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Ariosto Uriel Hernndez
Nacionalidad:
México
E-mail:
Biografia

NAUFRAGIO
Estoy aquí, acompañado del silencio [llave de una puerta que da hacia la cordura]. Señor de un reino ausente de sonidos, el silencio murmura ante mis ojos mi pertenencia a la mar. Tropiezo con la noche y una capa de recuerdos se desnuda ante una playa envuelta de sal; camino en la penumbra del pasado hacia el punto en que unas paredes de agua inundan una estancia cansada y sedienta. Continúo caminando. A mis espaldas, en esta playa que descorre su escenario, dejo mis huellas en la blanca tela que se despierta con mis pisadas silenciosas. Inmóviles los labios, sólo acierto a mirar el alto faro de luz que conoce la historia del aire marino [triste el día de hoy, descalzo en este momento]. Mi rostro entre los dedos de la lluvia que ha comenzado a caer [ya anunciaban su presencia los negros nubarrones de la tarde]; sitiado de noche y de agua, siento en el cuerpo la faz de las olas, seres marinos, arrecifes que se tienden a mis pies. Es fría el agua de la mar a la medianoche, al menos para mí, en esta ocasión, cuando el cuerpo, de la cintura hacia abajo, se borra bajo la mar. Conozco este acantilado nocturno: debajo de las olas caminan, a mi lado, los sueños de la mar y del sol [hebras de sueños, tejidos de un dios marino]. En el fondo ~de la mar y de mí~ esperan las azules señales, recodos entristecidos que todavía conservan su nombre. De la cintura hacia arriba habita el alma [una luz que se enciende y se expande para sostener el resto del ser]. Me observa la costa en mi movimiento continuo, unido al ritmo de las olas soy desplazado al aliento de la orilla: soy un sedimento de la materia que habitaba en la mar. La compañía del silencio [navaja que corta los sonidos del mundo y silba su vértigo en mi oído hasta hacerme desangrar los recuerdos] es un constante ascenso al asombro: después de caminar algunas horas, me detengo en el húmedo y amarillento recuerdo de una tormenta interior que inauguró el insomnio en un oleaje de sombras. ¡Qué abismos se abren en los naufragios! ¡Cuántas heridas oxidadas en la nuca y en el lenguaje que no alcanza! Desde la orilla de unas palabras sonámbulas me aviento al centro de la tormenta: un golpe de agua me enjuaga los pensamientos, me arrastra hacia adentro. Fluyo en todas las gotas que resbalan en la frontera de la mar, soy un vaso conteniendo tiempo [ya no más sólo un cuerpo], soy miles de nombres, voces desbordadas, sonidos que se unen en la blanca sábana del día. A la distancia el faro se derrite en el cauce de la mirada. Dos islas imaginarias en los ojos, dos ríos de luz escapan hacia la mar [si las olas gimen ante la falta de una muerte, si se violentan en su sed de hombres y embarcaciones, deben cantar con el dolor que se escribe en la herida de sus surcos]. Estoy aquí, hundiendo los dedos en la arena y en la noche que pronto acabará. Mientras agonizan las sombras y sanan las heridas, vuelvo al inicio de la historia, a la infancia del naufragio que impregnó el futuro paisaje: desde niño amé la mar: en mis horas de juego fui el timonel de una embarcación, pirata de sólo un ojo navegando en la luz de la imaginación. Fui también un delfín o Poseidón o amigo de una sirena-niña [evocaciones incrustadas en la memoria, amarradas a una lejana tempestad]. Puede ser que aquellos juegos abrieran una grieta hacia el futuro, puede ser que unas gotas de naufragio danzaran en mis cabellos en aquellos lejanos años: fui un niño con la mar en la boca, con las manos impregnadas de espuma, y así caminé largamente [no horas ni días, años]. La mar me obligó a sentirla, a pensarla, a vivirla. En mis sueños habitaban peces, saladas playas, las olas venían con sus sombreros de espuma, la mar pronunciaba mis primeros versos que escribía con los dedos en la arena. Estos recuerdos se acuestan, poco a poco, en las escolleras; duermen arrullados por los murmullos de la mar [madre de la vida].
El silencio me acompaña siempre desde adentro. Camino. El alba se viste con los colores del mundo que, lentamente, escurren de los primeros rayos del sol.

