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Lidia Parada de Brown
Nacionalidad:
Bolivia
E-mail:
Biografia
QUIN FUERA COMO EL RBOL

La cada paulatina de las hojas
con su belleza triste,
es lo que tiene enferma el alma.

Quin fuera como el rbol!
Que se mantiene inmvil, quieto y en reposo
por todo el tiempo fro;
y despus con muchos bros
vuelve a la vida con sus ropas nuevas.

Qu diferente a la existencia humana!
Si pudiramos dormir por una temporada
como el rbol que se sacude de lo viejo en el otoo
y en la primavera retoan sus ramas,
su tallo sonre y extiende sus hojas
que sirven de sombra al pobre viajero,
que por los caminos anda sediento
buscando el alivio de un rbol frondoso
que de a intemperie lo cubra.

Nosotros, la humanidad toda
tenemos terror a la muerte,
todos la pintan de negro enlutada
y de una risa macabra.
Pero la del rbol es bella,
agoniza cambiando colores.

Los rboles viejos se tien
de un violeta encendido
y como en los funerales
las coronas que cuelgan
adornando el fretro.

Los rboles jvenes
se visten de rosa en la punta,
colorado en el medio
y en la parte baja un amarillo triste
que contrasta con todos los astros,
que desde el espacio
admiran la hermosa agona,
de la gran arboleda que el otoo
se lleva sin batalla alguna.

Quin fuera como el rbol!
que muere tranquilo
y despus retoa a la vida
con renovados bros.

Si nosotros pudiramos volver,
con la experiencia adquirida
no tendramos fracasos.

Quiz por eso nuestro viaje es eterno,
porque el rbol es mudo
y mientras reposa
y se mantiene callado,
ni siquiera el viento lo mueve.
En cambio si l hombre volviera,
la muerte perdera el encanto
de su insondable misterio;
porque el humano divulga muy fcil
todo el cmulo de verdades
que en sus vivencias descubre.

LA RAZA

El mismo aire que respiro
tambin es el que alimenta
los pulmones del negro,
del amarillo y del blanco.

La sangre que corre por las venas
del ser humano,
la que da la vida
y mantiene la existencia, siempre es roja.

El sufrimiento del dolor,
la emocin del amor;
y el sentimiento de pesar
vibran en el alma con igual sabor.

Es el mismo corazn que gira
en caras de tipo diferente,
en cabezas negras, rubias o castaas
y en cerebros de fina moldedura.

Por qu entonces se agolpan
en los sentimientos de algunos,
esa discriminacin malvada
que al mundo lleva a la pelea?

El color de la piel
no cambia la forma del corazn,
el rasgado de los ojos
no vara el esqueleto humano.

La boca grande y los dientes blancos
no se notan en el organismo,
porque no alteran la circulacin
ni de la respiracin el mecanismo.

El rostro duro del indio americano
no tiene riones de estao,
ni tampoco los prncipes riones de oro;
todos los tenemos de la misma clase.

Y finalmente, los blancos, negros,
chinos, orientales y latinos,
vamos al mismo sitio; al de la muerte
que en un polvillo insignificante nos convierte.

Y esta es la verdad de todo,
que si reflexionamos
nos lleva a querernos como hermanos,
a unirnos como estn los huesos en el cuerpo,
con la conciencia de que Dios nos cre
sin diferencias.

LA CAMPESINA

Con tristeza sin lgrimas
llora la pobre campesina,
su mirada acongojada
se clava en el infinito cielo
de sus das sin destino.

El silencio de la pampa
recoge sus suspiros
que se quedan en el resuello cansado
de su trabajo mal remunerado.

Las palmas de sus manos
han perdido las lneas de la suerte,
y slo se ven los surcos bien profundos
de sus ambicione muertas.

En cada falange de sus dedos,
un callo endurecido es la muestra
de su adverso camino
y va abrindose campo entre las espinas.

Su poncho lleva el olor penetrante
de la criatura desnutrida
que ella por tradicin
carga en sus espaldas.

