s
s
s
s
s
s

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Liliana Pintos
Nacionalidad:
Argentina
E-mail:
Biografia
Olegario ngel de Floresta

Le duelen las manos desacostumbradas

Entusiasmado, empuja por primera vez las varas del carro bajo la luna

helada de junio.

Gaona abajo, mientras El Chuli acarrea los ltimos cartones pergeados

por la noche clara.

Se rasca la panza Olegario.

ltimamente se le da por hacer cada ruido!

A las onceruidos!

A las tres o cuatro de la tarderuidos otra vez!

es que la panza no se le ha acostumbrado, todava?

Ya tendra que saberloen casa se come una sola vez al da. Lo dems: mate

cocido. All nunca sobr nada. Y desde que el viejo se raj con la chirusa sa

de la Pipimenos todava!

Aunque a la final, es mejor claro que s!

Su madre ya no tendr que andar tapndose con mangas largas los moretones

que le dejaba l cada noche, cuando la fragilidad de las sbanas apenas le alcanzaba a

Olegario para amortiguar los gritos transportados por el vino de su padre.

Sus flacos trece aos [ y su sptimo grado a medio andar] empujan con fuerza

incontrolable el carro semivaco, mientras la luna le tira destellos cmplices desde

Avellaneda y Gualeguaych.

- Justito en la esquina de la Portu- como le decimos todos -

ja, le van a venir a l con que tens que estudiar as sals de la miseria, Olegario!

para qu iba a hacerlo, si la Flori, el Julin y el Maico lo esperaban

berreando de hambre entre las maderas de la casilla all en la veintiuno?

Qu podan saber la maestra o la bibliotecaria cuando le reprochaban que

traa incompleta la tarea o que no retiraba libros?

Olegario las miraba desde el banco con silenciosa tristeza.

Aunque l tambin las quera no iba a explicarles nada. Ellas no podan

entenderlo. Entonces, meta la cabeza entre los hombros esculidos y no haba dios que

le hiciera pronunciar palabra.

-OlegarioQu comiste anoche que ahora te duele la panza?... seguro que

no es por la evaluacin de Sociales?... quers bajar al comedor a pedir la vianda?-

Y l apretaba los puos y deca que no con la cabeza.

No a todo: al hambre, a la evaluacin que esperaba turno sobre el escritorio

de la Seorita Consuelo, al snguche que se mostraba prometedorpero que, sin

embargo, l guardara dentro de la mochila

Las luces a medio encender de la Gaona volvan ms visibles las persianas

entornadas de La Floresta. Y una msica tanguera endulzaba sus sentidos aunque saba

que era msica de viejos. En el patio de entrada un grupo de gente ultimaba detalles

para una excursin no se sabe a dnde

Aguza bien el odo.

Quiere escuchar, pero el mareo lo distrae un poco

Como sea, tiene que esforzarse hasta llegar a la Iglesia de La Candelaria,

frente a la Plaza Vlez Srsfield. Dicen que all hay un comedor, que les dan abrigo y

que los quieren mucho

Sigue buscando cosas para acumular en el patio de la casilla. Para vender.

Para aprovechar algn juguete para sus hermanos, quiz algn abrigo

La noche se presenta implacable y fra as que hay que levantar el dobleo

el triple de lo que lleva.

Sus breves trece aos prometen a su vientre albores de ternuras olvidadas por

una mam que cuando l llega - bien entrada la noche- dobla el resonar de los tacos en

la esquinarumbo vaya uno a saber dnde.

El viento helado suele alargar sus sombras sobre los colchones en el suelo

de la casita en la villa.

Y la mami no regresa hasta bien altito el sol, cuando los hermanos ya salieron

para la escuela de jornada completa.

El problema es la cena y despus, tratar de ahuyentar el fro que se

filtra por entre las maderas radas.

La oscuridad nocturna suele cerrarse como pulpo sobre su cabeza rizada e

intenta dislocarlo hacindolo jugar al olvido, distrayndolo de sus deberes de hermano

mayor

No puede pensar Olegario. Una puntada se le ha instalado ah en el costado y no

hay tazn de sopa que pueda deshacerse de ella

Entonces, de la torre de Bacacay y Chivilcoy se desata un vuelo de

palomas que acunan sus sueos de adulto precoz.

