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Leonor Escardo
Nacionalidad:
Argentina
E-mail:
leonor.escardo@yahoo.com
Biografia
Leonor Escardó artista plástica y escritora argentina. Primer Premio Único Adquisición Benito Quinouela Martín. Obra adquirida por el Museo de Bellas Artes Eduardo Sivori. Obras en Museos - Pabellón de Artistas occidentales Kensuke Matsushita, Fukuyama, Japón. Colecciones privadas de Argentina y Exterior.
 
Tercer Premio Internacional de Pintura Proyecto MERCOSUR Cultural Séptimo Salón Fundación Volpe Stessens.
Jornadas de Creatividad para un Intercambio entre Brasil y Argentina. Fundación Argentino Brasileña Por becas e invitaciones de entidades culturales y estudios especializados viajó a países europeos, a Japón y Canadá. El rector de la Escuela de Bellas Artes de Atenas Niko Kessanlis la invitó a residir en una Mansión para artistas (Delfos) donde se vinculó con artistas griegos y europeos para programar exposiciones conjuntas y encuentros.
Posee obra pedagógica presentada a Bienales Internacionales en el Instituto Municipal de Educación por el Arte de Avellaneda (Buenos Aires). Integra Antologías de la Editorial de los Cuatro Vientos y Dunken - El decir textual - Letras Argentinas. Homenaje a Alfonsina Storni y Fuga Imperceptible (Dunken) todas presentes en la Feria del Libro 2008. En la edición homenaje a Alfonsina Storni le fue otorgado el Primer Premio Mención en narrativa por los cuentos El Vuelo de los Pájaros y la Mano de Dios.
 
La revista internacional Óleo y Mármol del prestigioso artista plástico Yaco Nowens difundió obra poética y narrativa a la que se agregaron otras notas sobre su obra plástica. La publicación de Nowens integra hemerotecas del mundo como la del Centro Pompidou (Paris), Museo de Arte Moderno (Nueva York y Washington), Congreso de la Nación y Biblioteca Nacional de Buenos Aires, Museo Reina Sofía (Madrid) y otras de igual reconocimiento.
Con motivo del 10ª Encuentro Literario a realizarse en Porto Alegre (Brasil) en abril de 2009 fue invitada por el organizador señor Roberto Bianchi del Movimiento Cultural Abrace a participar con obra literaria a ser traducida al portugués y así dar nacimiento a ediciones que reúnen a los escritores de la región.
Pertenece a poetas del mundo y REMES (Red de Escritores Hispanoamericanos). Conmemorando sus diez años culturales, ABRACE editó poemas de escritores latinoamericanos, incluyendo obra de Leonor Escardó (2008).
La galería EDEA de Buenos Aires de Minina Fernandez Navarro efectuó un homenaje a la mujer en el arte donde los comentarios son de Sarah Guerra, estando presente la pintura de Leonor Escardo.

 

 

Latinoamerica

Siempre son los tiempos de la tierra

el fluir de sus ríos entre arboledas mágicas

que juegan a pintarse en las cuatro estaciones,

y  …

un abrazo al misterio perfuma la palabra

que se trepa a los vientos para multiplicarse

y unir otras historias

hechas de selva y cielos.

Ruge el tigre, y todo empieza a andar

como un llamado a sonoros recintos

que se anuncian

en misterios muy densos

que palpitan de vidas y de  muerte.

Es un mundo de caminos

y es continente triste.

para el andar del  hombre

del compañero ausente,

Es beberse las manos…

y morder las caricias

que te miran sin verte.

Cada día es instante,

es principio y regreso

en la tierra que llora,

llora y ríe en el hombre.

con  lagrimas marrones y  rojizos, grises …

Son formas de una tierra latina.

que la camina el hombre,

sonido y fantasías y de pupilas,

silencio y soledades.

Pero, surge el milagro

en su amor por el mar,

en adioses y encuentros

en abrazos de espirales de espuma,

en la garganta ronca

que la ama y la besa,

con palabras y caricias de océano.

Allá lejos,

dentro de una ventana

de una casa de pueblo,

solloza la aventura

en la lluvia y el viento,

porque alguien siempre espera

los días de trigales,  las horas de fiesta

para darse el abrazo y estar juntos un día.

Es la espera de ese algo sin nombre,

que no llega porque todo es muy  lento

porque viaja en carruaje vacio,

porque olvidó los nombres

la calle, la ventana,

el color de sus ojos

las voces que partieron.

