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Arstides Vega Chap
Nacionalidad:
Cuba
E-mail:
aristides@cenit.cult.cu
Biografia

Barredor de calle

Por el caño se desliza el agua
esquivando la espuma pestilente
de la lluvia caída días atrás.
Sin temer a la desolación
heredada de la noche
y entre los atajos que deja lo inservible
repite un mudo recorrido
del que no espera sorpresa alguna.
Como si no supiera que es domingo
o no precisara saberlo,
esquivando los autos,
que ennegrecen aún más el asfalto,
el barredor de calle sigue la ruta del agua
porque sabe que en senda tan estrecha
no es posible trazarse un rumbo diferente.
No es que se sepa de un lado o de otro,
obvio que solo precisa obedecerla
para abrirse paso entre la niebla
que desciende del amanecer
hasta esta calle
que nos recordará un mártir, o un santo,
o un simple número para jugárnoslos.
Él es el barredor de calle
y puede que sea esta su única verdad,
para la que ni siquiera necesita saber
de la existencia de un mínimo espacio
cedido por lo inservible,
los insectos vivos y muertos,
la flor artificial que con resignación se deja arrastrar,
en que se refleja todo cuanto mueve la escasa luz
del otro lado del surco trazado por el agua.

El pescador

Giro la botella
en cuyo fondo un pez se ataca a si mismo
o mas bien la emprende contra su sombra
creído de que el reflejo
es apenas una mustia repetición de su esplendor.
Husmeo al pez,
como cualquier pescador satisfecho.
He sabido abrir el cielo a la mitad
para ver la tierra desde la que partí
silbando ya no recuerdo que canción
que le escuché a mi hija..
No preciso saber si es norte o sur,
uno conoce lo suyo por el sonido
y un pescador no tiene una manera más certera
para escuchar
que ladear la cabeza sobre el océano.
Conciente de la confusión del pez,
inconmovible ante la revelación,
lo hago girar
como si con ello pudiese juntar todos los cielos
en un mismo espacio,
por el que pueda volar la extraña raza de ave
que anuncia la cercanía de la tierra.
Perplejas quedan
al descubrir el pez en cautiverio,
que badea su escamoso cuerpo
como si compartiese mi desconfianza.
Sin dejar de observarlas fijamente
se pierden de mi vista.
Límite de toda vida común,
también me he sentido dentro de una botella
y unos ojos fijos sobre mí,
tan lejos de la piedad como el frío
o las palabras que en alta mar se pronuncian
para que no sean escuchadas.
No son demasiadas las diferencias
entre un pez y un pescador.
Llevo un tatuaje, la imagen de un Cristo
diferente a Cristo
pues no lo he aferrado a una cruz,
una botella con un pez
testigo de que he buscado sobre la definida línea
trazada con exactitud por el horizonte
la certeza de poder regresar.

La otra historia

Contengo en la boca la impresión de esa frase
con que se anuncia la guerra.
Tiendo a mirar la porción del cielo por donde planea amanecer
y no me sobrepongo a las lágrimas de mi madre
que ha llorado tanta veces como para no tener ojos.
Ello no le impide escuchar los múltiples sonidos
de la tempestad
que con la dureza de sus luces,
venerando las ráfagas del crudo viento,
amordaza el cielo del Líbano.
Herrajes de fuego que se apoderan de todo
cuanto simula no tener vida.
Abuelo me muestra la bandera del árbol,
un árbol que no ha nacido en primavera
ni en ninguna otra estación,
un árbol junto a las aves
que condenadas por su fragilidad descienden
para golpear mi ventana
y hacerme creer que están heridas.
En la hermética habitación, mientras espero
las últimas noticias
me pierdo en la explanada de la oscuridad,
predios en que es difícil acertar las verdaderas formas
de lo que nos rodea de siempre
y creíamos indispensable.
En el resquicio de sus ojos ciegos por el llanto
sin el poder de una mirada sostenida,
mi madre intenta huir junto a la noche
que es como huir del tiempo que nunca comprendió.
Retengo el afilado sonido de sus palabras
con el rápido gesto que detendría un cuchillo
dispuesto a penetrarme.
Ahora intento subir junto a ella
al mismo sitio en que mis abuelos se aventuraron
a ser mi Dios,
mínimo espacio
superior a todo lo que puede alcanzar la vista,
incluso la poderosa oscuridad
de esta habitación en que espero el último parte.
Escucho mi pasiva respiración
después de habérseme concedido la paz y visto el rayo caer
desgajando su luz como si nos perteneciera,
a los que estamos y los que supieron invertir su dolor
en un sentido contrario al de la flecha que señala mi destino.

