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Luis Aguilar
Nacionalidad:
México
E-mail:
Biografia
No ha salido el sol
y en mi reloj
ojera inmensa
son apenas
los segundos
No ha salido el sol y en mi reloj
ojera inmensa
son apenas
los segundos
No ha salido el sol y en mi reloj ojera inmensa
son apenas
los segundos
No ha salido el sol y en mi reloj ojera inmensa son apenas
los segundos
No ha salido el sol y en mi reloj ojera inmensa son apenas los segundos
Una muerte es mucho por hacer

Cosas sencillas colman ya el aburrimiento
Salir a la calle Regresar sin caza
Enceguecer frente al destello
Enloquecer la medianoche
Al ojo morboso de la luna
Acaricio largamente la pistola
El vaco de este balcn de cuarto piso
[ Alfiler hendindose en la lnula asustada ]
Dnde este silencio repugnante y maldecido?
Esquizofrnica obsesin por la palabra
Mi dilogo con el espejo va picando
[ Como sal de mar ] el ltimo rincn
El ltimo muro de agua dulce que cae sobre la casa

Si tan slo pudiera despegarme esta sombra
que da vuelta conmigo
y conmigo dobla esquinas
Que me charla la noche y desvela mis maanas
como si nada pasara Como si nada
Si tan slo pudiera dejar esta sombra
en un tanque de otra guerra
O de basura
: Que no presagie el cuerpo
ni me bese los pies. Que no me expurgue el ano
con su lengua de fuego
ni la entrepierna traviesa con sus condilomas cidos
Si pudiera tan slo abandonar esta sombra
[ Que se lleve las sombras ]
Que no muerda ms entraa y talones
este alegre contorno de alfileres danzando

Un hombre duerme un gato entre las piernas
Para Carlos Monsivis

y el hombre ronronea.
El corazn descubre con la yema de sus dedos
con la manaza y el vaivn
extenso de la noche un amoroso :
urgido falo
Apaciguado el viento clamoroso
Aterciopelado el espejo los vigila
Para tantos cientos y ciertos territorios
Lmites atrevimientos universos
[ Qu crueldad ese segundo
en que la luz congela el brillo en tu cerebro ]
Pero el gato se suicida en la memoria
Antdoto vil para desaburrir tus tardes de los lunes
no sirve escribir con sangre mis iniciales muertas
en tu pelambre lmpido
Diez ptalos por tumba y sigues repartiendo
sonrosadas vidas a los muertos
En un crujir que nunca acaba escarabajos hambrientos
hurgan tu sonaja de finales
: Eficaz coleccionista de rechazos
: Tus rosas tambin son para los cerdos

De Mantel de tulipanes amarillos
Nappe jaune avec tulipes aux imprim, [Mantis Editores-crits de Forges]

I.1 / Welcome

Hay una casa de palma
a orillas de esta playa revuelta
como noche de presagios
Una lluvia de nubes negras
que es arribo
Al fondo el mar muerto

: ascua el pececillo plata
trmula muerte el pulpo

Hay una casa frgil a la orilla
de esta playa

Tiene
una puerta llorosa

Tres ventanas

Cuatro aldabones bravos
como orcos en caza

I.2 / Exit

Cacerola insomne y sucia el alma:
Cualquier despus, anochecer y madrugada
o lunes o diciembre,
nada es a la rueda umbrosa que vigila
[ plata morada ]
el arma impaciente
bajo el dintel de la ventana

I.3 / Spirits

Dejo un foco encendido
para espantar el miedo
y un trasto sucio en la cocina

Mariposas deslavndose en el fuego
son estas diez dos trece noches

La desesperacin, una sbana mojada

Voy a arrugar tulipanes rojos con la espalda
mientras que inicia el sol su dilogo amarillo

II.4 / Tired

La noche nemorosa no me
duerme
duerme /
/ vela
el desencuentro
Sontusojos lascuencasdetusojos
Esa luz que se fue de vacaciones
La opacidad de este viaje que iniciamos

[jun

tos]

bajo la hialina oscuridad de lo innombrable
Despeadero de pan y pececitos
en el hocico
infinito del desgano
Nada ms del desgano
Unimos nuestras soledades sin permiso
Ignoramos [ quisimos ignorarlo ]
que Dios no tiene una respuesta para todo

V

Tan lejana la inocencia del fauno y el paraso en sus ltimas llamas. Lenguas de la serpiente. No anhelemos ni a Eva ni a Helena ni a Ulises ni a Adn. Todo pasado se bebe su destino en un vaso de arena. La historia es una puta. Nosotros conocamos la herencia del incendio. Suea que no morimos. Sacude las sbanas que no son blancas y guarda la resignacin en la coraza de la perla. Que la espada descanse y se relaje el desamor. El da ha sido largo.