Esos son los nios que no toman vitaminas,
que la leche, poco consistente,
de una madre mal alimentada
es la que les da la vida.

Pero la madre campesina
lo carga en sus pulmones;
parece que viviera del calor
que ella le pasa en su alimento.

Mientras prepara el puchero,
en nene juega con sus trenzas
hasta que se duerme arrullado
por el trabajo duro
que dentro y fuera de la choza
labora diariamente.

Y all en las llanuras
lo lleva en sus cuadriles
y con una humilde camisita
amarrada a la cintura,
lo deja a la ventura
del viento y sol de la selva.

Se desborda en alegras
en los das en que se adora al santo
o en el feriado que le da un descanso.

Pobre campesina, que no sabes llorar con lgrimas,
pero s con la mirada acongojada
que se pierde en el infinito cielo
de tus das sin destino!

EL VINO

El vino es el rey de los licores,
que suavemente adormece.
Con sus efectos el alma renace
y el cuerpo se estremece.

Sus burbujas despiden
fragancia de amores aejos
y el cristal en que se sirve,
es el espejo de los recuerdos
que placenteros se elevan
como mariposas en el aire.

El vino es la esencia de la vida,
el despertador de cosas dormidas,
levanta el espritu
hacia mundos desconocidos
por caminos de aromas y de flores.

Tiene el color de la sangre
y a veces el de las lgrimas,
por eso el sacerdote en la misa
lo bebe, semejando a la que Cristo
derram en el calvario.

FILOSOFA

El no ser ricos
nos priva de las pieles,
de las perlas y diamantes
que con dinero se pueden comprar.

Pero a cambio de eso,
tenemos la sensibilidad
para admirar la belleza;
somos capaces de adentrarnos
en la esencia de las cosas
y tratamos sin desmayos
de comprender el alma humana.

Nos asociamos al dolor del que sufre,
aunque sea con palabras de aliento
llenamos el bolso vaco del hambriento.
Y en las adversidades del tiempo
ah estamos con bondad y cario
para brindar de la mano
ayuda sin lmites que el corazn derrama.

El pobre lleva los diamantes
en la mirada que el brillo
del sol alimenta;
en el corazn que canta a la maana,
a la naturaleza entera
y a la armona grandiosa
entre mundo, pan y hombre.

No luce en la solapa
un broche de oro y brillante,
pero el plpito que de su alma brota,
refleja cristales de sencillez innata
que sostiene un pendiente
de l humano.

Qu importan las perlas y joyas
si en su alma vive
un mundo feliz
de diamantes risueos,
que despiden aromas
de sentimiento puro.

El rico deja sus bienes
para que pleiteen los que tienen,
en cambio el pobre se va llevando muy dentro
el reino de Dios y la gloria.

LAS MANOS

Las manos son
como las rosas,
que agarran y tocan
las cosas bellas.
Por eso, Dios mo!
no me quites las manos.

Cuando un hombre
le palpa la mano
a una mujer,
es la primera caricia
de su amor.

Los deliciosos manjares,
los postres ms exquisitos,
el tejido delicado
de un andut
se elaboran con las manos.

Si toman el lpiz
escriben un poema feliz;
si el pincel, un paisaje
de dorados trigales,
o la cada de manantiales
de la montaa.

El lenguaje de los
sordo-mudos,
tiene su abecedario
en las manos.

El obrero labra la tierra,
planta la semilla,
corta la lea
para el fogn.

La esposa limpia la casa,
cuida a su nio,
cultiva las flores,
cosecha las vias
con las manos.

Por eso, Dios mo!
con fervor te lo pido
no me quites las mas!

A LA MADRE

En sus entraas nos formamos
y nos nutre con su sangre,
y despus al arrullarnos en su seno
nos alimenta con su leche.

Desde su vientre hasta la muerte
cuida de nosotros:
si es la roca, no quiere que nos dae
su dureza,
si es el mar, cuida que la ola
no nos trague en su furor,
si es el bosque, celosa nos protege
de las ramas espinosas,
de las fieras y de la serpiente silenciosa.