Entonces,

nace el grito

donde ingresa la muerte

para escribir su nombre y sus  estrellas

son pinceladas de ocres, amarillos, marrones,

colores de esta tierra

naciendo entre sollozos

Falta un nombre

mientras la novela concluye

y otra comienza

Han llamado al poeta

para las bendiciones

de este fruto que es flor,

y el poeta que sabe de palabras

de  canto y sortilegios,

visita melodías de grillos

y vuelos de los cóndores,

busca un sabor a hechizo

desconocido y único,

busca,

un ser impenetrable,

y un conjuro de selvas

que no descansan nunca

de ser selvas y cielos.

Busca que se repita

sin esperas

el nombre amado  del poeta

que resucita historias

con sabores agrestes

en horas de rocios.

Pide,

una oración

al viento y al océano,

para el hogar del hombre

que se volvió camino

solitario

de congojas y duelos

Su rostro,

es la puerta que se abre

para iniciar el sueño

del hermano que llega

y le extiende un abrazo

porque es Latinoamerica.

 

 

CANTO A LOS POETAS DEL MUNDO


Alguna vez...
me dijo la poesía,
que su lugar estaba
en fiordos infinitos
que guardan
el corazón íntimo del mundo
entonces,
se iniciaba el encuentro
para escuchar tu voz
como en los sueños.
Irradiabas
tu valor
y tu rostro
siempre heroico,
el mantener intacto
un coraje divino
para crear
los sueños necesarios
en este cada día,
que nos muestra
la vida tan angosta,
que nos nubla,
la construcción de claridades.
Esa vida mezquina
que empequeñece las palabras
y las pierde,
en ese decirse y repetirse
en que cabalga el hombre
un poco desterrado
y feneciente,
otro tanto abismal
y también náufrago.
Es, hermano,
cuando nos descubrimos,

sin quererlo,
sin percibir siquiera
que nacimos
abrazados,
a la siembra y el trigo,
al caminante eterno,
a todos los rapsodas
que se cuentan
en su historia infinita de poetas
Así,
como condensa el río
los dibujos del agua,
y los suelta
en voces serpentinas,
llega el abrazo
detrás de las montañas
de mares y de cielos,
el abrazo,
a pesar de las grandes ciudades
que nos han devorado
cada día,
mientras se amontonan
las horas que habitamos
las que quedan vacías...
A veces,
suelo tocar tus filigranas
tus delicadas túnicas,
tus deseos y amores,
tus angustias...
son otros hemisferios
y me interno
buscando tus cadencias,
y teclados,
tus trombones muy graves,
que suenan
como historias de siglos.
Te presiento, hermano,
aún en la distancia.
te adivino,
te descubro, y te quiero,
porque eres,
mi gran eco invisible
mis canciones de estrellas,
mis largos nacimientos.

Eres,
lugar de palabras
y amores,
lugar de fantasías,
de magia transhumante.

Eres,
espacio de pureza
donde viven
candores de niños
y jóvenes,
donde el secreto intenso
es la inocencia,
preñada de ideales,
por un mundo mejor
En cada instante, amigo,
que te nombra
y me nombra,
me sorprendes,
y el mundo
se torna
mucho más grande
más habitable,
más creíble,
como un cálido amante,
Viajas en todo territorio
detrás de los espejos.

Eres,
un amor
de sorpresas y embrujos
amor de adolescencia,
primaveras que lo esperan todo,
todo, para siempre.

Es verdad
que me alcanzan
tus lágrimas
tus muertes,
y es muy cierto,
que nos visitan los días
y sus noches,
la ausencia de la luz,
los esplendores...
Muy juntos,
estamos en los llantos,
y también en los brindis
con las mitologías
queridos visitantes,
paraísos de musas
dioses, magos, alquimias,
cada día,
te busco
y en cada continente
te encuentro,
quiero saber de ti,
porque eres
el compañero de mi viaje,
ese otro habitante
de mi lámpara tibia.
Eres el otro,
el que me dice
que jamás
se abandona la poesía,
que nunca
se callan los poetas
por ese sentir de profecía
en tiempos tan desnudos
envejecidos y violados
tiempos de herencias negras
de guerras y de muertes,
tiempos...
de estremecimientos compartidos.
Ayer.
Hoy.
Ahora.
Mañana.
comprendí,
que tú estabas
muy cerca,
detrás de mis pupilas,
que tienes tus ventanas
frente a las mías
con muchos macetones de flores
como los pueblos tristes.
Hermano,
es necesario
para gestar la vida,
para vencer la muerte.
Teñido estás,
por otras geografías,
por otros vientos
y desiertos
son otras tus praderas...
Sin embargo,
dibujas semejanzas
y estableces un tiempo
y un latido.
Aquí.
Allá,
más lejano
o más próximo
hermano, amigo,
seguimos juntando
los secretos
del caminante fiel
a sus caminos
caminos pedregosos,
andares del desierto,
bullicios de los valles
donde el alma
a menudo se fuga
con su amante de turno
y se descubre lejos
peregrina, insondable
o cautiva.
Me dijo la poesía...
sí hermano,
me lo contó el poeta malherido
amigo de las luchas,
de molinos de viento.
Lo repitió
el héroe, el desterrado,
vencido y moribundo,
acá tengo sus nombres
no lo olvido.

