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Guillermo A. Bazan Becerra
Nacionalidad:
Perú
E-mail:
Biografia

DÉCIMAS:
EN EL \'DÍA DEL PADRE\'


Hay tanto para decir
en este \'día del padre\',
que el homenaje a la madre
no haya hecho repetir...
Siendo sincero el sentir
[y el papá bien lo merece],
creo que el cariño crece
si nuestro padre está lejos...
[¡Cómo extraño a mis dos \'Viejos\'!
¡Esta ausencia me envejece...!]

\'Papi querido\', decía
en mi lejana niñez,
y hoy se lo digo otra vez,
recordando que mecía
mi cuna y me adormecía
hasta verme bien dormido...
Luego, estaba complacido,
aunque hiciera travesuras...
¡Con diez hijos, qué diabluras
lo habrán, casi, enloquecido!

¡Cuántas veces vi llorar
a mis dos padres queridos...
Al sentirse muy heridos,
nos llamaban a rezar
y, con mucha fe, adorar
a Dios-Jesús y María...
¡y, bien pronto, al otro día,
las penas habían pasado!
Por eso no ha naufragado
nuestra nave de alegría.

Cuando recuerdo esos días,
y esos años que pasaron,
ahora veo que acabaron
travesuras y porfías...
Ya no hay abuelos, ni tías,
que me engrían ni consientan...
Ya no hay traviesos que mientan,
para eludir el castigo...
¡Sólo hay recuerdos conmigo,
hoy, que los años aumentan!

Quisiera estar a su lado,
para poderlo abrazar,
y, junto a él, caminar
como antes, despreocupado...
Con él siempre he encontrado
el sendero más seguro;
nuestro trajinar fue duro,
pero supimos vencer.
Hoy, más grande es mi querer,
mientras me hago más maduro.

Jaime Bazán, es mi padre
[puedo escribirlo en mil hojas],
y Hortensia Becerra Rojas,
su amada esposa, es mi madre.
Escuchaba una comadre
que cantaban al amor:
ella, contralto; él, tenor.
Hoy, aún, siguen cantando,
mientras vamos bordoneando
compases, al dúo cantor...

Lima, 1980.

RECORDAR LLORANDO

Repasemos los recuerdos, hermano.
Sí, esos recuerdos viejos, ya adoloridos.
Claro, no me dirás ni una palabra,
y yo no te la voy a pedir [ni lo he pensado, hermano].

Recordemos, nomás, como mirando,
en la ciega pupila de la noche,
la pizarra que escribimos, viviendo...
¡Cuánto tiempo vivimos...! ¿verdad, hermano?
¡Pero, cuánto infinito se ha perdido!

Recuerdo tu mirada. Fue ese día de Pascua,
hace ya años... Mirabas a Mamá,
y al diciembre, lluvioso, en que lloraba:
¡En la Cena faltaba ya una hermana!
[Y, después, a todos nos faltan dos abrazos...
¡y nuestros brazos, dos veces, soportan el vacío!]

Repasemos los recuerdos, hermano,
porque el dolor me agobia y quiero descansar.

Fue fugaz lo vivido: tú lo sabes, de sobra...
y hoy nos falta tu abrazo, y nos crece el dolor.

...

¡Cómo decirte, hermano, el recuerdo vivido
desde que tú moriste!
Cajamarca, 1965.


AQUÍ ME QUEDO

Aquí me quedo
para no irme jamás, cuando me vaya...
Porque aquí estoy,
porque quiero quedarme para siempre.
Que a mi alma la sostengan
[¿...y al corazón? No sé; eso es asunto vuestro]
las canciones que canten,
las canciones que sientan,
las canciones que sueñen hallar la verdad.

Y, después de partir,
tal vez descubriré que los únicos ausentes son mis ojos,
porque mi corazón retornará diariamente,
por el imborrable camino
que me trajo hasta ustedes...
Cajamarca, 1990

VAIVÉN INMÓVIL

Mi pulso ha encontrado el recodo de la tarde
y no me causa sorpresa,
porque sabía que el aire ya faltaba
en mis pasos cansados.
De nada me sirvió evocar tu recuerdo,
porque ya no vendrás;
de nada me sirve necesitarte en todo
porque ya no me iré hacia ti.

Estamos extraviados en el mundo común.
Ya no hay cordón umbilical que nos retenga:
hemos muerto al unísono
y el futuro es ajeno en todo su sabor.

No sabes de mis sueños ni de mis agonías,
no te afecta mi ausencia ni extrañas mi risa;
no piensas en mi muerte... y yo no pienso en tu dicha:
sólo somos silencios que se amaron un día.

Pregunta a la aventura del camino truncado;
pregúntale al paisaje que no nos conoció;
pregúntaselo al agua que corrió sin mojarnos...
o a la hostia unitaria que no hemos de comulgar:
Te dirán que es la vida...
Te dirán que es la muerte...
¡Te dirán que es la suerte, que no puede cambiar!

¿Será acaso el destino? ¿O, tal vez, circunstancias...?

¡La respuesta nos espera en el alma...!
¡Ya verás!

Mayo 16, 2006

RÉQUIEM

Acaso soy de fierro, porque mi sangre es fría;
acaso soy de arena, porque guardo calor;
acaso soy de agua, porque entrego mi savia...
y nadie me auxilia, si me ahoga el dolor.

Tal vez si soy la noche, que todos le rehuyen;
quizá si soy el día, que te puede agotar.
¿Seré un viento helado que tirita en tus carnes,
o una llama ardiente que temes abrazar...?

No sé si soy pasado, que ya murió en el tiempo;
no sé si soy futuro, que ya no nacerá;
no sé si tengo pulso; no sé si tengo llanto...
¡No sé si tú eres canto, que yo pueda entonar!

Acaso soy cansancio de camino espinoso;
acaso soy lamento de muerte irracional.
Tal vez me ahoga un río de infinita tristeza,
y tú ni te das cuenta... y te alejas, nomás.

No quiero que recuerdes mi presencia o mi nombre.
Olvida mi llamado, mi mirada y mi voz.
Haz de cuenta que nunca me aparecí en tu vida.
Duerme feliz y goza... ¡Que te bendiga Dios!

biografia:

No por vanidad sino como simple expresión de la realidad geográfica, puedo decir que \'mi cuna fue de oro\', porque mi terruño -Cajamarca, en el norte peruano- posee en sus entrañas enormes minas de oro que la ubican en la cúspide a nivel sudamericano [Yanacocha, etc.].

Nací el 22 de diciembre de 1943. Mi ingreso a la lectura placentera comenzó por imitación constante a mis padres y hermanos, y con ese buen augurio viví mi estudios de Primaria y Secundaria, en Cajamarca y Lima. Mi vocación, que la vivo intensamente, me hace disfrutar el ser Profesor en el área de Ciencias sociales, que la estoy ejerciendo por más de veinte
años. He logrado publicar, aunque en tirajes cortos, más de diez obras de diverso contenido.

Soy multifacético y autodidacta en varios de esos rumbos... Probablemente el sello que más resalta en mí es mi profundamente enraizada fe en Dios. Acaso lo bueno y lo malo podría
concentrarse en la misma cosa, dependiendo de qué lado se la vea: alguien me clasificó como \'trabajador compulsivo\', y creo que tuvo razón al hacerlo; para algunas personas podría ser
inconveniente, pero según lo veo yo... es bueno. Me gustaría morir en un lugar de sierra, con los ojos y el corazón aferrados a cada rincón de esos paisajes andinos.


billbazbec@yahoo.es

 

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