Y en el mundo, nos advierte
de la infamia y la mentira,
del amigo traicionero
de las crceles impas
que cobijan al vicioso y al ladrn.

Si ella es cultivada nos transmite
su saber,
si es ignorante nos halaga
con su canto,
pero ambas nos sealan
el camino de las rosas,
perfumado con sus desvelos y su llanto.

Ambas sienten por el hijo
ese amor que es la esencia
de todos los amores.

En la desgracia es ms grande todava
y en la felicidad,
sonriente se separa,
cuando se siente innecesaria.

Tanto la instruida como la ignorante,
nos guan con el sentimiento
y la intuicin.
Porque la mujer que tiene un hijo
Ya no es duea de su propio corazn.

HOJAS DE OTOO

Las hojas parecan flores
por sus diversos colores,
pero sin el aroma
de sus hermosos ptalos.

Slo con el ruido del viento
que, as de bellas, se
las lleva sin control.

Al pasar por debajo
del pollern anaranjado
del rbol de mi casa,
una hojita me cay
en la cabeza.

La tom con cuidado
y pareca que lloraba
su agona.

Tena un tono subido en el contorno
y en el centro un rosado de crepsculo,
como cuando el sol se entra
mezclado con las nubes
blanquecinas de la tarde.

Cog otras que ya reposaban
solas sobre el pasto;
algunas amarillas de oro brillante,
otras de un verduzco plido,
del verano ido.

Al caminar sobre ellas,
escuch el chasquido
de hojas secas, de hojas muertas
que me estremeci el alma.

Y al mirar las que caan
silenciosamente bellas,
sent tristeza
por las pobres hojas,
que al ser despojadas
de su rbol madre
se sepultan en los lodazales
de algn camino;
sin que nadie, siquiera
un Padre Nuestro les rece.

Medit un momento
en el soldado desconocido,
en el hurfano desgraciado
y en la vida del humano
que tambin as se va,
con rezos y responsos
sin sepultura o con ella,
termina en la nada,
exactamente igual
que las hojas de otoo.

A BOLIVAR

Bolvar y su espada
se fundieron
en una sola inquietud
en sus ansias de libertad.

Desde la sabana venezolana,
su caballo recorri sin parar
esas benditas tierras de Dios,
oprimidas por la Espaa colonial.

Llevaba el valoren lo hondo de sus sueos,
el herosmo en su prestancia,
y en su sangre bulla
la protesta en un adis a la esclavitud.

El cndor con sus alas
traspone las montaas,
Bolvar con su brazo
Rompe al punto las cadenas.
Va sembrando en sus pisadas
el grano de la independencia,
regado con las aguas del ocano
y encasquillado con el oro y la plata
de sus ricas entraas.

Al final de sus hazaas
encontr nevadas eternas,
valles floridos, olorosos y fecundos,
selva virgen, rica en maderas y gomales.

Y all en la cspide de los Andes
se fund Bolivia mirando al Ocano,
con el blanco de sus cerros
contemplando el cielo y el corazn
en su lago y en su mar.

Oh Bolvar!, tu recuerdo est
en el cactus del Altiplano,
en las verdosas aguas del Titicaca,
en las barcas de totora del indio.

En las blancas paredes coloniales de Sucre;
mudos testigos del sacrificio de sus hijos
por respirar un aire libre,
el aire de la libertad.

En la oscuridad enfermiza
de las minas,
alumbrada por los pulmones
del trabajador minero.

En la frondosidad de la selva
enmaraada y bella del Beni,
en el cauce del turbulento Mamor
y en el trinar armonioso de los pajarillos.

Oh Bolvar!, tambin ests
en el dulce acento
de las aves de mil colores
del Oriente boliviano.

Pero ms profunda vive tu memoria
en la playa martima que nos legaste,
porque ya no escuchas el ronco murmullo
de la olas al quebrarse en sus orillas.

Ya perdimos nuestro puerto
en una guerra injusta,
quedndonos enclaustrados
entre los cerros nevados.