VII

Rugoso y solemne el crepitar, la tarde
Sobre las manos lloraba el celofn
Ya no el fuego
Era la lluvia sobre el techo
Los dientes de la sierpe
Erraban pecho abajo
Era su paso primigenio a la puerta de salida por la que siempre entraban

De Decoracin de interiores
[en edicin con traduccin al portugus]

Mrmoles en vuelo con nublazn discorde

En mis huesos profanos tiembla el destino de los mrmoles. Un centenar de albatros es discordancia a nublazn abierta. [Arriba estruendo el mar.
Los ojos cielo abajo]. No queda sino el sismo
[cruzar los dedos sera un despropsito]: Atrocidad irrecusable a la mala suerte.
[Nada tan rotundo como la sangre en su desbordamiento] : Agazapar la vista no sirve de metfora: El mar es un sombro espejo, donde alguien baja las cortinas a la tarde.

Marco y naturaleza muerta

Dos rostros, una corbata gris. Tejido por cristal tu desalio, seduccin del quinto da. Como frgil sostn [sin paredes] muros soberbios. Contricin de mscaras. T y el marco El marco y yo : Distancia lquida de dos clarividencias : La solidez de las astillas abre paso a la tristeza de un ocuje que imposta reciedumbre. Florero a cuya naturaleza [viva] asalta la austeridad puntual de su otro rostro.

Librero con manual de usuario

Ovillo impredecible, el revistero abre un ojo en la suma infinita de proyectos : Recubrir el pie de cama; hacer un librero con trazo de escalera para que ascienda el nimo; planear epifanas de aniversarios ciegos. Pero un artculo dice [contundente] que no suplen lunas a ventanas; mariposas rotas al aletear de un corazn exange.

Maceta con tenedor de oro viejo

Mis manos no poseyeron bienaventurado tacto, acolchonado cojn frente al desarme. : Manguito plata palp al viento. Acarici al agua su pupila con un tenedor de oro vetusto. No domin nunca la danza frente al fuego : Siempre venci la hoguera. Ni siquiera encontr a aquella mujer que en otras odi todos los das, desde la ruptura inaugural de mis espejos.
Por eso al sentir el observar de los leopardos, mi firmeza es una planta convulsiva. No invento rastros. Tal vez [figurilla en arena] un mdico finito.

Paloma roja con cuchillo

Cedieron los canarios espacio en el orfen de los misales. Llegaron los crvidos a picotear el canto: Rompieron cimientos, tapiaron atanores. Hicieron, de un capiton, nido con gris botonadura. De la paloma sobre el piano [hasta el ltimo golpe inmaculada] adornaron con un cuchillo rojo la cabeza.

Biografa:
Luis Aguilar
[Altamirano, Tamaulipas] es egresado de la Facultad de Ciencias de la Comunicacin de la UANL y especializado en periodismo, labor que ejerce desde 1990. Tiene postgrado en el Instituto Tecnolgico y de Estudios Superiores de Monterrey y en el Instituto Mexicano Norteamericano de Relaciones Culturales. Estudi guin cinematogrfico y adaptacin literaria en Cuba. Fue becario del Centro de Escritores de Nuevo Len, jurado del premio nacional de periodismo cultural Fernando Bentez y ganador de distintos premios en cuento y ensayo. En 1988 gan el premio nacional de poesa Manuel Rodrguez Brayda. Autor de Eclipses y otras penumbras [UANL, 1998], Tartaria [Mantis editores, 2003] y Mantel de tulipanes amarillos [crits des Forges y Mantis editores, 2005].

luisaguilarmty@yahoo.com

 

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