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Javier COTILLO CABALLERO
Nacionalidad:
Perú
E-mail:
Biografia
II
CUANDO SE ROBARON AL SOL
[de Javier Cotillo - JACO]

Era un pintor que comparta aficiones con la literatura. Enamorado de los paisajes andinos, apuraba en su lienzo los detalles de un ocaso singular. El rojo intenso del firmamento contrastaba con su diminuta figura que enfundaba a un cuerpo esculido metido en su saco y su rado mandil sobremanchado de mil colores. Su exagerado mentn alargaba a su gusto su crecida barba, dando argumento a sus vidos ojos que devoraban, con enorme deleite, ese instante del firmamento.

Como es de suponer, el poeta-pintor privilegiaba al rojo que se deslizaba, goloso, sobre la tela. Rojo por aqu y ms ac. El rojo tragaba al pincel, enraizndose en el lienzo, mordiendo al bastidor y salpicando al caballete. Rojo; ms rojo, antes que se esconda este paisaje devorado por la noche. Por favor!, rumiaba con desesperacin slo para s, ms rojo...; ES PRECISO MS ROJO!. Su pincel se meneaba al ritmo de su xtasis, imparable, indomable; pero el rojo se acab antes de tiempo; entonces el artista, endiosado por el paisaje y engatusado de pasin, con extrao arrebato, tom presto su navaja y, de un tajo vol su mano derecha. En ese instante todos los msculos, los huesos, el pensamiento, la vanidad del pintor, y en suma, el conjunto de su cuerpo, se convirti en pintura roja...; y, con el mun sangrante, sigui pintando y pintando, su original visin.

Cuando el ocaso trag al Sol, en un retazo de tocuyo, qued grabado para siempre el exquisito misterio de un anochecer andino. Al pie, yaca sin vida el esculido cuerpo de un pintor que comparti su locura con la literatura. Entonces, inesperadamente, el astro rey, conmovido por tamaa idolatra, volvi a salir para rendir homenaje a su pintor. Fue la nica vez que el da amaneci dos veces; por el Este y por el Oeste. Desde aquella ocasin, el Sol ya no es el mismo; ha perdido su brillo.

Han pasado muchos aos. En algn rincn olvidado, sobre una tela empolvada por el tiempo, todava supervive el misterio de aquel anochecer andino, cuyo Sol se... resiste a desaparecer.

II

LA REVELACIN DE NEN
[de Javier Cotillo - JACO]