De chico que salt etapas para elegir desvanecerse en medio del comedor - en

brazos de su maestra- que empieza a comprender por qu desde hace cinco das no va a

la escuela Olegario.

C. LILIANA PINTOS

Merecimiento de la tierra

El vibrante chorro de agua se le desliza intermitente por la espalda y una

rfaga de aire helado le recorre el cuerpo, hacindole agachar la frente contra el pecho

desnudo. Y aunque el vapor empaa el espejo, ella busca ansiosa el reflejo de su mirada

en cuarto menguante como cuando rea a su lado y solan convertrsele en dos

lunitas idnticas y pcaras.

cmo no se haba dado cuenta antes?

un clan es un grupo de gente que acta como clula, al mando de una

sola persona. En algunos pueblos antiguos, es la mujer quien decide sobre el grupo

porque est capacitada para parir y prolongarse as en el mandato sobre los

dems


Seca rpido su cuerpo con el toalln de los domingos y cepilla con fuerza

sus dientes, disponindose a peinarse con la paciencia de siempre: el largo de su cabello

nocturno requiere un tiempo particular de dedicacin.

Por encima de las expectantes sbanas, las ventanas abren los brazos a los

surcos laboreados hasta donde no llega la vista

Ms all [y como pintadas por el espritu de algn alado] las cabras se

incitan mutuamente al pastoreo recorriendo con grvida ansiedad el suelo en declive.

Sin haberlo olvidado del todo, hace mucho tiempo decidi dejar atrs el olor

del asfalto mojado con las primeras gotas de lluvia, desandando los costados de la

mirada ausente en el trayecto de los colectivos que la llevaban de aqu para all en la

ciudad annima. Y decret, tambin, alentar la ilusin de la historia que se repite a

veces pero que otras puede ser dada vuelta en el aire.

Sin rozar el piso, siquiera.

Para resarcirse del maceramiento cotidiano del dolor o de la impotencia.

Amaru saba que as y todo, esta tarde los recuerdos eran como un buril

rtmico y fatal tallndole el alma


Cmo lo haba sabido? Ya ni lo recordaba, siquiera. Lo cierto es que una

madrugada despert sabiendo que tena que averiguar cundo y cmo el padre

de l haba muerto. Nadie se lo haba dicho con palabras habladasslo lo supo en

sueos.

De igual modo que aprenden los indios los designios del pasado y del futuro

Como reconoce el chamn las plantas que curan en medio del monte

As, Amaru supo que haban omitido su existencia.

En mitad de la noche.

Con la respiracin acompasada y rtmica de quien establece su primera

relacin con el reposo estrellado.

Y de all en ms, supo tambin que denunciarlos y presentarlos ante la

justicia de los hombres, era para ella, una cuestin de dignidad.

Un derecho adquirido.



Al salir al corredor, el resplandor del sol alto le agrega estrellitas a la azulada

espesura de sus pestaasY siente la poderosa presencia de las alforjas de awayu

antiguo redoblando con insistencia muda desde lo alto del cerro

Airosa, salpica con su pelo el pbico vello de los incipientes brotes de

habas mientras cruza la huerta. Se cruza la chuspa sobre el pecho erguido y salta

con paso seguro los dos escalones que la separan de la angosta vereda. Se siente

absolutamente convencida que Pachamama la protege de pies a cabezacomo cuando

le ofrend con su mejor comida aquel primero de agosto, en la plaza central de ese

mismo pueblo que la recibi y la vio crecer como a una hija ms de los cerros.

Los divis cerca del portal de la Iglesia de la Virgen de Orkopia .

Eran diez o doce entre hombres y mujeresellos, de saco y corbata. Ellas, de

pollera y pauelo negros en la cabeza.

Ya desde media cuadra antes, los distingui claramente: Clara y el

marido; Marigloria, la madre y el hermano; Jess de Rivadulhas y la mujer. Y por

ltimo, Jaime -el menor de los hermanos: el padrino.

