s
s
s
s
s
s

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Delfina Acosta
Nacionalidad:
Paraguay
E-mail:
Biografia
MI REINO

Mi reino es de los astros misteriosos,
del fuego que susurra en el ocaso.
Se me figura milagrosa tela
el cielo con su azul iluminado.
Conmigo no es el hombre sino el ngel.
Su sombra se hace mies en mi costado.
l busca de mi luz el santo norte
como la brisa cuando es mi rebao.
Mi reino es de las olas de la mar
que nunca al pensamiento dan descanso,
de las estrellas fijas en los ojos
pues son criaturas de un querer muy manso.
Si llueve es porque lluevo lentamente
y si amanece es porque ya me aclaro.
Cuando anochece y no aparece el cielo
el viento de mi reino est callado.


POESA

Slo tu voz es dulce, poesa,
porque por ella he sido yo narrada.
Con tierna obstinacin tus ojos pones
donde clav, vencida, mi mirada.
Ya te mandaron a morir, mas t
como una flor del campo te levantas.
La hoguera preparada para ti
en tus lozanos ptalos se lava.
Porque eres mustia entre las bestias todas,
gorrin de invierno, yo te siento hermana.
Vestimos un amor desesperado,
que nos desnuda el pecho y las espaldas.
Debajo de borrascas vas y vienes
como una cabellera de palabras.
Y enferma caes de capullos nuevos,
de aroma fresco y pena enamorada.

EL VERDADERO MUNDO

Recuerdo el viento eterno de otras tardes.

Tocando castauelas prodigiosas
le daba larga cuerda a mi niez.
Yo le pasaba alegre mis cabellos,
mi falda, y l, jugando, se los daba
al perro que ladraba tras de m.
Correr, rer, morir de golpe sobre
el liso pasto, la colina aquella,
el verdadero mundo a la intemperie,
en donde el sol echaba mil monedas.
Despus, de flores sucia todava,
volver a la casona mansamente.
Mi voz qued colgada de las ramas.
Mis ojos se vaciaron en garas.
Tambin perd mi nombre. Nada! Nadie!
Soy yo sin la niez de mi alegra.

ESTATUA EN LA PLAZA VERDE

Te esperara. Yo sera, amado,
la primera en llegar hasta la va,
y la ltima en volver, con un paraguas,
de la estacin del tren que te traera.
Ir hasta el mar como la lluvia, a veces,
y pasar del mar a la otra cita,
en el muelle del puerto, frente al ro.
Ser la gris silueta que tirita.
Inmensamente sola como novia
saldr a buscarte y volver tarda.
Del balcn a la plaza partir.
Ser una estatua de melancola.
Y a la hora puntual de nuestras muertes,
si llegara primera a nuestra cita,
te estar ya aguardando para darte
mi amor en una blanca margarita.

DIENTES

Estrella que es error, yo soy los dientes,
y solamente dientes, no la boca
que yerra, miente, injuria, a Dios calumnia,
y cuando su spid guarda queda roja.
Ay, pobre bocas, lenguas enredadas
con las malas palabras que hablan solas.
Yo soy los dientes que castaetean
cuando filosos muerden a las rocas.
Las bocas son carmn que en la intemperie
pierden su fuego; en su lugar, las rosas
en las muy fras noches, de sus frentes
dejan caer sobre el amor sus gotas.
Soy como Hefesto, dios que cojo y feo,
pelea doy, mas llama que se llora,
no s qu frase mgica invocara
para una vez besarte oscura boca.

EL BESO

Voy a contarte un cuento que otras saben.
Las menos como t jams supieron.
Era un juego de a dos pues se enfrentaban
un rey hermoso y una reina a besos.
Y rase que ella alegre se mora
como ltima tecla en caba beso.
Y l riendo tomaba con su boca
un poco de su lengua y de su aliento.
Pas el verano bajo el puente chino,
sopl el otoo y garu el invierno,
volvi la primavera y se march
detrs de un par de nios aquel juego.
Y rase esa mujer que an lo amaba,
y mora de pena, pero en serio.
Y rase la tristeza en el ciprs
la hora en que llova en ese reino.

HADES

La primera seal: te salen lgrimas,
y escribes, sin querer, mejores versos.
Se apagan los faroles de la cuadra,
pero tus ojos brillan ms atentos.
Y hay dos seales: si con l te cruzas
es como si te diste vuelta a verlo.
La cerrazn que cae sobre tu alma
te lleva a presumir que ya es invierno.
Si habr escuchado historias en mi vida:
rase una que baj al infierno
donde perdi a su amante. Y hubo un nima
por siempre enamorada de un espectro.
Y hay ms relatos. Y ste es muy contado:
Dir que al bosque ir por un momento.
Te besar como quien va por ms
cerillas. Nunca volvers a verlo.