Cuando la vi, me incomod el flujo maloliente que dejaba a su paso y la gruesa capa de mugre que recubra su cuerpo.
Cruzaba la calle con los pies envueltos con trapos y plstico a cuenta de zapatos. Marcaban pasos pausados que calculaban, quin sabe, la distancia que faltaba para llegar a su destino. Su pelo, amasado con suciedad, pareca un casco de grasa apelmazado en aos de abandono o tal vez una revancha contra una desilusin, y por qu no, de una temprana locura. Resultaba imposible evadir al escalofro que originaba mirar su rostro debajo de esa inmundicia. Apenas se adivinaba que era una mujer de mediana edad.
Los andrajos que vesta se sumaban a los trapos y otros elementos encontrados en el basural, los que se haban superpuesto con el tiempo unos sobre otros para tapar su esqueltico cuerpo; sin embargo, ya no cubran sus vergenzas.
El nico diente que se aferraba a su boca aplastaba el labio inferior y se haca notar con descaro cuando la abra para bostezar su hambre adormecida. Solo su fina nariz delataba una relativa belleza en su juventud.
La gente se alejaba rpidamente de su lado por la repulsin que originaba su cercana. Nen se detuvo para rascarse los hombros mientras retiraba con familiaridad algunos piojos, luego reorient su camino. Hasta el aire evitaba mezclarse con el olor nauseabundo que desprenda esa imitacin de mujer.
Ahora se sent sobre el sardinel. De algn lugar sac un pomito con agua y un pedazo de tela que luego de humedecerlo empez a frotarlo en crculos concntricos sobre su rostro. Todo esto lo repiti varias veces, hasta que poco a poco empez a notarse la piel de su cara como una mscara que contrastaba con la parte oscura del resto de su cabeza. Usando el meique, lo unt con tierra del piso y pas el polvo sobre los prpados de sus ojos a manera de sombras; en seguida, con el otro meique arranc de un tubito un poco de rojo para untar sus labios, y quirase o no, hizo una mueca de coquetera olvidada; el contenido de otro frasquito vaco sirvi para perfumar su cuello y orejas; luego, con algunos pedazos de peridico, ms los inexistentes insumos de maquillaje, infl levemente una bolsa de plstico negro que trat de colgar en su hombro izquierdo a manera de cartera. Se puso de pies mientras soplaba las uas de sus manos mugrientas para secar la supuesta pintura y retom su camino arrancando una ancha sonrisa a sus labios que se resistan a representar ese falso libreto, pero cerr la escena dando pequeos pasos, entrecruzando los pies, meneando la cintura con exagerada picarda, que se vio vulgar.
Algunos curiosos, simulando no ver nada, se ubicaron estratgicamente para no perder detalle de lo que estaba ocurriendo. Nen, cruz la calle como filmando sobre una pasarela de un exclusivo desfile de modas y se par frente a la puerta de una casa de citas. Del interior apareci una mujer ataviada con exageracin, quien pregunt con soberbia:
− Qu quieres!
−Es, estee −balbuci Nen, ms por haberse olvidado de hablar con nadie o como sorprendida en falta. Pero armndose de valor, inesperadamente apart los brazos con violencia, estir los msculos de la cara con rabia, tens todo su cuerpo para concentrar su ira en pocas palabras y llenando sus pulmones abri su horrible boca como un portn oxidado de un ttrico castillo y lanz su protesta como una extraa esperanza:
QUIERO TRABAJAR!!!
Los curiosos que haban escuchado todo, estallaron en carcajadas, mezcla de asombro y burla. Un cruel sarcasmo que lapidaba la ltima esperanza de la mujer Ellos desaparecieron tan igual como haban llegado, pero dejaron la irona de su burla en el ambiente.
La puerta se cerr violentamente sobre la cara de Nen, quien se qued nuevamente sola, cargando su locura y sus ilusiones aplastadas

III

COLUMPIANDO SONRISAS
[de Javier Cotillo - JACO]

La vida y la muerte se consideran opuestas pero, en realidad creo que son la sucesin constante de instantes de un mismo proceso llamado existencia. En ella, lo que llamamos vivir, no es ms que una continuacin entre nacer y morir para seguir viviendo la vida murindola a cada instante hasta que, finalmente, la muerte se prolonga indefinidamente cuando no es posible renovar el renacer de ese nuevo instante. No creen?

Por eso, que vivan los adultos y que vivan los nios, especialmente las bebitas que son como la pequea que conoc esta maana mientras iba a mi trabajo usando el servicio pblico.

Ajena al ajetreo de la gente que pugnaba por un lugar dentro de vehculo, ella se encontraba cmodamente recostada sobre una falda llevando a cuestas, calculo, sus escasos ao y medio. Exhiba con inocente elegancia su carita ovalada y una minscula naricita que armonizaba con sus medianos ojos, sin argumentos de bandera, los que se abran y cerraban al ritmo de cada mamada, porque han de saber que la jovencita estaba desayunando sin intermediarios, directamente del pezn. En su golosa tarea pona toda su energa para envolverlo con la lengua y chupar con bro y, de rato en rato, presionar con sus manitas al recipiente para estimular al lquido elemento.

No era el desayuno ni su recipiente lo que impresionaba, sino el modo singular en que desbordaba su felicidad entrecruzando los pies, uno despus del otro, al ritmo de su deleite como defendiendo la exclusividad de su alimento en el centro de la gente que se apiaba como poda para dejarle un espacio.

Cuando eruct su chanchito dio por concluido el desayuno. Se sent como autorizando que recojan la mesa, o mejor diciendo, que guarden la mesa. Entonces se pudo apreciar sus finos labios sobre su pequea boca, y las ondas de su cabello que se desparramaban plenamente sobre sus orejitas ovaladas para exhibir los rulitos escotados. No era robusta, pero haca gala de buena salud.

