amistades.
Palabras de adobe curten
la batalla.
Bol�var regresa,
lluvia de honores,
jinete de sue�os.
Yo, desde mi colombianidad,
hija de Sim�n,
de sol me unjo,
anfitri�n de ma�anas sonrientes.
Hoy entre ustedes,
huamanginos de estirpe y fuerza,
me bebo vuestra tierra.
Una comida con las manos,
manjar de costumbres del lugar
entrelaza puentes,
ayeres de amor,
de patria f�rtil,
unificada.
Plumas de luna bajo la mirada
del Inca dibujan
el quechua de mis infinitos,
donde se posan nuevas querencias.
Ayacucho de huella hidalga
en el coraz�n ajeno,
susurro de historia
en mi canto hermano.


PERFIL DE UNA SONRISA


La lluvia resbala sobre
los problemas,
moja la letra de los gemidos
mientras cruza el agua
de los llantos.
Barre la l�grima impresa,
esa que nos deja a sol abierto
cuando sacudimos los trapitos
que despojan las ataduras
de las vestimentas.
Se deja el pasado
en la caneca,
como se abandona
la mortaja en la tierra.
Y un clamor de viento
regresa con gotas de sangre.
Inmortalizan el nombre
de un h�roe.
Supo vivir sin pasado ni futuro,
s�lo con ese presente
que lo hace del aqu�
de nuevos rumbos
con el perfil de una sonrisa.
Se estrena en cada paso.



LLANTO

Me desenfreno en mi llanto.
Gotas de sal salpican
la ma�ana,
aturden la luz con sus
manos enguantadas.
Buscan el perfil
de la noche para sofocar
en un silbido
la miseria del mundo.
Ahogo por un instante
la menci�n del para�so.
Naufraga en un arcoiris
sin colores,
fantasma del abuso
de los gemidos
de la jaur�a humana.
Me visto de loca.
Grito a los vientos,
a los tsunamis mi dolor de ausencia,
diluvio de emociones.
En un tobog�n de luz,
regresa la voz del ni�o.
Augura un nuevo amanecer
sin lluvia,
donde el clamor
del hombre corre el tel�n
del escenario para ubicar
la viva caricia
de las aguas en calma.


TRIBUTO A LA VIDA

Tributo a la vida
se empe�a
en la divina gracia.
Recorre mares ind�mitos,
al alcance
de lobos hambrientos
de fauces de amor.
Pasi�n sin frenos
se monta en la cresta de ola
donde el grito del mal
canta su victoria.
Crepusculea la oscuridad.
Estalla la c�lera
de un invierno
en los brazos desnudos
de los �rboles.
Manotean al vac�o su desespero.
Un viento de muerte
consigna en su boca
la hiel.
Desierto el aire,
se respira pesado.
Atraganta cruces,
martillan el ayer
mientras ondea la bandera
de los mil colores
en un firmamento vestido
de nuevas hojas.
Florece el canto
de la rama
en el mar de las flores.

MASCOTA

Desde mis entonces
se fraguan anturios en el alma,
crecen bajo la bebida sagrada,
agua que se despe�a cada tarde
en la cresta del sol.
Hoy despiertan ignotas ansias
de tambores de luz.
Se enmudecen con el canto del gallo,
pronto a dejar al perro
en libertad.
Menea su cola
bajo la dicha de ser mascota.
Un amo le tiende la mano
y los sacrificios de la humildad
se tornan caricias.
El asno ya no rebuzna,
aprendi� la lecci�n
bajo el l�tigo del amor.
El camello se traga el desierto
y el le�n cambia de rumbo,
permite a la cachorra
buscar en sus sienes
el esplendor de la selva humana.
Despert� con un zool�gico a mi manera,
tal como la canci�n de Sinatra...
A mi manera,
esa que se antoja animal y hembra
cuando sacude
su pelambre de mosquita muerta.

CANCIONES EN LLAMAS

Degusto el sabor de la ma�ana,
trae en su nuevo d�a
el cansancio del ayer
y el pu�o en alto del futuro.
Me bebo hasta la �ltima
gota de roc�o.
Empiezo a devorar
el gusto por la vida.
Lo comparto con aquel
que viaja por lo desconocido
y aprende a no temerle
a nada.
Sus horas se llenan de paz.
El deleite
se hace compa�ero
hasta de la muerte
del campe�n.
Supo jug�rsela toda
a pesar de vientos en fuego
y canciones en llamas.