biografia:

Arístides Vega Chapú,
[Santa Clara, Cuba, 1962]. Poeta, narrador y promotor cultural.
Miembro de la UNEAC desde 1988. Vicepresidente de la Sección de Literatura de la Filial Provincial de la UNEAC en Villa Clara. Desde 1985 a 1990 se radicó en la ciudad de Matanzas donde laboró como programador de actividades de la librería \\\'El Pensamiento\\\', creó el proyecto de la Librerías Ateneo y desde 1988 a 1990 presidió la Asociación Hermanos Saíz de jóvenes creadores en la provincia de Matanzas. Actualmente labora en el Centro Prov. del Libro y la Literatura, como promotor cultural.. Sostiene una sección en la radio, en el programa Hablemos, que promociona las novedades editoriales de los principales autores del país y conduce las tertulias de los Comunicadores, La Hora de la verdad y Nosotros los vivos, espacios para estimular y reconocer a los escritores con resultados notables en la Librería Ateneo \\\'Pepe Medina\\\', el Café Literario y otras instituciones culturales de la ciudad de Santa Clara.
Ha impartido talleres de Creación y Apreciación Literaria.

Entre otros premios y reconocimientos ha obtenido:

.Premio Poesía \\\'13 de Marzo\\\' de la Universidad de La Habana, en 1993.
.Premio de Poesía del Premio Nacional Fundación de la Ciudad de Santa Clara, julio 2001
.Premio de Literatura Infantil del Premio Nacional Fundación de la ciudad de Santa Clara, 2001.
.Premio Poesía del Concurso Internacional \\\'Nicolás Guillén\\\', México, diciembre del 2001.
.Premio de la Crítica \\\'Ser en el tiempo\\\', Sección de literatura de la Filial Provincial de la UNEAC, Villa Clara, 2004, por su libro de poesía Días a la deriva, Ediciones Reina del Mar, Cienfuegos, 2003
.Premio Nacional \\\'Alcorta\\\' de Literatura para niños y jóvenes, convocado por la Filial Provincial de la UNEAC en Pinar del Río y su Editorial Cauce, en el 2005

.Premio de la Crítica de la Sección de literatura de la Filial Provincial de la UNEAC en Villa Clara, Ser en el tiempo, por su libro de poesía Sagradas pasiones, publicado por Letras Cubanas, 2005

- En el 2002 se le otorgó la Distinción por la Cultura Cubana.
- En el 2003 participó en el homenaje de los poetas y trovadores jóvenes a José María Heredia en el bicentenario de su nacimiento, \\\'La estrella de Cuba\\\'.

Libros publicados:

Breve estancia de Cristo en la ciudad de Matanzas, Ediciones Vigía, Matanzas 1989.
Finales de los años, Casa Editora Abril, Ciudad de La Habana, 1993.
Revelaciones en las postales del viajero. Editorial Universidad Central de Las Villas, 1993
Ultimas revelaciones en las postales del viajero, Letras Cubanas, Ciudad de La Habana, 1984.
La Casa del Monte de los Olivos, Ediciones UNION, La Rueda Dentada, Ciudad de La Habana, 1986.
Retorno de Selím, Editorial Sed de Belleza, Santa Clara, 1998.
El riesgo de la sabiduría, Ediciones Capiro, Santa Clara, 2000.
El signo del azar, poesía, Editorial Capiro, Santa Clara, 2002.
De lo que se supone, poesía, Editorial Nave de Papel, México, 2002.
Días a la deriva, poesía, Reina del Mar Editores, 2002.
Soñar el mar, narrativa, Editorial Capiro, Santa Clara, 2002.
Mensajes del pan, Ediciones Orto, Manzanillo, 2003.
Sagradas Pasiones, poesía, Editorial Letras Cubanas, 2005.
Dibujo de Salma, poesía, Editorial Capiro, Santa Clara, 2006
Después del puente sobre las aguas, poesía, Ediciones MATANZAS, 2007
Te regalo el cielo, narrativa, Editorial CAUCE, UNEAC, Pinar del Río, 2007
Que el gesto de tus manos no alcance, Antología personal con prólogo de Lina de Feria, Ediciones UNION, La Habana, 2008

aristides@cenit.cult.cu

 

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