Guardo,
tus inefables continentes,
tus preludios de vuelos
tu rostro de candor.
Sé,
de gigantes océanos
Sé,
de tanta tierra muerta,
de ciudades,
despertando al olvido
dimensionando las ausencias.
Por momentos,
estás muy lejos
y yo,
te hago visible,
y me acerco,
una tarde
clara de primavera
para amarte en silencio
con amor de poeta.
Y así,
seguimos juntos,
contando
cosas de la poesía
alas, $3>$3>morfosis
paradigmas y ensueños.
Eres,
aquella identidad
de pájaro y estrella
y en las alturas vives
donde se mece el viento,
más alto
y más gigante,
en tu coraje,
de crear
y crearnos la vida.
Por eso digo,
poetas del mundo
poetas de los mundos
creadores de poesía,
barriletes que anuncian
la esperanza del hombre
el valor
de asumirse poetas
en tiempos,
de guerreros y soles,
de manantial y fuentes,
de sequías y muerte.
Alguna vez,
me dijo la poesía...
que su morada estaba...

Leonor Escardó

Secretaria Nacional de
Poetas del Mundo

Buenos Aires
Argentina


Algunas palabras sobre mis cuentos porteños

Siempre tuve la certeza de que Buenos Aires es y ha sido la capital de los deseos de muchos hombres y mujeres que habitaron este inmenso mundo almacenando sueños para llegar a sus brazos.
Desde su nacimiento allá lejos y en las proximidades de sus cumpleaños [jóvenes quinientos años] fue anhelo y destino de tristes, sufrientes y picaros que construyeron sus escenarios en las vecindades del puerto y del Río de la Plata.
Los deseos que son tan variados, imperiosos e infinitos requieren espacios adecuados para soltarse y crecer. Este lugar único en la tierra fue ideal para anidar y fecundar fantasías.
Aquellos límpidos cielos del norte que nada ni nadie parece turbar quedaron tejidos a los del sur a menudo nublados y que descienden en lloviznas. El contraste es trágico y alude a nostalgias incurables, a anécdotas y a emociones culturales compartidas. Es un hilo de oro y plata que enhebra el norte con el sur hilvana tangos, banderas, utopías y encuentros. Entiendo, que estos escenarios son inéditos como lo son sus actores que saben que es imprescindible un telón para el inicio y el final de cada comedia que se sucede sin tregua En mis cuentos sollozan los ideales y una puerta queda abierta para descender a los túneles crepusculares y fáusticos que pueblan la ciudad y que le pertenecen enteramente al sur.


Leonor Escardo.

El Ritual
Sobre un poema de Prevert
Echó café/en la taza/ echó leche/en la taza de café/echó azúcar en el café con leche / con la cucharita/lo revolvió/
Bebió el café con leche / dejó la taza sin hablarme / encendió el cigarrillo/ Hizo anillosde/ humo/
Volcó la ceniza/en el cenicero/ sin hablarme/ se puso de pie/ se puso el sombrero / se puso el impermeable/ porque llovía/ y se marchó/ Bajo la lluvia / Sin decir palabra/ sin mirarme/ y me cubrí / la cara con las manos/ y lloré