LA PINTURA

Desliza su color
sobre la vida,
en el claro oscuro
martilla el punto
mientras devuelve la luz
de abanicos en llamas.
Ofrece un tinte en el cuerpo nudo.
Arranca en la silueta
la maroma del amor,
invierte la sombra en el galope
de un animal salvaje
cuando en franca derrota
se impone el trono
del violeta.
Transmuta cada paso de la bestia
en vuelos de mariposa
en su morada.
Un alcance de rojos
pinta el cielo
en el ocaso.
La tierra estremece sus ra�ces
en un caf� de ladrillos rotos.
Y en el centro del cuatro
un hombre le clava el pu�al
a la melancol�a.
Renace con el pico del c�ndor
que sostiene
la alegr�a de su pueblo.
Dios se dibuja de Inca,
en plumaje de pavo real,
pronto a buscar en el horizonte
el matiz de la existencia.



MI PAIS

De ansiedad me llena.
Con la angustia del diario vivir
lo vivo.
Una poeta Carilda Oliver Labra
dec�a en su verso
en la Cuba de la entra�a:
me desordenas, amor,
me desordenas.
Le susurraba al amante
desde la ternura y la pasi�n.
Y yo le canto lo mismo a mi pa�s.
Me desordenas, amor,
me desordenas.
�C�mo lo logras?
Con tanta violencia,
muertos a la orden del d�a,
injusticias sin mesura ni pan,
ego�smos al trote
con carencias de paz,
desnudas de sentimientos
como vil enojo.
Gobernantes,
hu�spedes de la gloria
y del bolsillo a reventar.
Gente como yo,
inundada de tristezas,
que persigue en avenidas y trechos
la alegr�a de vivir
bajo un sol de ma�anas en cuclillas,
rendidas ante los pies
de un caminante que busca
en su br�jula un pa�s
sin desorden,
aunque todos lo tengan,
Colombia mi patria,
me desordena,
me desordena, amor
con sus gritos al viento
y el llanto de un reci�n nacido
con la pregunta en la piel,
�por qu� Colombia?
conf�n de miserias
bajo miradas de luz,
man� de un despertar.

VIDA EN SOLEDAD

En pugna se mecen
mis sentimientos.
Abortan el aire de la herida
en la masa fresca.
Retornan los azafranes
con el color del sol.
Un resquicio de luna chata
amortigua
los pies descalzos.
Entran en sinton�a
las plegarias
en un af�n de uni�n
con el Cosmos.
Hacen su arribo
con trapos viejos
mientras
yo me visto de atardeceres
en el ocaso del enga�o.
Resucito
en flores muertas
bebiendo su propia sed
en vida de soledad.

TRASNOCHO

Ese muerto ol�a a trasnocho.
Desde mi ventana
percib� aromas de muerte
en la penumbra.
Alg�n bus en af�n,
rapt� su aliento
dej�ndolo tirado en la calle,
como perro sin due�o.
Apestaba a muerte fresca,
sin roc�o
bajo el canto de los buitres
en retirada.
Acababa de llegar gente a visitar su ida,
a ponerle un peri�dico
sobre el rostro
para que yo no supiera
a que se le parec�a la mirada.
Intu�
que dentro de sus ojos vac�os
segu�a el pensamiento
de qu� hacer con su familia
si el sustento quedaba suspendido
en los cielos secos,
sin man� para los deudos,
curiosos de conocer
el sino del pariente
en boca de ruedas
necias
sobre piedras muertas.
Y yo, todav�a perseguida por la inquietud,
�por qu� vislumbr� al muerto
desde un �ngulo
que s�lo me adjudicaba su presencia
para recordarme
que el ausente de alma
permanecer� vivo en mi memoria
como quien sacude
la patria con el despertar
de una aurora sin olvido
entre humos de dolor
por el desatino de un conductor,
veloz en ser asesino.

EL UMBRAL

Barr�a la muerte con su trasero
sobre el piso.
Sus cabellos nieve
filtraban la luz de un bombillo
tan viejo como sus a�os,
titilando la agon�a.
Me espant� al ver tan claro
el rostro de la partida
en un movimiento.
Mec�a la desesperanza.
Desde la ventana del autob�s,
observ� con el mimo de la vida
c�mo la anciana
le imploraba a la tierra
que se hiciera due�a
de su carne.
Con la enagua sucia de tiempo
y de olvidos
bat�a el suelo.
No quer�a seguir arrastrando
sus noches sobre
el umbral de la muerte.
Parec�a ser eterna,
esa muerte sin nombre y sin d�a
que la visitaba
tiznada de lluvia
y embadurnada de emociones.
No eran propiamente las de la ida.
Juegan a las escondidas con
el viso de un ma�ana vuelvo al acecho.
Ef�meras miradas
anuncian
que las bestias de la carro�a
se aprestan a llegar
con su traje de lentejuelas
y los brillos de la huida.
De repente, volte� su viso,
derramado por el llanto
de la pesadez de una existencia
al cuidado de estrellas apagadas
y de una luna mordida por su suerte
que esculpe desaz�n en el alma
y aprieta el coraz�n
de tantos anta�os.



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