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Ihosvany Hernndez Gonzlez
Nacionalidad:
Cuba
E-mail:
Biografia

Toda belleza es un ciruelo

Toda belleza es un ciruelo a merced del tiempo,
mito ante lo ignoto,
agua inmersa mientras la lluvia cae
sobre ese vientre contenido en un verso de Catulo,
manuscrito a salvo en el país palpitante
de esa habitación
donde se exhibe el cuerpo deleznable del amor,
cárcel donde la luz
pone en evidencia la perfección de alguna axila
y los días se hacen de esa rúbrica añorada,
el abrazo del amigo ido hacia esas riberas del mundo.

La vida urge de espuma,
efervescencia de rostros aunándose en las breñas de la noche.
La paz está en la reconciliación,
hijos de Adán y Zeus,
naturales de Ítaca y Alejandría,
nervudos dioses
en ese esplendor avizorado por mi nostalgia
cuando en ombligos y bocas
voy izando tímidos pecados
sabiendo que toda belleza
es un ciruelo a merced del olvido.

Pensado en José María Heredia

Esta noche de febrero
en que el frío me derrota en Montréal
pienso demasiado en ti, José María Heredia. Te llevo
en mi escritura y lamento. Mueres aquí
en esta pedazo de locura.
El exilio,
no sé aún cómo nombrar mi estancia en esta región,
me otorga la angustia por no comprender tantas razas aunándose
en una calle gris y sepultada por la nieve.
Febrero me ahoga como tal vez te enfermó a ti
e hizo que el mundo te sepultara vivo en el Norte. El idioma burdo
no obedece mis oídos, el Metro desafía el tiempo
urdiendo avenidas y esos ladrillos rojos que asoman desde las casas.
Me quejo y de poco sirven tanta escritura,
de poco valen estas manos claveteando palabras inútiles.
Mis amigos, los que aún viven en La Habana,
no entenderán la fiebre que sucumbe y acaba por dejarnos inertes
cuando aún se sueñan poemas donde el verso no será un negocio rentable.
¿Por qué no se nos permitió salir y volver
sin este destino que han dibujado
decidiendo por nosotros?
¿Por qué ellos han firmado esos documentos inalterables?
¿Por qué no puedo decidir donde colgar mi angustia?
Este es mi febrero en Montreal, ciudad alucinante que me lacera en su nieve,
su apetitoso vaivén de cuerpos y canciones
pero que acaba por imponerme
la renuncia momentánea a mi casa familiar,
a la ciudad que boquea
con sus desvelos y predicciones cartománticas.
Yo no comprendo
por qué no podemos elegir
dónde redactar nuestros testamentos
de rosa, lujuria, o fierro.
Aquí
lamo el exilio sin excusa. He dejado la Isla-Patria
y su agua salobre de cerveza y tambor,
la madre en aquella casa de San Francisco
que pregunta por qué no hay más noticias de su hijo.
Aún sin derrotar
pongo en venta mis estimas
y no obtengo más que un febrero que me hunde en la casa.
Intento sobrevivir en este lugar
donde no hallo el cuerpo tibio a la medianoche.
A este lugar, José María,
he acudido buscando el refugio de un vida mejor
cuando el invierno se demora en las calles
y en los hospitales de Sainte Catherine
saco la basura y alguien pregunta qué lengua hablo.
Hablo la lengua que no es la de mi madre,
hablo como puedo,
intento hallar el trabajo ideal: sembrar nubes y podar aguaceros
y poner en manos adolescentes
el jugo turbio de la nieve.
Pero esta ciudad me advierte que debo aguardar largos años
mientras oculto aquí la escritura de hijo que se refugia en la noche.
La desazón alimenta el espíritu
cuando tu mano aferra un trazo de mortaja.
Qué gran mentira ésta que vivimos disfrazando la ida,
qué vocación queda cuando amanece
y febrero aún se exilia nuevamente.
Barro las fotos, los pasillos y oficinas,
sacudo el polvo adormecido
e intento comenzar una carta y me cuesta.

La madre de dos patrias, dos patrias y una madre

Creímos que una isla era un país vencido por el sol y el salitre con que adormecimos nuestros rostros durante largos años de juerga. Al atisbar las primeras postales holandesas izamos el sueño de nadar hacia otras islas donde apagar la sed. París y Philadelphia fueron perfectos paisajes a color y cerramos los ojos percibiendo el olor a puerto, agua de rosas, jabón de tocador. Al reverso iba la rúbrica del amigo extasiado con la nieve amortiguando la noche del veinticuatro de diciembre, noche donde la madre dormía en La Habana luego de bendecir al hijo pródigo en la larga distancia del teléfono.

Aquellas postales fueron designadas al decorado de nuestra oficina. París y Philadelphia implantaron los rostros desconocidos, banderas de un futuro incierto como la nieve amontonada en las postales a color.

Creímos que la isla era la cándida madre dispuesta a lamer las llagas. Fuimos criaturas reduciéndose a perder lo poco de valor conservado durante largos años de permanencia junto a la familia, propiciada lealtad para no correr hacia las primeras quimeras que ya se vislumbraban.
Tiempo después, la madre a la puerta alzaba la mano en la isla y decía vuelve con ese manojo de billetes del que tanto hablamos e iza mi sueño desesperado, inconcluso, ven a calmar la fiebre de este juego perdido a la espera del otoño.

Nuevas postales llegan a la isla, donde la madre clama por abordar la nueva patria del hijo, despojar la miseria de la mesa, el perdón de estos años de querer algo más que fanáticas pompas al verde olivo y a esa palabrería con que bordaron tantas bocas. Palabras inútiles perforando las canciones de la tropa diezmada, jóvenes de pelo largo y botas deambulando por las calles en busca de helados y sexo o, si acaso, un poco de compasión por tanta ruina.

Montreal, 2006

biografia:

Ihosvany Hernández González
nació en febrero de 1974, en la Ciudad de la Habana, Cuba. Durante un tiempo escribió libretos radiales para la emisora nacional Radio Progreso, a la vez que estudiaba licenciatura en Historia, en la Universidad de la Habana, e impartía clases de Historia en una Secundaria Básica.
Comenzó a escribir poemas seducido por los clásicos [Federico García Lorca], luego se dio a la narrativa seducido también por los clásicos [Mario Vargas Llosa].
En el verano del 2004 emigró a Canadá, desde entonces reside en la ciudad de Montreal, en donde estudia en McGill University.
En agosto del 2005 obtuvo el segundo premio en el evento literario convocado por la Universidad de Toronto, Tendiendo Puentes, con el cuento \'Salón Sahara\', [http://home.oise.utoronto.ca/~lared/Ganadores.htm], y que aparece en la antología bilingüe editada en el 2006: Ruptures, continuities and re-Learning, The political participation of Latin Americans in Canada [http://www.wier.ca/~%20daniel_schugurensky/ruptures.html].
En septiembre del 2006 resultó finalista del II Premio Internacional de Poesía, \'Desiderio Macías Silva\', convocado por ediciones Azafrán y Cinabrio, de México, con el poemario \'Días despavoridos como Ciervos\' http://www.ayc.com.mx/listafin06.htm

ihosvany74@hotmail.com

 

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