DESOLADA

a Gabriela Mistral

Antes de echar mi cuerpo al ebrio ro,
muy ebria ya, entr por las abiertas
puertas del templo; o a una rata huir.
El atrio era una vieja madriguera.
Y le dije a mi Dios, en cualquier parte,
que pecar, no pequ, y ni siquiera...
Un relmpago atroz ilumin
las pocas velas y tron la iglesia.
No supe qu decir, mas las palabras
fluan de mis lgrimas, sinceras.
Los santos parecan escucharme
con esa educacin de gente vieja.
Y por si ah estaba, a Dios le dije,
que amar, am. Mis huesos di a las fieras.
Jesucristo en la cruz ola a herrumbre.
El ro me aguardaba entre las piedras.
[ Del libro Querido mo: ]

ESTALACTTICO

Y cmo cuesta no ponerme triste
en esta tarde abierta al viento norte,
no replegar mis alas y sumirme
en las suaves olas de mi lecho.
Entonces, ya acostada, hacer memoria
de algn afortunado parpadeo,
mi calculada prohibicin, mi airosa
tristeza alimentada con argento.
Y cmo cuesta no volver el rostro
en direccin al fresco de violetas,
y preguntarme en dnde he malogrado
los ltimos temblores de mi sangre.
Hubiera sido justo que en la hora
exacta del hechizo, cuando terso
an tena el rostro t amabas,
me hubiera vuelto yeso en la intemperie.

ARGUCIAS FEMENINAS

An me queda un nmero en los guantes:
un hijo de ojos grandes, plasma clido
y ombligo medicado con yoduro
que parir en un marco de anestesia.
Su llanto habr de ser tu media vuelta
despus de haber dispuesto que te vas,
que ya te fuiste, y por aquel gemido
dars de nuevo con mis senos firmes.
A donde vayas llevars su olor
y la visin compleja de su feria:
canarios de aluminio y marionetas
ahogndose en baera soleada.
Imprevisible giro de coraje.
Ranura de tableta violentada
en pos del comprimido veintiuno.
Un trago de agua sella mi carcter.

ELECTRA DUDA

Acaso esa mujer - creo haberla visto siempre -,
que me mira al modo mo
desde aquel inmenso espejo,
que viste mi traje azul
y lleva este pauelo
de color dndole vueltas
en olas a los hombros
- pareca ms contenta hace un instante -,
no soy yo.
Es posible dudar de los espejos?
Qu de la calptrica y sus leyes?
Qu de las imgenes sensatas?
Aos que llevo mirndome en sus rostros,
dudando seriamente de su fidelidad.
Anteayer el busto de Ifigenia, hija de Agamenn,
rey de Micenas y de Argos,
esta maana Juana, abanderada y resuelta,
Virginia Woolf a la tarde, aterida de mar,
amamantando crustceos.
Ahora, quin se atrever a decirme
que esa mujer de enfrente
y sentada frente al espejo,
soy yo, setenta veces yo,
sin mirarse antes en l ?

MARGINAMIENTO

En fin, me pasa por andar de plida
y por mi mala educacin de hablar
de sangre soterrada y trino obscuro
con gente tan decente y sonrosada.
[ Si lo correcto exige ponderar
el mximo centgrado del da
y disponer la voz a ms asombros
previstos en tertulias de mujeres ]
Me pasa por llevar a donde vaya
un extravo antiguo de relojes
y por dejar caer del gesto mo
fosilizados dientes de jazmines.
Los hombres ya se cuidan de mi lengua.
- Que tiene el virus -, corre la seal;
- y es improbable expectorar con suerte
el cmulo de lquenes del pecho.

RESOLUTA MARTA LYNCH

Qu te traes lucirnaga ?
Qu te traes que embistes
mis espejos, sin pausa ?
No es de ti ciertamente esta torpe acrobacia;
yo te s destinada para un rumbo ms hbil
sobre un verde espacioso en la margen del ro;
mas,
si acaso decides
dando giros mortales
perecer ante tanta resistencia dorada,
mira qu desconcierto:
Una luz virtuosa anhelando la sombra !
[Del libro Todas las voces, mujer...]

RESEA BIOGRFICA DE DELFINA ACOSTA

Asuncin, Paraguay, 1956.
Su infancia y su adolescencia pertenecen a su patria chica, el pueblo de Villeta, donde curs estudios primarios y secundarios.
Su primer poemario Todas las voces, mujer... obtuvo el Primer Premio 'Amigos del Arte'. En relacin con este libro cabe mencionar que el mismo figura entre las mil obras ms visitadas de la Biblioteca Virtual de Cervantes de Espaa.
Integr durante mucho tiempo el Taller de Poesa 'Manuel Ortiz Guerrero' dando a conocer algunas obras en publicaciones colectivas del mencionado Taller.
Public el poemario La cruz del colibr, que lleva prlogo de la poetisa Gladys Carmagnola.
Reuni sus cuentos que obtuvieron premios y menciones en concursos literarios en el libro El viaje.
Su obra Romancero de mi pueblo mereci el segundo premio 'Federico Garca Lorca'.

Dio a conocer un poemario llamado Versos esenciales, dedicado a honrar la memoria del gran poeta chileno Pablo Neruda; dicho poemario obtuvo el Premio Pen Club del Paraguay.

Su ltimo libro, que edit Portal de Poesa, lleva el nombre de Querido mo:, y ha ganado el premio 'Roque Gaona 2004'.
Sus obras [ cuentos y poesas ] estn incluidas dentro de numerosas antologas nacionales y extranjeras.
Es columnista del diario ABC Color; hace comentarios literarios sobre las publicaciones de los poetas y narradores paraguayos y extranjeros, en el Suplemento Cultural del mismo diario.

delfina@abc.com.py

 

Desarrollado por: Asesorias Web
s
s
s
s
s
s