Jacques Prevert

Se llamaba Juan Rosas. Rosas con “ese” no con “zeta” como solían repetir con risas aquellos que señalaba como malvados burlones y que según sus comentarios no lo querían.
Era un hombre acostumbrado a buscar sus nostalgias para sentirse vivo. Los recuerdos constituían poderosos imanes hacia los que convergían los aburridos espejos de las cosas. Estaban todos juntos, amarrados con aroma a café y a cigarrillo encendido.
Esos vapores que partían de la taza mezclados al humo y al azúcar revelaban el comienzo de un largo ritual iniciado en otro tiempo coloreado con tristezas y despedidas.
/Bebió el café con leche / dejó la taza sin hablarme / encendió el cigarrillo/ Hizo anillos de humo/
Sabia que era extranjero y que nunca olvidaría su pueblo. Me contaba que a los cielos y mares se los veía totalmente azules sin una sola nube que los turbara. Parecían espacios calmos y serenos. Cada uno de nosotros nos sentíamos un poco pintados con ese azul porque era como si nos hubiera “pintado el alma” decía, con una sonrisa triste. Luego me contaba que decidió viajar a este país del sur por un tiempo pero con la idea de volver al pueblo de su nacimiento.
Trataba de explicarme su melancolía producida por estos cielos grises siempre nubosos que le robaban las esperanzas, se quejaba. Durante algún tiempo compartíamos las tardes hasta la llegada de la noche. Nos quedábamos a oscuras hablando hasta que yo encendía la luz. Imprevistamente él callaba y se iba quien sabe adonde. Estoy segura que amaba más su soledad y al cigarrillo que nuestros encuentros. Es que los círculos de humo parecían más fascinantes por todo lo que podía descubrir en sus fantasías sinuosas, cargadas de misterio y que poblaban su soledad.
Una tarde no me habló más. Desde entonces los silencios se fueron superponiendo como blancos papeles con un fugitivo olor a aroma a café y otro breve olor a cigarrillo que más estaba en el recuerdo, como colgado en un perchero del tiempo.
/Volcó la ceniza/en el cenicero sin hablarme/ sin mirarme / se puso de pié/
Confieso que no estaba preparada para compartir sus lejanías en las que adivinaba el adiós instalado entre nosotros, modelado por el tiempo, con espacios que se sumaban cada día y que no podíamos llenar. Estas cenizas que guardo es lo único que me dejó sin buscar dejarme nada. Fue antes de ponerse de pié.
/Se puso el sombrero / se puso el impermeable/ porque llovía/ y se marchó bajo la lluvia /
El sombrero desteñido por el tiempo era su otro amigo, tan querido como el cigarrillo. Solían estar juntos muchas horas recorriendo la ciudad hasta que cansados regresaban.
Esa mañana llovía y la lluvia parecía responder a su cábala interna de humedades tibias que mojaban los recuerdos. Recibió un solo llamado en su celular únicamente algunas palabras adelgazadas por su tristeza me alcanzaron. “No, eso no lo hablé, no, no lo comprendería.”
/Sin decir palabra/ sin mirarme/
Súbitamente quedamos abrazados a nuestras distancias y sintiendo el frío de las soledades que se nos trepaba a los dos.
No hallé ninguna magia aunque la hubiera querido encontrar para que me devolviera las flores silvestres del amor que se fué, alguna palabra o sortilegio que produjera el milagro. Pero no vino nada a mi encuentro de lo que ansiaba.
/Y me cubrí la cara con las manos y lloré/
Lloré por las miradas que se llevó y que ya no serán para mí.
Lloré por sus nostalgias, por esa extraña costumbre de buscarse en el pasado. Lloré, porque me dejó sus llaves aquí sobre la mesa donde solía dejar el sombrero. Con estas llaves entraba, y yo esperaba que su cuerpo pasara rozándome apenas para luego alejarse. Cuando se aproximaba yo sentía un ritmo que nos envolvía a los dos, y un olor muy peculiar, como un perfume de otros tiempos y que en segundos se perdía. Todo era muy breve y concluía con el sonido de las llaves que dejaba sobre la mesa.
Siento mis manos húmedas sobre mi cara y me duelen estas lagrimas que resbalan sin limites por mis mejillas porque recién ahora descubro el adiós no pronunciado de Juan Rosas.

Leonor Escardo.
De “Antologías de Poetas y Narradores”.
Editado por Cuatro Vientos y Dunken.
Feria del Libro 2008.


El día que sin saberlo
Hacemos por ultima vez una cosa
Mirar una estrella
Atravesar una puerta
Amar a alguien
Escuchar cierta voz
Si algo nos advirtiera
Que nunca volveremos a hacer eso
Probablemetne la vida se detendría
Como un muñeco sin niño y sin resorte