Mar adentro
Mar adentro navego y me encuentro con mis recuerdos; me entrego a un sueño que fluye en la mirada y los nombres y las cosas se recuestan en la memoria. A la luz de los ojos se muestran las imágenes, me alumbran la lengua, y la costumbre de guardar las palabras se agazapa en mis sienes. Toda la noche navego en estas aguas, la mar me recorre el cuerpo, me inunda el pasado. los pensamientos.
Mar adentro cobran vida los cantos, laten las palabras en este barco que navega en las negras paredes de la noche. Aquí persigo mi rastro, aquí soy la tempestad en el templo del silencio.
[Con los labios con sabor a sal construyo este barco para navegar las mares interiores].

Himagino al Rey Midas de la mar:
todo lo que toca
se transmuta:
de sus manos surgen muelles
de sus sílabas salen soles sales
de sus labios vienen brisas
de sus hojos hemergen hislas.

Todo lo que toca
se transforma:
de sus palabras se forman harrecifes
de su haliento vuelan los vientos
de sus sienes son las harenas
[y sirenas]
de su frente
nace
el profundo silencio de la tarde.

Breve biobibliografía del autor
Papantla, Veracruz, México, 14 de febrero de 1969.

Escribe sus primeros versos a la edad de once años, motivado por la lectura de poemas que descubría en las revistas que adquiría su madre, Sra. Silvia Pérez Atzin. A la edad de diecinueve años decide dedicarse, de manera autodidacta, a la literatura, apreciándose el resultado de su esmero en la publicación de sus primeros poemas en un diario regional de la zona norte de su estado natal, desde marzo de 1990 [donde colabora con cuentos y poesía en la sección cultural] hasta marzo de 2004. A partir de entonces, publica en diversas revistas literarias del país y del extranjero.
Cuenta con participaciones como prologuista, comentarista en la presentación de libros y en programas de radio, en exposiciones colectivas de poesía y como Jurado Calificador en eventos de Oratoria, Declamación, Juegos Florales Juveniles Regionales y Estatales.
Delegado de la Zona Norte y Presidente de la Coordinación Papanteca de la Unión Estatal de Escritores Veracruzanos, A.C. Ha obtenido reconocimientos en Ensayo, Cuento y Poesía: Segundo Lugar en el Primer Concurso de Ensayo Literario [Editorial Gibb, Poza Rica, Ver., 1992]; en dos ocasiones ha obtenido el Primer Lugar en el Concurso Literario de Cuento \'Todos Santos\' [Editorial Gibb, Poza Rica, Ver., 2000 y 2001]; Primer Lugar Estatal en Cuento en los Juegos Culturales Magisteriales [Xalapa, Ver., 2005]; Mención de Honor en el XII Premio Nacional de Cuento Carmen Báez [Morelia, Mich., 2005]; en los Juegos Florales Nacionales de Poza Rica, Ver., ha obtenido: año 2006-Segundo Lugar, año 2007-Primer Lugar; en los Juegos Florales Nacionales de Papantla, Ver., ha obtenido: año 2000-Segundo Lugar, año 2001-Primer Lugar, año 2004-Tercer Lugar y año 2006-Primer Lugar; ha obtenido en dos ocasiones consecutivas el Primer Lugar en el Premio Nacional de Poesía \'Timón de Oro\' [en el 2004 con Islas imaginarias en México, D. F., y en el 2005 con Mares interiores en Campeche, Camp.], que otorga la Secretaría de Marina a través de la Asociación de la Heroica Escuela Naval Militar, A. C. Director de la Revista Literaria Voces Interiores. Ha participado en Encuentros Nacionales e Internacionales de Escritores. Ha sido antologado en el libro Cien Poetas del Mundo, editado en Michoacán. El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, a través de la Dirección General de Culturas Populares y el Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias [PACMyC], publica en el 2006 su libro de Cuentos titulado La noche eterna.

arurhe137@gmail.com

 

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