Oh Bolvar!, te pedimos
una y mil veces perdn
por no haber seguido
tu herosmo y tu noble ambicin.

La riqueza se ha perdido,
el clamor de la pobreza
ya es un canto conocido
en la vida de estos pueblos.

Ese nuevo mundo que naci
derramando oro, plata,
estao y minerales,
est ahora postrado
en un eterno letargo.

Oh! Bolvar, bendito sea
tu nacimiento, por siempre,
te lo dice con el alma
quien orgullosa se siente
de tenerte por libertador
y padre de mi pas, Bolivia.

TE BUSCO

Al despertar te busco
a mi lado
y no te encuentro.

Mis manos quieren acariciarte
y el vaco de tu ausencia
me deja inmvil.

Te busco en las nubes
y a veces en el viento
y no te encuentro.

Te quiero ver en las tinieblas
de la inmensa noche
y tu sombra fugitiva se me escapa.

Te busco en el calor hogareo
de mi alcoba,
y ya no ests.

Te busco en los acordes de una msica
queriendo or en sus notas
tu voz.

Pero la meloda
se va diluyendo en el espacio
en un eco triste de nostalgia.

Y finalmente te busco en el deambular
de las almas ya idas
y es ah cuando me pierdo en la nada.

CURRICULUM LITERARIO
Lidia Parada de Brown


Naci en Trinidad, Departamento del Beni, Bolivia, el 16 de agosto de 1922.
Sus estudios de bachillerato los efectu en su tierra natal.
Egres de la Seccin de Filosofa y Letras de la Escuela Nacional de Maestros de Sucre en 1944.
En 1948 fue Secretaria de Actas de la Primera Asociacin de Periodistas del Beni, organizada por el periodista Carlos Loaiza Beltrn.
Cuenta con varios postgrados. En 1971 obtuvo el Masterado en Literatura Hispanoamericana otorgado por la Universidad 'George Washington'.
Posee amplia experiencia profesional con 21 aos en Bolivia y 20 en Estados Unidos.
Desde sus tiempos de estudiante demostr su inclinacin literaria y en Sucre gan un concurso con su leyenda 'EL GUAJOJ'.
En 1979, en Washington, ensea castellano y escribe su primer libro de cuentos: 'Pasajes Nocturnos' al que siguieron:
1988 'Recuerdos' Poemario
1989 'Veintids y un Juez'.
1991 'Un cuarto de Siglo' Novela autobiogrfica.
1993 'Noche de lucirnagas' Novela infantil.
1995 'Los annimos' Novela social dedicada a los nios de la calle.
1997 'Horas preferidas' Poemario.
2001 'Vivencias por Mara' Cuentos.
2001 'El problema del indio en la sensibilidad ltica de la escritora mexicana Rosario Castellanos'. Tesis para obtener el masterado en 1971.
2002 'Mis memorias'
2003 'Peregrinacin potica' Continuacin de sus memorias.
2004 'Sinfona amaznica e intimidades'.
Ha participado en Convenciones, Congresos, Ferias, Coloquios nacionales e internacionales. Es declamadora.
Ha recibido distinciones por su aporte a la Educacin, la Cultura y las Letras.
En 1992 recibi la Condecoracin Gran Orden Boliviana de la Educacin Grado de Comendador
Ministerio de Educacin del Gobierno de Bolivia.
En 2002 la Oficina de la UNESCO en Bolivia, la declar 'Poeta Asociado de la UNESCO por una Cultura de Paz'.
2006 Es miembro del Movimiento Internacional Poetas del Mundo, con sede en Santiago de Chile.
2006 Fue invitada a participar en el Segundo Encuentro Internacional de Poesa Octubre: Tras las Huellas del poeta en las ciudades de Santiago, Valparaso, Isla Negra, Melipilla y Rancagua [Chile] del 12 al 17 de Octubre 2006, organizado por Poetas del Mundo.
2006 Fue invitada participar en el XIV Encuentro Internacional Mujeres Poetas en el Pas de las Nubes, a realizarse en Mxico del 7 al 14 de noviembre de 2006.

 

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