Roberto Juarroz

La Mano de Dios

Y por fin llegó el gran día o para decirlo mejor el día del diez. El Diego esta en la televisión ¿qué tal? ¡Qué tal! Madre mía decían los abuelos y tenían razón ¡Dios nos salve a todos!. Acá nunca se puede vivir tranquilo. Siempre hay gente que le gusta inventar cosas diferentes comento el hombre que vendía garrapiñadas calientes.
El Diego estaba en los afiches callejeros y se anunciaba para las veintidós en el canal trece. Exactamente a la hora anunciada, la cara del Diego sonriente como Gardel asomo en todos los televisores de Buenos Aires.
- Yo, dijo el Diego – no soy un conductor. Soy esto que ves.. lo único que busco es no fallarle a nadie y guarda, que tampoco quiero pasar por pretencioso porque estoy en pantalla. Nada que ver muchachos...
Súbitamente detrás y por encima de Diego todo se volvió monumental. Apareció el Diego galáctico en una pantalla que parecía suspendida del cielo y que era el Diego niño jugando con su pelota en medio de avisos publicitarios que se sucedían vertiginosamente
El Diego se mando un batacazo. “Nos mató a todos hermano”, se repetía a lo largo y ancho de la ciudad. “¡Vamos todos con él!”.
Susana Giménez la famosa Susu tan querida por los porteños esta noche, es otra estrella, tiene otra luz. Es la del Diego. En el estudio del canal la espera un ramo deslumbrante de flores amarillas. Todo se vuelve aplauso y risas en la noche de dioses y diosas. Susu desciende con los brazos en alto desparramando besos para todos y los últimos escalones queda en la compañía de Diego.
A continuación se sienta junto a los famosos que se miran una y otra vez con leves sonrisas. ¿Cómo anda todo interroga el Diego?¿Bien?. Si bien, responden casi al unísono y asienten con la cabeza agregando un cortes gracias.
El diablo no deja de estar presente en las multitudes que festejan y pareció que tenia ganas de meter la cola. Fue cuando al Diego se le produjo un raro click que lo empujo a contarle a Ginobili lo ocurrido en el 86 en Méjico con los ingleses.
- Y bueno... yo me sabia bajito y que no llegaba nunca y entonces decidí llegar quise llegar... y llegué... y le di.
Nadie pudo dormir esa noche ni en Buenos Aires ni en el mundo. Por fin aparecieron los diarios en todos los idiomas y en todos los kioskos. También los comentarios de periodistas diversos tanto radiales como televisivos “To using handin 86 cup”, decía el tan leído Washington Post y los italianos comentaban que el pibe de oro no parecía mostrar culpa por su mano no tan limpia.
El Diego sonreía y repetía una y otra vez que no era nada nuevo para nadie lo de la mano y que el tema no daba para más.
La mano de Dios marcó el fin y el principio de la sorpresa y también del deseo de parecer Dios o de ser Dios, porque no hubo otra mano como aquella. Dice Kundela sobre el jugador de fútbol que se transforma en una mariposa que revolotea su belleza y que es breve y fugaz. Son instantes... segundos de algo trascendente que vuela y llega mientras la magia y la plegaria tan porteñas reunidas por Borges hacen el resto.

Leonor Escardó

“Ahora, también, pequeña
me traes madreselvas,
y tienes hasta los senos
perfumados
mientras el viento triste galopa
matando mariposas
yo te amo, y mi alegría
muerde tu boca de ciruela”


El amor sin Neruda


El amor de Neruda
aquel amor de Pablo
fue pasando
por los brazos de todos
sobre la piel de todos
desde la sencillez de los latidos
y la fiebre de las bocas densas
como llamados
de un océano rojo.
Aquel verdor de primaveras
con sabores a frutos y a magnolias
fue el inicio
de un sendero de cantos
de un camino de besos,
fue el primer parpadear de las estrellas
sobre el desnudo cuerpo de la amada.
Fueron sus palabras,
su poesía, un llegar a los faros del deseo,
una embriaguez de alas,
de jardines,
un desear casi eléctrico
de infinitas ternuras,
de carnes húmedas,
de noches de tibiezas y de sedas,
con “astros a lo lejos”
“niña morena y ágil”
“mariposa morena”
“Aquí te amo”
Porque fue siempre el amor
un cuerpo de mujer
con vasos misteriosos en sus pechos,
cofres de miel y esencias
paisajes del verano orquestal,
mago de cascabeles,
manos blancas, muy blancas,
quedan dormidas
sobre la última rosa.
Y fue Pablo
el que dijo
“quiero hacer contigo
lo que la primavera
hace con los cerezos”
y también…
que “todas las cosas están llenas de mi alma”.
Por eso,
el silencio era también estrella
y soltaba los pájaros,
los gritos del amor y los deseos,
que ardían como si fueran
llamas altas chispeantes,
subiendo, devorando,
como carros alados,
como luces que encienden
encuentros y pasiones,
Son bandadas de pájaros
poniendo un manto blanco y ondulante sobre todos los cielos.
Después…
y siempre,
se repiten las noches, las estrellas,
que viven en los brazos,
Todas las noches tienen
los brazos del poeta,
las voces de Neruda
y las de Pablo.
y sus cantos de amor,
cantos de tierra humedecida
con rumores de grillos y corolas,
que exhalan embriagueces de abrazos,
mientras todos los mares del mundo
siguen ciñendo costas
como si todas fueran
cinturas de mujer.
Aún,
en la negra soledad de las islas
esperan los amantes
los que saben de pájaros y trinos
de amores borrachos de poesía.
Esperan para amar,
lo que se fue y que vuelve
en los muelles del alba
en las riberas del deseo.
“Para que tu me oigas
mis palabras se adelgazan a veces
como las huellas
de las gaviotas en las plazas”