Se contorne con vigor hasta lograr ponerse de pies sobre sus zapatos de gamuza semicubiertos con las mangas de su pantaln que se prolongaba hasta la cintura, y para quedarse en ese lugar, me refiero a su pantaln, entrecruzaba sobre la blusa dos tirantes que se abrazaban de sus hombros, desde donde se escapaban sus bracitos rollizos que remataban en dos delicadas bolitas, que al estirarse, dejaban libre a sus inquietos deditos; eran sus lindas manitas, como de juguete.

Se par a mi lado, como desafiando a todos. Entonces hicimos lo imposible para mantener el espacio a su favor. La pequea apenas poda mantener el equilibrio debido al movimiento del vehculo y por la falta de experiencia en esos menesteres, pero descubri que era muy divertido jugar con el movimiento del carro, y armonizando con el vaivn logr dar pequeos saltitos, gracias a las manos que la sujetaban desde los tirantes. Continu con sus saltitos en el mismo lugar, marcando la cadencia con la boca. Y mientras su diversin tomaba cuerpo, entub los labios de su pequea boca, arrugando con gracia su naricita de algodn, comprometiendo a sus ojos juguetones que parecan desorbitarse, asustando a todos, pero cambiando de modo, rpidamente se achinaban jalando sus prpados hacia arriba y a los costados, y luego la frente, despus las cejas y hasta las orejas, subiendo y bajando como columpindose entre seria y jocosa y al ritmo de su carcajada, como festejando un chiste muy gracioso que slo ella saba.

Nunca vi rerse a nadie con todos los elementos de su rostro. De pronto, adusta como una roca, pero slo un instante. Luego columpindose al otro extremo, como las caretas de un teatro, pero vestidos de inocencia y gracia, devolviendo las orejas hacia abajo, desarrugando la frente, dejando los ojos chinos para recuperar los redondos, igual que sus cejas, de oblicuas a ovaladas, desarrugando la frente, soltando sus prpados hacia abajo y al centro, extendiendo las arrugas de su nariz. Una sinfona concertada de gestos y muecas que oscilaban entre alegra y seriedad, vale decir, cambiando cada segundo y a su gusto, la carcajada por la seriedad y la sonrisa, todas juntas, como si fueran varias personas riendo en un solo rostro, logrando que la gente estire sus ceos, entrecejos y sobrecejos, para tomar generosamente de ese manantial llamado nia la cantidad de carcajadas que su antojo les pidiera, hechizados por el ms bello concierto de alegra de ese rostro sin igual.

Todo esto ocurra casi al llegar a mi paradero. Al bajarme, todava con la sonrisa en los labios, intent mirar una vez ms a ese encanto de nia a travs de los cristales del vehculo. Pero no la volv a ver. Sin embargo, estaba la abuela, columpiando el mismo rostro de alegra, como un doble, pero de adulta. Entonces supe cmo sera la nia cuando grande. Esa nueva porcin de risa me acompa por muchas cuadras. Y mientras tecleo esta experiencia, estoy aprendiendo tambin a columpiar mi nueva alegra. La nia con su abuela tienen la culpa.
JACO

biografia:

JAVIER COTILLO CABALLERO

conocido en el mundo literario como JACO
1] Publicado en 1987 en la Revista CASA de la CASA DE LAS AMRICAS DE CUBA.

2] Premio Nacional 1995 de la Derrama Magisterial en la modalidad de Ensayo.

3] Premiado en 1996 por la Facultad de Literatura de la Universidad Guadalajara de Mxico, en la modalidad de Novela.

4] Presidente del INSTITUTO IBEROAMERICANO MARIO VARGAS LLOSA - sede en Per, 2005-2006

5] Autor de 23 volmenes entre libros de consulta, novelas, relatos y antologas.

6] Condecorado por el Estado Peruano en 1999 con las PALMAS MAGISTERIALES en el GRADO DE EDUCADOR; y el 2004, y mediante Orden del Da n. 5755 del 18MAY2004 del CONGRESO DE LA REPBLICA, con las PALMAS MAGISTERIALES en el GRADO DE AMAUTA .

7] Sus obras estn publicadas en la Internet y puede ubicarse buscando en GOOGLE, como: Javier Cotillo

escribejaco@hotmail.com

 

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