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Judy Garca Allende
Nacionalidad:
Puerto Rico
E-mail:
Biografia

No todo está perdido

Se me escapa el tiempo
entre las manos.
Se me escurre la vida
por los dedos.
En vano intento proteger las horas.
Buscarle una razón a esta locura.
No la encuentro.
No existe.
Si acaso está.
Hoy no la veo.

Se me secan las palabras
en la boca.
Se me entumece el color
en la mirada.
Despojos de ideas no nacidas.
Dolores de tristezas tan calladas.
Fútil empeño de una soñadora.
No hay oídos.
Ni oyentes.
Este mar se torna poca cosa.

Se me acaban las fuerzas,
el latido.
Mi cuerpo endeble
se lanza hasta el abismo.
No escucho ya mis pasos.
Las venas son caminos desgastados.
Arenosos desiertos olvidados.

No miro el reloj.
Ni llevo un calendario.
No gasto promesas.
No hay reclamos.
Cercenaron mis pasos.
¿Y después? Lo celebraron.

Y cuando al fin.
la muerte acude presurosa
convencida de su triunfo
sobre el mío.
La miro con coraje cara a cara.
Renace el equilibrio.
Una flor se abre en la distancia.
Ancestral fortaleza de mi infancia.

No es tiempo, compañera.
Le digo amablemente,
y me sonrío.
Mis huesos se resisten.
Siguen vivos.

©Judy García Allende
06-03-2007


Fantoches

No llevan prisa en sus pasos.
No buscan ningún lugar.
Caminan ya por instinto.
No hay freno ni marcha atrás.

Repiten las mismas frases.
Ensayan las mismas poses.
Son muñecos, marionetas.
Hojas que el viento arrastró.

Beben las horas del día.
Ríen sin saber por qué.
No pueden recordar nombres.
No saben lo que es querer.

Excelentes con los dardos.
No se les escapa un error.
Nunca propio, sí el ajeno.
Sombras de la creación.

©Judy García Allende
28-03-2007


Estos mares

Entro a estos mares
profundos y helados
de aguas insondables.
Me quedo sin aliento.
Y nado. Y respiro.
Y me ahogo.
En un último minuto
me dejo llevar.
El trayecto no termina.
Ya no hay paz, ni reposo.
Acelero mi ruta.
Navego a brazo partido
en contra de la corriente.
Alcanzo la superficie.
Recupero las fuerzas.
Y sin pensarlo dos veces,
otra vez regreso al mar.
No es intento suicida.
No es impulso ni orgullo.
Se llama ley de vida.
No pienso zozobrar.

©Judy García Allende

biografia:

¿Y quién soy yo?
Soy hija de una mujer, puertorriqueña como yo, sensible y noble, excelente cocinera y envidiable en el amor a su familia y amistades. Soy hija de un hombre bueno, uno que lee muy poco y que tuvo la osadía de casarse con mi madre, una lectora voraz.

Me crié en un barrio pobre donde nadie era distinto. Pobre también fue mi hogar, pero en él nunca faltaron los libros, los cuentos de aparecidos o la anécdota de un huracán. La fortuna nos acompañó, a mí y mis dos hermanos: una hembra y un varón. Tuvimos cariño, atenciones y salidas dominicales a todos los pueblos de la Isla. Fuimos viajeros incansables, expedicionarios de campo y de ciudad, con gallinas o caballos, en el mar o en la montaña, en un río o en una cueva, desde El Morro hasta Cabo Rojo, los escenarios de mi infancia fueron muchos y fantásticos.

Tuve dos abuelos sabios: don Julio que era barbero y Don Carlos que era cortador de caña. Aprendí con ellos a contar historias fingidas en todo o en parte, ocurridas o soñadas, objetivas o exageradas. La fascinación por la escritura la aprendí con mi mamá en un intento desesperado de que no hablara yo tanto y la dejara respirar; me invitó a \'poner por escrito\' todo lo que quería contar.

Estudié para enseñar precisamente las letras. Por más de veinte años encontré la ansiada fuente, ésa de la juventud. No sé si mis estudiantes [todos adolescentes] aprendieron conmigo tanto como con ellos aprendí yo. Me enseñaron la importancia de reír a cualquier hora, de tomar las cosas con calma, de buscar la perfección reconociendo humildemente nuestra humana imperfección. Me enseñaron que es muy útil hablar con corrección, pero escuchar con atención es una virtud mayor.
Con ellos aprendí neologismos a granel, unos que aún no figuran en la Real Academia. Y aprendí que el magisterio es, como la escritura, una noble vocación.

Dejé el salón de clases con lágrimas contenidas y tuve la despedida que tienen los dignatarios. Me alejé para escribir, me alejé para crear. Desde entonces trabajo en la publicación de textos escolares para la enseñanza del español.

Soy una mujer afortunada. Soy hija, madre y esposa, hermana, sobrina, prima, ahijada, comadre y tía. Con papi aprendí a bailar, con mi mamá a leer, con mis hijas a cantar, y con la vida a escribir. Si añado la alegría de tantos hijos que el aula me regaló, puedo afirmar con orgullo: ¡He tenido lo mejor!

Judy García Allende

judyallende5@yahoo.com

 

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