Nadie pudo decirlo,
ni la voz de la alondra,
ni el árbol que transforma sus ropajes
en cada primavera,
cada uno, en su idioma,
en esas traducciones de la muerte
se internó en sus moradas
en el largo silencio,
para morir un poco
dentro de los cristales
de las noches de invierno.
“Porque
“a nadie te pareces
desde que yo te amo”
pero…
“pasan huyendo los pájaros”
y …
“parece que los ojos
se te hubieran volado”
y …
“parece que un beso
te cerrara la boca”
porque…
“las miro lejanas
miro mis palabras
mas que mías son tuyas”
“todo lo llenas tu, todo lo llenas…”


Leonor Escardo

Nota: Entrecomillados de “Veinte Poemas de Amor y Una Canción Desesperada” y Odas Elementales.

“Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo
eres como la noche, callada y constelada, tu silencio es de estrellas, tan lejano y sencillo”

Pablo Neruda

Un mundo sin Neruda

Se fueron doblando las espigas
sobre la tierra fría
los espejos devoran
los rostros de la vida
el amor que se ausenta
en esos intervalos
que presiden las sombras,
en ese no existir,
de lo que calla
y se despide
casi sin irse
con los ojos abiertos
sobre el sucederse de los vértigos,
de los días y noches
de auroras y cielos con lloviznas,
Otros espacios se abren
donde giran sus mosaicos de tiempo
donde se fugan sombras...
mientras lloran crepúsculos
entre cerros lejanos.
Todo pasó, y se fue
desdoblado
en las distintas formas de la luna,
en silenciosas luchas,
en las niñas luminosas y claras
dulces como las mieles.
Todo nació,
del canto de los árboles,
de las bocas de todo lo viviente
de todos los ojos,
de luces con melodías,
pétalos, volcanes,
y rumores de hierba.
Fue el viajero con alas
que atesoraba luces
en las espigas que multiplicaba,
y es el universo,
de la mujer amada,
con aromas silvestres
y caracoles en su vientre
pequeño campanario
donde el viento
murmura sus poemas,
y manos de mujer
los llevan a las nubes.
En un lugar,
quedó la lámpara apagada
con flores de cerezo,
tréboles y amapolas.
En ese lugar,
y en aquel más allá
que conjura el poeta
todo sigue su búsqueda
todo se aproxima y se toca,
y late en las cigarras,
con la vida que tiene,
senos con resonancias
a mares y praderas.
Hay,
en todos los puertos,
un velero de las rosas
hecho con delirios marinos,
donde el cielo,
queda anclado en las olas
por un tiempo,
y parece tener otros destinos
en un reino de azules
de estrellas y sirenas.
Más allá,
y muy cerca
una mujer espera
en un día de otoño,
lleva su boina gris
y siempre permanece
en el mismo lugar
donde el otoño
no ingresa a los inviernos.
Entonces...
todo es luz
y puede ser también estanque o fuente
que todo lo contiene y lo prodiga
que se transforma en
humo, sortilegio,
palabra y paraíso,
y más allá, recuerdo.
El canto de las voces olvidadas
es resucitado en las hogueras,
traza arabescos rojos,

da los saltos,
para cruzar vacíos
y quedar sostenido por los sueños.
Siempre,
nos visita el mar
llevando los infinitos ojos del océano,
que visten la plenitud de sus azules
en carruajes de mariposas y gaviotas,
con aromas a menta y a viñedos.
En todos los instantes,
florecen madreselvas
y nacen bosques vírgenes,
que albergan
payadores y poetas
y…
siempre está el puerto
y aquel barco que parte
y que crea distancias,
separa continentes
y nos deja vacíos
por un tiempo,
como si,
hubieran emigrado las palabras,
el calor de los besos
el amor que nos habla
desde las avellanas, los cerezos,
los inocentes cestos
tan silvestres.
Nos habla el mundo,
el universo,
los hombres, la mujer y la tierra,
también el claro y triste cielo
que se quedó sin Pablo.
\\\\\\\'El cielo es una red cuajada de peces
sombríos
aquí vienen a dar
todos, todos los vientos”
“se desviste la lluvia”
“todo me pide
que cante y cante siempre
todo está lleno
de sueños y sonidos
la vida es una caja
llena de cantos, se abre
y vuela y viene
una bandada de pájaros
que quieren contarme algo
descansando en mis hombros”

\\\\\\\'nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos\\\\\\\'

Leonor Escardó

Entrecomillados de poemas de amor de Pablo Neruda y odas elementales.