[a veces, la traicin se oculta detrs del rostro y las palabras de algunos

humanos que, por azar o eleccin, caminan en la misma vereda que nosotros]

Haban viajado desde lejos, Y la altitud de aquellas tierras generosas les

resultaba extraa y agresiva, haciendo estragos en los rostros serios y ojerosos. En las

piernas hinchadasEn la batalla desigual en la que haban arremetido juntos

se acurruca el sol intimidado ante el atropello de la codicia

desmedida, de la ignorancia desatadaY busca de acomodar sus rayos de tal modo

que la solidez de la montaa le acuna el desarraigo hasta el nuevo da


La tarde purmamarquea hace gala de un silencio intimidante.

Aunque ellos imaginaron sabe Dios qu tipo de encuentro, Amaru apenas les dirige

una sonrisa, sealndoles con el dedo ndice el camino hasta el Registro Civil. Con los

sentidos bien despiertos, se encasqueta el chulo hasta la lnea de sus ojos aindiados y

sin mediar palabra, encabeza la columna en direccin al Juzgado .



-la gente del norte es tan sumisa!... al finaltampoco era para tanto, si

lo nico que hicieron fue guardar silencio! Cuando hubo que declarar los

familiares del extinto, la tentacin fue tan grande que, por un segundo, se miraron

vacilantes. Y sin dudarlo ms -como si se tratara de un pacto sobreentendido por todos-

decidieron omitir su nombre quin iba a enterarse? -

El frescor de la tarde comienza a cernirse sobre los pies desahuciados de

aquellas figuras que parecen desgajarse sin remedio en la transparencia del

paisaje

La oscuridad de la noche sagrada se inclina a cerrarles el paso en el mensaje

de su silencio sabio. Y aunque el camino no es demasiado largo, la densidad del aire

les quiebra la respiracin, mientras se buscan intentando acompasar el cuchicheo para

darse valor mutuamente.

-que se reabra el juicio inmediatamente -ha ordenado Su Seora-que los

firmantes se notifiquen de ser los responsables directos de la afirmacin realizada,

pagando gastos, intereses, tasas, sellados y costas.-

Entonces, las palabras del Juez resuenan como un chasquido en medio de la

sala y parecen venir retumbando desde lejanos lugares, como si no fuese l quien habla.

Por entre las cornisas, las palomas de la Iglesia vigilan cada movimiento.

Amaru siente que est dando el salto desde el otro lado de la grieta. Y ve

de reojo el temblor de aquellas manos y barbillas balbuceantes.

Los escucha componerse la garganta; rechinar las mandbulas y revolverse

incmodos desde el fondo del saln. Las volutas de sahumerio de coca, llicta y

romero exhalan en bocanadas anunciadas la voz de Patchakuti que se alza desde el

centro mismo de la cosecha de maz y de cebil .

La intensidad del cielo nocturno parece susurrarle al odo: -almendraste tus

ojos de tal modoque hasta los chalchales enmudecieron el vuelo-

Hija natural del trueno y de la tierra

Retoo directo de Wirakocha y las estrellas le devuelven a tus manos

frtiles la cosecha de las tierras usurpadas. Y tendrs el cuenco retornado entre los

brazos para acunarlo tiernamente, mientras entonas la vieja cancin de cuna que en

sueos te cant el viento en una noche de marzo.

MARI MARI

biografia:

Breve biografa de la autora

Liliana Pintos
naci en Ayacucho [un pueblito de la Provincia de Buenos Aires, Argentina] el 21 de octubre de 1956.
Sus orgenes humildes y sus constantes deseos de superacin la llevaron a vivir a Mar del Plata, ciudad en la que trabaj y estudi obteniendo los ttulos de Profesora en Educacin Inicial y Maestra para la Enseanza Primaria.
Ya en Buenos Aires, curs la carrera de Bibliotecaria Profesional, desempendose en Escuelas Primarias del Gobierno de la Ciudad, al tiempo que desarroll investigaciones sobre temas de Diversidad Cultural en inmigrantes de pases latinoamericanos.
Curs el Posgrado y la Especializacin en Lectura, Escritura y Educacin, y el de Identidad y Pedagoga en FLACSO.
Actualmente se desempea como Maestra Secretaria en Primaria, escribe cuentos y ensayos, publica en peridicos digitales [UNJU, MAPUCHE 42, PALABRAS DIVERSAS, 7 CALDEROS MGICOS] y participa en certmenes literarios nacionales e internacionales.

lilipintos@yahoo.com.ar

 

Desarrollado por: Asesorias Web
s
s
s
s
s
s