¿No habrá ya quien responda a la voz del poeta?
¿Quién mire al corazón sin muros del poeta?
¿Tantas cosas han muerto que no hay más que el poeta?
Cantad alto. Oiréis que oyen otros oídos
Mirad alto. Veréis que miran otros ojos
Latid alto. Sabréis que palpita otra sangre.

Rafael Alberti

Homenaje a los niños jóvenes y mujeres que se fueron

Casi no se vislumbran
ni amanecen
llegan de flor a flor
en cada primavera
en los estallidos de las voces
que gritan sus nombres,
hasta que ese grito,
se vuelve canto y manantial de cantos
que se elevan y fluyen como luces errantes.
Lluvias son de utopías
que juegan con sus nombres
como trinos de pájaros que pasan y se alejan en sus cielos
porque ya tienen cielo.
Siempre están aunque fueron
amados hermanos, transparentes, alados,
próximos y lejanos como sueños,
crecen en presencias y se expanden,
en ese intenso dialogar
que tienen las tristezas,
en el profundo decir de cada encuentro.
Si…
todos fueron suspiros de la vida
un empezar a andar,
bullicios de jardines y de fuentes
después…
un manto oscuro
cubrió todas las voces
esas voces que les dieron presencia.
Fue,
como un quedarse dormido
en un país lejano
en otro territorio no elegido,
sin poder regresar
para el último abrazo.
Fueron los paradigmas luminosos
en los ojos de un niño
que nos miraba hondo
y que se iba.
Fué el joven que danzaba
con sus soles
dentro de un abanico que cerraba esos soles.
Era y es la mujer que siempre espera
y es la que canta y llora
y luego espera
en un espacio gris
con sus ecos de grises.
Todo se vuelve adiós en el recuerdo
de la vida que fue,
todo regresa a las planicies
de la soledad sin tiempo.
Somos convocados por las lágrimas
de ausencias duplicadas, extendidas,
donde la muerte
es la palabra de las sombras,
el adiós infinito
un adiós que no cesa.
Aquellos que no están
porque se fueron,
aquellos que cada día nos despiden
desde las pantallas de los televisores,
desde las fotografías de periódicos,
desde el llanto quebrado sin consuelo,
brillaron como claras mañanas
en los balbuceos del rocío.
Algún amanecer
supo nombrarlos
junto a las estrellas peregrinas,
fue nombrada
la mujer de la espera
esa que canta y llora
como una resistencia de la espera,
y el niño hermano.
siempre hermano,
con sus ojos de niño
y de hermano.
Fue nombrado por los amaneceres
el joven de la aventura deshojada,
y el abanico que guardaba sus soles.
Alguien,
tal vez un mago o un poeta,
aquellos devotos amigos de palabras,
reinicia los rituales
de nombrarlos a todos,
y a cada uno,
en esa evocación de la poesía,
en los intentos diáfanos
de transformar la muerte,
en otras mil formas de la vida
que adviene y resucita,
para multiplicarse en universos,
con presencias de niños, jóvenes y mujeres
que brotan en cada flor,
en cada primavera,
con sonidos de luces
de praderas, de verdores que asoman
cada día
buscando un floreces.

Leonor Escardo

Amigo, hermano, no me dejes

Amigo, hermano
no me dejes
cuando mis lagrimas
rueden agotadas por mi cuello
y se quiebre mi aliento,
me destruya los pasos
los caminos,
y este palpitar de la palabra
que parece buscarnos
que parece soltarnos.
Amigo, hermano
no me dejes, no te moleste
el llanto de tu hermano
no te aleje su muerte
no te ciegues
abre tus grandes manos
para juntar mis lágrimas
Mañana, nacerán mariposas
nacerán otras manos
para albergar las penas
Llegaran días y noches
en los que tu llanto y tus sueños
sean como los míos
anudados, quebrados
que una llave siniestra
cautive la esperanza
Entonces,
vuélvete dulce como los frutos
liviano y grácil como el amor
y el aire que nos mece
claro como los manantiales
y el rostro de los niños
Amigo, hermano
vuélvete bueno.
Escucha las voces que te llaman
que te buscan y esperan
porque eres necesario como yo
cada día,
y en cada noche que se cierra en desvelos.
Eres necesario
para inventar la vida
en toda muerte
para ser campanario
que se suelte en canciones
que llene con sus voces
los fríos agujeros de la ausencia
los pozos que dejan
todos los que se fueron.
Amigo, hermano
no me dejes
cuando mis lagrimas
rueden agotadas por mi cuello
y se quiebre mi aliento
me destruya los pasos
la mirada
y este palpitar de la palabra
que parece buscarnos
que parece soltarnos

¿Desde donde canta el canto hasta donde penetra en el abismo? Heidegger, Los Caminos del Bosque

Y el abismo soltó su capa alada
sobre las luces tristes del ocaso
eran largos sus ojos y extensa su mirada
como si desplegara las sombras de las noches
sobre infinitas vastedades
sobre terrestres existencias,
su gritó saltó y se ubicó en el cielo
densos llantos abajo
ausencia de pájaros arriba
vacíos de palabras en todos los rincones.
Turbios ojos nacieron
son ojos de muertes y de fuegos.
Ciertamente,
llegaron otros tiempos
otras vidas de tiempos
que no son campanarios
ni blancos caracoles
donde habitan secretos de poetas
y latidos de mares.
Dejó de ser el hombre
el aroma del beso
el surco calido y fértil
que irradiaba caricias
y el abrazo cerrado de hemisferios.
Pudo ser
en algún tiempo
la voz que recibía y que te amaba
la que tejía sueños y cantares.
Se fueron las palabras, amigo,
nacidas de las fuentes
peregrinas del alba
y todo es despedida,
ausencias de amaneceres fieles
de aquellos que encendieron las pupilas
de las primeras horas,
de aquellos días nuestros,
esas tibias luces que tanto nos amaron
y que amamos.
Todo lo que fue alado, florecido,
sideral y viajero
quedó rasgado en sombras
cuando rugió el abismo
donde todo parece y todo calla.
Llegaron las antesalas
de los tiempos oscuros del regreso
de los hombres voraces
de los hombres del oro
de la demencia de los oros.
No hay palabras que eviten
el caer en las ciénagas
donde estamos cayendo,
atomizados, salvajemente solos,
salvajemente muertos.
Por todo ello,
amigo, hermano,
poeta, soñador,
caminante sin treguas,
viajero del encuentro,
busquemos un despertar de las palabras,
de aquel instante antiguo
perdido en los recuerdos,
de emociones ya muertas.
Palabras olvidadas
presentidas, no nacidas
ni nombradas.
Aquellas palabras,
que no pudimos transformar
en otras sonoridades
las únicas que puedan reunir
las energías de este mundo
la paz y el amor de este planeta,
palabras que convoquen las voces de las selvas y mares
de los vientos y el fuego
y las sumen a todas las voces de los hombres
que piden por la vida y por la estrella
por el niño y el canto,
somos humildes artesanos
somos poetas,
guerreros de los soles
amantes de la luz
porque la luz es paz,
esperanza, nacimiento
y amor entre los pueblos
Habitante de cantos,
que acompañan estos días y noches
de abismos y de lágrimas.
tengamos fuerza hermanos
para seguir cantando,
somos arquitectos de cielos,
de esperanzas,
de territorios de trigales.
Hoy se destilan lágrimas.
y la muerte es la hacedora de palabras,
la que define el tiempo de los cantos
y el tiempo de la vida.
Por eso hermanos, compañeros, amigos,
recordemos que estamos
en tiempos de penurias y abismos
donde la pregunta es dolorosa y grita
y la dice el poeta.
¿Desde donde canta el canto?
¿hasta donde penetra en el abismo?
Hoy se destilan lágrimas
y la muerte es la hacedora de palabras.

Leonor Escardo.

Digamos Amigos

Digamos amigos
amigos de siempre
de hoy, de mañana
que la tierra esta triste
que el mundo es una nube gris y densa
que nos calla
Digamos,
que los trigales
dorados, musicales
ya no miran al sol
ni molinos de viento
alegran ensombrecidas tierras
Nuevamente digamos
que el hombre está ausente
que padeció un olvido de sí mismo
que se fue de su historia
con la mirada fija
en la circunstancial y pretérita
negligencia de las cosas.
Allí esta
abismado en torrentes,
lacerado, envejecido y mudo
ya no espera.
Inútiles
el afán de la brisa
redondeando perfiles
para arrimar caricias a su piel
Vana
es la luz de las auroras
si el hombre no las busca
Sordo y estéril
es el canto para el solitario
y el ebrio de relámpagos.
No
No es este el hombre que amaba
las lluvias maternales
los rocíos, la inocencia del río
y el dibujo perfecto de los pájaros.
No,
no es el hombre aquel
que cabalgaba las celestes montañas
que fue heroico, inmortal y fiel guerrero
gestor de epopeyas que alcanzaban los cielos.
No,
no es aquel,
es este el desterrado
el que robó su luz a la esperanza
el que secó las fuentes
y nos dejó la sed.
Y...
hay festín en muros y cavernas.
hay festín en las noches de las sombras
y en las sórdidas grietas del abismo
Atrás quedaron
Héroes, bardos, semidioses.
Hoy, ahora, solo queda
La pálida efigie del olvido.
Viejas están las apagadas lámparas del

 

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